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¿Cuándo podremos volver a casa?

El gobierno no solo ha arruinado la democracia del país, sino que ahora destruye la vida individual de los cuidadanos que lo componen

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Recuerdo aquel 1974 cuando regresé a Nicaragua después de mi primer año en Ligas Menores. No lo olvido jamás porque era volver a casa, ver a mi familia, platicar con mis amigos, recorrer las calles de mi barrio en Granada, comer la comida pinolera y poder abrazar otra vez a mi “flaca”, Luz Marina, quien ahora es mi esposa. Y a medida que pasaba el tiempo y desarrollaba con éxito mi carrera en Estados Unidos siempre tenía el mismo sentimiento: pisar la tierra de lagos y volcanes era retornar a mi hogar.

Sin embargo, a pesar de que tenía estabilidad política, económica y financiera en Estados Unidos y me encantaba estar aquí, no era lo mismo. Muchos me entenderán. Y ahora me parece aberrante, abominable… he tratado de encontrar otra palabra para leerme más diplomático, pero creo que no la hay porque lo que están viviendo los nicaragüenses que pretenden volver a su casa y se encuentran con la noticia que no los dejan entrar es terrible, prácticamente los están desterrando, y tal vez muchos tendrán capacidad económica para sobrevivir fuera del país, pero la mayoría no. Además, ¿qué hay de sus padres, hijos, amigos, parientes? El gobierno te arranca una parte de tu vida y pasó de arruinar la democracia de una nación a destruir las vidas individuales de los ciudadanos que la componen.

¿En qué momento el ser nicaragüense pasó a convertirse en decisión de una familia? Considero que las personas que toman estas decisiones muestran que la sangre pinolera no corre por sus venas, se desnaturalizaron, porque un nicaragüense es aquel que ayuda al prójimo, que a pesar de los problemas económicos siempre comparte un plato de comida o te sirve café con pan, el nicaragüense recibe a los demás incluso sin conocerlos debido a que somos incluyentes y ‘confianzudos’. Un verdadero nicaragüense no secuestra a su gente ni a su país.

Se viven tiempos difíciles y es ahí donde siempre debemos estar unidos. Creo que se puede sacar un gran aprendizaje de toda esta tragedia, pero sobre todo remar hacia el mismo objetivo, por eso no deberían existir divisiones en la diáspora, debido a que la meta de todos es la misma y el primer paso debe ser acercarnos para que juntos seamos un volcán, peleando por los derechos de nuestro pueblo.

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