Hay que recordar que, durante su primera administración, Donald Trump implementó una serie de acciones dirigidas a Nicaragua, Venezuela y Cuba FOTO: LA PRENSA/AP

Hay que recordar que, durante su primera administración, Donald Trump implementó una serie de acciones dirigidas a Nicaragua, Venezuela y Cuba FOTO: LA PRENSA/AP

A un mes de su mandato: ¿Trump decepciona en la lucha contra la dictadura de Ortega en Nicaragua?

Analistas opinan sobre las primeras acciones del presidente Donald Trump, y qué se puede esperar para Nicaragua y la dictadura de los Ortega-Murillo. Además, opinan del acercamiento a Moscú, las diferencias de trato con Venezuela y Cuba, y qué debería de hacer la oposición en el exilio.

Richard Grenell, enviado especial a Venezuela del presidente Donald Trump, no dejó lugar a dudas sobre parte de la nueva postura de Washington respecto a las dictaduras del continente. El mandatario estadounidense no tiene como objetivo impulsar cambios en dichos regímenes. Al menos, de momento.

Esta declaración se enmarca en un contexto de análisis sobre la política exterior estadounidense hacia el país sudamericano, destacando una postura que, según el enviado, se aleja de intervenciones directas para alterar las dictaduras vigentes.

Esta postura revela un enfoque más pragmático y menos confrontacional en las relaciones con Venezuela. Lo mismo podría extrapolarse al caso de Nicaragua, donde parte de la oposición en el exilio veía con esperanza la llegada al poder de Trump.

Las palabras de Grenell y varias posturas y acciones por parte del presidente Donald Trump, en su primer mes de mandato, no dejaron indiferente a opositores exiliados en el país norteamericano.

Acercamiento a Moscú

El opositor Félix Maradiaga, ante la postura que puede tomar la administración Trump, considera que la oposición debe adoptar una estrategia que trascienda las dinámicas de la política interna de terceros países, en este caso, Estados Unidos.

“Nuestra responsabilidad es seguir tocando puertas y manteniendo una incidencia constante para que el tema de Nicaragua no sea desplazado. No podemos depender únicamente de una administración en particular, sino que debemos construir alianzas y mantener el tema en la discusión pública con independencia de los cambios políticos en Washington y otras capitales. Aunque es prematuro hacer un juicio definitivo sobre la política de la nueva administración estadounidense hacia Nicaragua, es fundamental que la diáspora y los defensores de la democracia continúen ejerciendo presión para que el tema siga siendo prioritario”, dijo a LA PRENSA.

En los últimos días, Donald Trump ha intensificado su acercamiento a Vladímir Putin, marcando un giro significativo en la política exterior estadounidense. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha sostenido al menos una llamada telefónica de 90 minutos con Putin el 12 de febrero de 2025, en la que ambos acordaron iniciar negociaciones inmediatas para poner fin a la guerra en Ucrania.

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Este contacto, confirmado tanto por Trump como por el Kremlin, refleja un deseo mutuo de restablecer la comunicación entre las dos potencias tras años de tensiones.

Maradiaga resaltó que, aunque no se debe depender solo de Estados Unidos, el respaldo de este país es crucial para presionar al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Además, especificó que es necesario involucrar a otros gobiernos, organismos multilaterales, la sociedad civil y la comunidad internacional en su conjunto.

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“Es innegable que el futuro de la democracia en Nicaragua está ligado a la capacidad de las democracias occidentales de contener el avance de actores autoritarios como China, Rusia e Irán. Estos regímenes no solo respaldan a Ortega, Maduro y Díaz-Canel, sino que también exportan modelos de control social, financiamiento opaco y desinformación que fortalecen a las dictaduras en nuestra región. En ese sentido, un clima internacional favorable a Putin y sus aliados representa un obstáculo adicional para las aspiraciones democráticas en Nicaragua y en el mundo”.

Esperar las políticas

El sociólogo y economista Óscar René Vargas sostiene que, de momento, es prematuro sacar conclusiones sobre cuál será la postura de Estados Unidos ante la dictadura de Daniel Ortega. Explica que, por ahora, la prioridad del gobierno de Trump es resolver el conflicto en Ucrania. Además, señala que hay otros temas de mayor importancia para la nueva administración, como la situación en Oriente Medio.

En relación con la postura de Trump respecto a Moscú, el sociólogo interpreta que Washington ve el conflicto en Ucrania como una causa perdida y que Estados Unidos no quiere asumir el costo de una derrota. “Trump no coquetea con Putin, sino que hace un balance con su equipo y concluye que la guerra en Ucrania está perdida”.

Sobre la posición que podría tomar Estados Unidos con respecto a las dictaduras en la región, Vargas opina que la postura no será uniforme y que variará según cada caso y las relaciones que estos países mantengan con Washington.

“En relación con Nicaragua, Cuba y Venezuela, hay que analizarlos de manera distinta. Con Venezuela hay un interés estratégico relacionado con el petróleo, lo que significa que Maduro tiene algo que ofrecer a cambio, mientras que Cuba y Nicaragua no. Por lo tanto, la relación que Trump mantiene con Venezuela no implica que la replicará con Ortega. No creo que haya prisa; más bien, están estudiando no solo Nicaragua, sino toda la región centroamericana y caribeña, y esto implica que están en el proceso de establecer una estrategia”.

Cabe recordar que, durante su primera administración, Donald Trump implementó una serie de acciones dirigidas a Nicaragua, Venezuela y Cuba. En el caso de Nicaragua, su gobierno impuso sanciones económicas a funcionarios clave y entidades vinculadas al régimen de Daniel Ortega, buscando presionar por reformas democráticas y el cese de la represión contra manifestantes.

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Respecto a Venezuela, Trump intensificó las sanciones económicas, especialmente contra el sector petrolero y el Banco Central, con el objetivo de debilitar el régimen de Nicolás Maduro y promover un cambio de liderazgo. En relación con Cuba, revirtió las políticas de apertura de la administración anterior, restringiendo viajes y remesas, y activó el Título III de la Ley Helms-Burton, permitiendo demandas contra empresas que operan en propiedades confiscadas tras la revolución cubana.

Finalmente, de cara a los próximos cuatro años de mandato del republicano, Vargas aconseja que primero se analice cómo se van desarrollando las estrategias del gobierno de Trump en relación con Rusia y China y sus repercusiones en cada región, como el canal de Panamá y la migración en México.

Nicaragua no es prioridad

LA PRENSA consultó a un analista en el exilio sobre las relaciones de Ortega con Estados Unidos. Esta persona, que pidió el anonimato por temor a represalias, aseguró que, con el nuevo gobierno estadounidense, Nicaragua está lejos de ser una prioridad.

“Ortega ya incorporó en su narrativa la actitud positiva de Trump de buscar construir un nuevo escenario internacional de cooperación y entendimiento con Rusia y China. Desde luego, está dispuesto a sumarse para que lo dejen en paz. La amenaza de Claver-Carone de que en diciembre suspenderán el Cafta es solo un incentivo para que Ortega esté dispuesto a negociar. Esto es parte de la estrategia de amenazar para luego abrir la negociación, que es su principal interés”.

Este especialista hace referencia a declaraciones realizadas en un medio estadounidense por Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Estados Unidos para América Latina, donde afirmó que EE.UU. avanzaría en acuerdos con los países del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica para suspender a Nicaragua.

Para los analistas, la tarea de la oposición en los próximos cuatro años será demostrar que el régimen de Ortega-Murillo representa una amenaza para los intereses de Estados Unidos en la región. Además, deben comprender que la nueva postura de Trump consiste en no involucrarse en conflictos internacionales.

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“En la cosmovisión transaccional de esta administración, estamos aún más lejos que con la anterior. Nicaragua no figura entre las prioridades y los recursos disponibles son limitados. A Trump no le interesa derrocar dictaduras, solo entenderse con ellas. Es parte de su filosofía: no se involucra en problemas ajenos y, si no afectan sus intereses, su conducta interna no es relevante”, concluyó.

La postura de la administración de Donald Trump hacia Nicaragua, Venezuela y Cuba aún es incierta y está marcada por un enfoque pragmático y transaccional que prioriza sus propios intereses estratégicos. Su reciente acercamiento a Rusia y la falta de una estrategia clara hacia las dictaduras de la región generan dudas sobre el futuro de estas relaciones. Así, tanto la oposición como la comunidad internacional esperan a ver cómo evoluciona la política exterior estadounidense y qué impacto tendrá en la lucha por la democracia en estos países.

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