Antonio Rugama pudo comunicarse con su esposa, Francisca Raquel Dávila, al día siguiente de ser capturado

Nicaragüense capturado en redadas de inmigración había sido deportado dos veces

La familia pide a las autoridades de Nicaragua que les faciliten pasaportes porque han decidido regresarse y no pueden asumir los costos de dichos documentos

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Esta semana se viralizó un video conmovedor que muestra a una niña de 12 años gritando desconsolada al ver a agentes de inmigración de Estados Unidos sacando de una vivienda a un hombre esposado y llevándolo en una camioneta negra.

“Mi papá, mi papá, mi papá”, se escucha en el doloroso llanto de la menor, que implora sin respuesta a unos agentes que lucen chalecos antibalas. La triste escena fue grabada por una cámara de seguridad en Little Rock, Arkansas, y forma parte de las redadas y operativos en todo el país llevados a cabo por funcionarios de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), en cumplimiento de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump de “capturar y deportar a criminales e indocumentados”.

La identidad del hombre detenido es Antonio Rugama Cano, un nicaragüense de 38 años originario de La Trinidad, Estelí, quien en marzo de 2022 cruzó la frontera de forma irregular con su esposa, su hija y una sobrina. Luego de una breve estadía en Los Ángeles, California, la humilde familia decidió establecerse en Little Rock.

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“La niña lloró de esa manera y todos nos asustamos, porque creímos que se trataba de un secuestro de alguna banda criminal, ya que los agentes no traían identificación”, comenta Pedro Pablo, hermano de Antonio, con quien comparte la renta de la vivienda. “Ya todos estamos más tranquilos, porque nos llamó. Lo tienen en Luisiana, en un centro de detención de inmigrantes. Le harán una audiencia en la corte de inmigración donde decidirán si lo deportan”, agregó.

Cuando el domingo, en su día de descanso, Antonio Rugama fue sacado de la vivienda, su familia imaginó algo peor. Les costó procesar que aquellos hombres eran agentes de inmigración que se lo llevaban por estar indocumentado.

Había dos razones fuertes para pensar en otro asunto. Primero, porque hace dos años fue asesinado uno de sus hermanos en este país, cuyo crimen nunca fue esclarecido, y pensaron que la historia se repetía. La segunda razón es que Rugama Cano estaba confiado porque cumplía con todas las citas que le programaban en ICE, aunque había sido deportado en dos ocasiones anteriormente.

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“En las oficinas de ICE sabían dónde vivía y hasta le habían autorizado trabajar. Cumplía con todas las citas. No faltó a ninguna. Mi hermano no tiene antecedentes criminales. Es honesto y trabajador”, afirma.

Antonio fue deportado en 2010 y 2015. Por eso, cuando entró por última vez, le pusieron un grillete para mantenerlo localizado. Incluso, el día que fue capturado, se estaba preparando para ir a una cita con ICE. Su hermano cuenta que estaba muy entusiasmado porque finalmente había conseguido un trabajo estable en la pintura, logró pagar varias deudas y estrenaba vehículo.

Si lo deportan, la familia se regresa

Antonio Rugama pudo comunicarse con su esposa, Francisca Raquel Dávila, al día siguiente de ser capturado para informarle que le harían una audiencia en la Corte de Inmigración en Luisiana, en la que firmará para una deportación inmediata, ya que no quiere esperar un proceso largo como en 2010, cuando pasó ocho meses en un centro de detención de inmigrantes irregulares antes de ser expulsado del país.

Además de la niña de 12 años que gritaba desconsolada por su padre, Antonio y Raquel tienen una bebé recién nacida. Todos planean regresar a Nicaragua, porque en Estados Unidos se les hará difícil cubrir los gastos, ya que solo en el alquiler de la casa pagaban 1,500 dólares mensuales.

“Nos regresamos todos, ya tomamos esa decisión”, dice Raquel. “Pero estamos sin pasaportes y aquí nos cobran 800 dólares por cada uno, dinero que no tenemos. Le pido a las autoridades del Gobierno de Nicaragua que nos ayuden con eso, porque no sé qué hacer”, manifiesta.

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Antonio Rugama trabajaba de albañil en Nicaragua. Viajó a Estados Unidos junto con su familia en busca de un mejor futuro y de nuevas oportunidades económicas.

Con Rugama Cano, son dos los casos conocidos de nicaragüenses que han caído en las redadas. El otro es un caso distinto: se trata de una persona arrestada en el condado de Broward, Florida, por cargos de asalto agravado con arma mortal, portación ilegal de arma, disparar en público y conducir con licencia suspendida.

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