A propósito del Cónclave

El 2 de marzo, Hollywood dio a conocer los nombres de las películas, artistas, directores y guiones que ganaron los premios Oscar de 2025. En este sentido, una de las películas que más interés despertó es El Cónclave que fue nominada para nueve diferentes Oscar. También ha sido taquillera. Hasta la fecha, ha generado más de US$100 millones en entradas. Aunque su guion está basado en un escrito de ficción, este cine nos brinda una idea de cómo la Iglesia católica escoge a los santos padres.

Curiosamente, esta película coincide con el crepúsculo del papado de Jorge Mario Bergoglio, cuyo nombre papal es Francisco 1ro. Su papado ha sido histórico.  Él ha sido el primer papa nacido en el hemisferio occidental, el primer latinoamericano, el primer jesuita, y el primero en escoger Francisco como su nombre papal. 

La avanzada edad y salud delicada del papa Francisco —al igual que  la película— me motivaron a ofrecerles una reseña sobre la historia del Vaticano destacando hitos en la elección de sus pontifex máximos (latín para constructores máximos de puentes). Este título lo ostentaban los sumos sacerdotes paganos de Roma en era pre-cristiana y es un reconocimiento de que para los católicos el papa es el representante de Cristo en la tierra.

A continuación, comparto con ustedes la historia de los cónclaves y cómo funcionan.

Hace aproximadamente dos mil años, Jesús Cristo se hizo rodear de una docena de discípulos, la mayoría de ellos personas humildes de Galilea. Uno de los doce, un pescador llamado Simón bar-Jona (hijo de Jonás), se destacó como una suerte de “primero entre pares” de los apóstoles. En el Evangelio según San Mateo (capítulo 16 versículos 15-18) un día Jesús le preguntó a Simón “y vosotros ¿quién decís que soy yo?”  Y Simón le contestó: “Tu eres el Cristo” (o el ungido), el Hijo del Dios viviente”. Entonces le respondió Jesús: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino que mi Padre que está en los cielos. Y yo, por mi parte, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Fue así que Jesús escogió al primer papa. Desde ese entonces, la Iglesia ha sido liderada por un total de 266 papas, incluyendo al actual sumo pontífice, el papa Francisco.

Desde 1276, los santos padres han sido nombrados por cónclaves, una suerte de encerrona en donde los cardenales, los “príncipes de la Iglesia”, eligen al próximo vicario de Cristo en la Tierra. Las reglas para la escogencia de los papas han evolucionado con el tiempo, y el proceso no siempre ha sido fácil. Por ejemplo, a veces la Iglesia ha tenido dos papas simultáneamente. Y ha habido votaciones complejas que resultaron en encerronas largas para escoger quien ocuparía la “silla de San Pedro”. También ha habido algunos papas que no eran, digamos, escogencias buenas. Esto ocurrió principalmente en la época del medievo y el renacimiento.

En el pasado, las potencias europeas se disputaban quiénes deberían de ser electos papas y presionaron a los cardenales reunidos en Cónclave para favorecer a sus candidatos preferidos. La última vez que esto ocurrió fue en 1903 cuando el entonces emperador Habsburgo, Franz Josef de Austria-Hungría, se opuso a la candidatura del cardenal que más respaldo tenía en el Cónclave. El emperador ejerció este veto basándose en jus exclusivae, una antigua figura legal que reconocía el poder de veto de los emperadores. Como consecuencia, fue electo papa Pío Décimo quien pasó a la historia como uno de los papas más queridos del catolicismo y fue canonizado. Paradójicamente, este mismo papa fue el que formalmente abolió la intervención seglar en los cónclaves. Basado en este precedente, cuando Francisco Franco era Caudillo de España y quiso imponer su candidato al papado, su intento fue rechazado.

Hoy en día, aquellos cardenales que no han cumplido los ochenta años pueden participar en la elección del papa. Estos incluyen a monseñor Leopoldo Brenes, el cardenal arzobispo de Managua. La edad de monseñor Brenes es 76 años. O sea que todavía podrá participar en la elección del próximo sumo pontífice, siempre y cuando el Cónclave ocurra a mediano plazo.

Aunque se limita el número de cardenales que puedan votar en un Cónclave a 120, esta regla no está “escrita en piedra,” y este número se ha excedido ligeramente en los dos cónclaves más recientes.  El voto es secreto, y para salir electo papa, el ganador tiene que haber obtenido el voto de al menos las dos terceras partes del Colegio Cardenalicio. Hasta que se haya alcanzado este porcentaje, los cardenales siguen votando.

La votación ocurre en el Vaticano, en la Capilla Sixtina y aquellos cardenales que no viven en Roma tienen que viajar al Vaticano para participar en el Cónclave. 

En los siglos más recientes, la mayoría de los papas han sido de origen italiano. Pero esta costumbre cambió con la elección del papa Ratzinger, Benedicto XVI, quien era de origen alemán. El actual sumo pontífice, el papa Bergoglio, Francisco I, nació en la Argentina. Pero sus padres eran inmigrantes italianos.

De cara al próximo Cónclave, los medios se dedicarán a especular sobre quién será nombrado papa. En los Estados Unidos, este proceso ya ha comenzado. En algunos diarios se especula que, debido a su edad y salud delicada, el papa Francisco podrá renunciar, a como lo hizo su predecesor, el papa Benedicto. También están identificando quiénes podrían ser los candidatos “más viables” para remplazarlo. Por ejemplo, algunos insinúan que el próximo papa podría ser el cardenal José Fuerte Advíncula, el arzobispo de Manila. Esto porque nunca ha habido un sumo pontífice del Lejano Oriente, y la escogencia de alguien de esos lares demostraría que la Iglesia realmente actúa conforme a lo que significa su “apellido” —católica— que literalmente es derivado de una palabra griega que significa universal o mundial. ¡Veremos qué pasa!     

El autor fue canciller de Nicaragua y estudió por ocho años en colegios jesuitas.

Opinión
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