El Papa Francisco celebra la Santa Misa en la Jornada Mundial de la Juventud en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 24 de noviembre de 2024. EFE/EPA/FABIO FRUSTACI

Del “cepillo” a la “chifleta”: así ha sido la evolución del conflicto de los Ortega Murillo contra el papa

La dictadura sandinista pasó de mandar saludos y elogios al papa Francisco de 2013 a 2018, a la hostilidad contra el Vaticano y representantes de la Iglesia católica de Nicaragua.

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Desde el inicio del pontificado del papa Francisco en 2013, Nicaragua parecía mantener relaciones cordiales con el Vaticano.

Hubo un tiempo en que la vocera de la dictadura sandinista, Rosario Murillo, mandaba saludos cordiales al papa Francisco en las fechas de su onomástico: cada 23 de abril, día de San Jorge, le prodigaba elogios y deseos de buenaventura.

Y lo mismo hizo cada 13 de marzo, durante seis años seguidos, en el aniversario de papado del argentino Jorge Bergoglio al trono de San Pedro en 2013. Siempre con el mismo tono zalamero, palabrerío meloso.

Durante este período, el régimen sandinista realizó invitaciones públicas al papa para visitar Nicaragua y envió emisarios especiales, incluyendo obispos afines a la dictadura, destacando su interés en fortalecer los lazos con el Vaticano.

Sin embargo, el panorama dio un giro drástico a partir de 2018.

El 18 de abril de ese año nacieron las protestas sociales y con ellas las masacres, los horrores de policías y paramilitares matando estudiantes, quemando familias enteras, disparando contra marchas y barricadas para terminar bailando sobre los cadáveres o sobre las tumbas de las víctimas.

Aun en 2018, 2019, 2020 y 2021, Murillo siguió endilgando piropos y elogios al papa, citando sus mensajes, retorciendo sus cartas pastorales y acomodándolos a la narrativa sandinista que pregonaba un “fallido golpe de Estado”.

Ya para entonces el tono de Murillo hacia Francisco era otro, más frío, más calculador.

“A esa fecha ya había pasado de cepillarlo (adularlo) a tratar de convencerlo”, recuerda el periodista Emiliano Chamorro, exiliado y exeditor de la sección Religión y Fe del Diario LA PRENSA.

Chamorro recuerda que este cambio en el tono y contenido de los mensajes de reclamos sutiles de Murillo al papa reflejó la antesala de una escalada de tensiones sin precedentes entre un Estado y la Santa Sede, que derivó en declaraciones explosivas, expulsiones diplomáticas y una creciente represión religiosa “nunca vista en la historia contemporánea en América Latina”.

Para Chamorro, este enfrentamiento entre el régimen de Daniel Ortega y la Iglesia católica no es solo un conflicto diplomático, sino “un choque inédito y brutal” entre un régimen autoritario y los valores morales de una institución “que ha sido testigo y mediadora en los momentos más oscuros de la historia nicaragüense”.

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papa Francisco
La dictadura de Ortega y Murillo no dejaba pasar ocasión para lisonjear al papa Francisco e invitarlo a visitar Nicaragua. El papa no ha aceptado hasta el momento. EFE/ Ettore Ferrari

2013-2018: aquellos años de cordialidad y exaltación papal

Durante los primeros años del pontificado de Francisco, la narrativa de Rosario Murillo hacia el papa fue notablemente afectuosa y florida.

Murillo enviaba saludos en fechas clave como el aniversario de su pontificado, la festividad de San Jorge, su onomástico y hasta en las Navidades.

Chamorro recuerda que en 2018, Murillo describió a Francisco como “el papa Nuestroamericano” y agradeció “su cercanía con el pueblo de Nicaragua”, destacando sus llamados a la paz y sus mensajes de esperanza para todo el mundo.

En marzo de 2018, en el quinto aniversario de su elección y antes del estallido de abril, Murillo expresó: “Saludamos al Santo Padre, el papa Francisco, un pastor magnífico que defiende a los excluidos y promueve la paz”.

Incluso un mes después de iniciada la matanza, en mayo del 2028, Murillo destacó mensajes del papa sobre las noticias falsas y la necesidad de vivir el cristianismo auténtico, citándolo como ejemplo para la sociedad nicaragüense.

“Las noticias falsas revelan presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce en último análisis la falsedad”, dice Francisco en la Jornada de Oración por las Comunicaciones Sociales.

“Cómo nos alerta el Santo Padre sobre este fenómeno de las noticias falsas, cómo nos dice, cómo nos advierte que tenemos que trabajar todos juntos para que la difusión de esas noticias falsas no nos llene el corazón de tóxicos que se conviertan después en decisiones inadecuadas, impropias y sobre todo que generan mucha alteración en las sociedades y pueden resultar, dice el mismo, en extender el peligro de la arrogancia y el odio”, interpretó, a su manera, Murillo.

A final de aquel año, el papa llamó a la paz, al diálogo y al entendimiento en Nicaragua.

Al año siguiente, Murillo lo volvió a felicitar en su aniversario y en su fecha de onomástico. “Hoy, día de San Jorge, saludamos al Santo Padre, quien siempre pide iluminación para nuestro pueblo”, declaró Murillo el 23 de abril de 2019.

“Parece que en su mente Murillo esperaba que el papa se pusiera al lado de ellos, de la dictadura. Quizás esperaba que el papa le diera la razón. Incluso, Murillo mandó mensajes directos y emisarios a Roma a cabildear, incluyendo al nuncio”, recuerda Chamorro.

“Pensaban que podían convencer al papa de que ellos eran víctimas de un golpe”, recuerda Chamorro, en alusión a la estrategia de Ortega y Murillo para mantener la cordialidad con el Vaticano mientras silenciaban críticas internas.

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papa Francisco
Monseñor Báez en audiencia pasada en Roma con el papa Francisco. LA PRENSA/ARCHIVO

2019-2021: cordialidad prudente y tensa

Aunque la tensión aumentaba, Ortega y Murillo continuaron enviando notas de felicitación al papa, pese a que este ya había expresado mensajes de cercanía con Nicaragua y con las víctimas de la represión, pero en un tono conciliador y prudente.

Aun en marzo de 2021, la dictadura saludó el octavo aniversario de su pontificado con elogios a su “infatigable labor misionera” y sus esfuerzos por la justicia social.

“Felicitamos sus años de lucha por los pobres, los sufrientes y los discriminados”, declaró Murillo en una carta oficial enviada al Vaticano.

Sin embargo, el carácter afectuoso de los mensajes disminuyó, reflejando un distanciamiento paulatino ante la sostenida posición del papa por llamar al diálogo, pese a que Ortega para entonces ya había declarado la guerra a la Iglesia católica y cancelado toda puerta de negociación con la oposición.

2022: inicio de la cacería masiva y la ruptura diplomática

La abogada e investigadora independiente Martha Patricia Molina comenzó a darle seguimiento al papel de la Iglesia católica y el clero en la crisis desde 2018 y a las reacciones de la dictadura hacia los líderes religiosos.

Ella anotó cada discurso de odio del oficialismo, los ataques, acusaciones y las primeras y paulatinas reacciones represivas directas contra los sacerdotes, monjas y feligreses.

Molina recuerda que el deterioro alcanzó un nivel crítico en marzo de 2022, cuando el régimen expulsó al nuncio apostólico, monseñor Waldemar Sommertag, luego que este intercediera por los presos políticos y por evitar el cierre de LA PRENSA, la confiscación de empresas y el encarcelamiento de líderes sociales y religiosos.

Francisco expresó entonces su preocupación por el aumento de la represión en Nicaragua, pero Ortega y Murillo intensificaron su retórica antieclesiástica.

Murillo calificó a los líderes eclesiásticos como “hipócritas” y “falsos representantes de Dios”, mientras Ortega acusaba de “mafia” al Vaticano y arreciaba el cerco contra los sacerdotes, hasta concluir en agosto de ese año con el secuestro policial del obispo Rolando Álvarez.

Este acto marcó el fin de la diplomacia abierta entre el Vaticano y Managua y abrió las puertas a una represión contra el clero jamás vista en el continente.

ORTEGA Y BRENES
Hubo un tiempo en que el dictador Daniel Ortega tenía estrecha relación con la Iglesia católica y el nuncio Fortunatus Nwachukwu, además de acercarse al recién nombrado cardenal Leopoldo José Brenes, en el Aeropuerto Internacional de Managua, el 4 de marzo de 2014. LA PRENSA/Tomada de El 19 Digital

2023: de las críticas a los insultos contra el papa Francisco

El punto de inflexión se dio en marzo de 2023, cuando el papa Francisco calificó a Ortega de desequilibrado, a su régimen como una “dictadura guaranga” y comparó sus métodos con lo peor de las dictaduras de 1917 y de los nazis de Hitler de 1937.

Estas declaraciones, realizadas en una entrevista con Infobae el 10 de marzo, desataron la ira del régimen. Ortega respondió llamando «mafia» a los sacerdotes y sugiriendo que el Vaticano era “un Estado intervencionista al servicio de los imperialistas”.

Luego suspendió relaciones con el Vaticano y arreció la ola de arrestos, confiscaciones y aberraciones contra la Iglesia católica y sus instituciones.

La investigadora Martha Patricia Molina subraya que las palabras del papa fueron inéditas en el contexto de su pontificado: “Nunca antes el papa se había referido de manera tan dura a nadie”.

“Comparar a Ortega con Hitler y Mussolini resalta la magnitud de las atrocidades cometidas por la dictadura sandinista”, dice Molina.

Para ella, estas declaraciones de Francisco reflejan la profunda preocupación del Vaticano ante el estado de terror en Nicaragua, donde “la represión proporcionalmente es tan brutal como en los regímenes nazista y comunista que el papa Francisco mencionó”.

Molina lleva registro de las menciones del pontífice a la crisis de Nicaragua desde 2018: “El papa Francisco ha hablado sobre Nicaragua en 16 ocasiones desde abril de 2018, una frecuencia que no se ha observado en relación con ningún otro país, lo que evidencia su preocupación constante por lo que ocurre”.

Según la investigadora, el estado de terror impuesto por la dictadura ha llevado a que el Vaticano aumente la atención sobre Nicaragua y a causa de ello el papa se refiera más seguido a la crisis del país.

“Aunque desde fuera parece que hay silencio, el papa está muy bien informado; las religiosas y religiosos informan a sus superiores en otros países y estos al Vaticano, sobre las hostilidades que enfrentan. Esto mantiene al papa extremadamente informado sobre las agresiones, profanaciones y mensajes de odio que sufren los católicos”, dice Molina.

A raíz de aquel mensaje incisivo del papa a Ortega, las restricciones a las actividades religiosas se intensificaron, prohibiendo procesiones, hostigando los actos religiosos y espiando hasta las homilías con policías y fanáticos en los templos.

Mientras tanto, los encarcelamientos y destierros de clérigos aumentaron, incluyendo a obispos y destacados miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

Molina señaló que ningún otro gobierno de América Latina ha ofendido tanto al Vaticano en tan poco tiempo como lo han hecho Ortega y Murillo.

policias iglesia catolica
Esbirros policiales sandinistas han asediado las iglesias católicas de Nicaragua desde 2018, por órdenes de la dictadura Ortega Murillo. LA PRENSA/ARCHIVO

1983: el viejo rencor de Ortega contra el Vaticano

El enfrentamiento del régimen sandinista contra el Vaticano tiene raíces históricas.

En 1983, durante su primera visita a Nicaragua, el papa Juan Pablo II fue objeto de un irrespeto sin precedentes por parte de las turbas sandinistas que interrumpieron su misa con consignas políticas “y pidiendo la paz”.

Su Santidad reaccionó con firmeza, pidiendo silencio y condenando la instrumentalización de la religión con fines ideológicos. Este incidente marcó el inicio de una relación tensa que Ortega nunca olvidó.

En su segunda visita en 1996, ya con el país bajo un gobierno democrático, Juan Pablo II describió los años 80 como «una gran noche oscura», en alusión al periodo de represión y guerra civil vivido bajo la primera dictadura sandinista.

Daniel Ortega nunca perdonó estas palabras, alimentando un resentimiento que se ha manifestado en la hostilidad persistente hacia el Vaticano y sus representantes en Nicaragua.

Un mes después de las palabras hirientes del papa a Ortega, el dictador recordó aquel episodio de irrespeto al papa Juan Pablo II, pero lo hizo manipulando los hechos de entonces.

Según el mandatario, el papa se molestó por el grito “Queremos la paz” y porque las madres de sandinistas caídos en la guerra civil de esa década rogaron por una oración, pero no la recibieron.

“No la hizo (la oración), más bien se molestó y gritó: silencio, como un buen dictador, como un buen tirano”, lanzó Ortega.

El dictador, sin presentar pruebas, señaló que Juan Pablo II llegó en esa ocasión a Nicaragua “con la mentalidad totalmente alejada de la esencia de Cristo y del cristianismo, y venía manipulada por el gobierno de Ronald Reagan”.

Karol Wojtyla, nombre de pila de Juan Pablo II, estuvo en Nicaragua por primera vez en marzo de 1983, y en esa ocasión, además de exigir “silencio” a las masas sandinistas, amonestó públicamente al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, por mezclar la religión con la Revolución.

papa Juan Pablo II
El sandinismo utilizó la agitación política para sabotear el discurso del papa Juan Pablo II al grito de “queremos la paz”, en la primera visita de su santidad en 1983. En 1996, al volver a Nicaraua, el sumo pontífice recordó aquella época como «la noche oscura». LA PRENSA/ARCHIVO
(Foto de Archivo) Juan Pablo II primera visita a Nicaragua. 10 de Marzo de 1983. LA PRENSA

2024: solidaridad papal y represión creciente

Este año, el papa Francisco ha alzado su voz en tres ocasiones para condenar las atrocidades del régimen sandinista.

En enero, expresó desde la Plaza de San Pedro: “Sigo con preocupación la situación de Nicaragua. Oro por los obispos y sacerdotes encarcelados y por todo el pueblo que sufre”.

En este diciembre, a tono por el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolín, Francisco envió un mensaje de solidaridad al pueblo nicaragüense, denunciando la persecución religiosa y abogando por la paz y el diálogo.

“Estoy con ustedes”, declaró el papa en un gesto de apoyo que contrasta con la escalada de represión en Nicaragua, donde continúan los encarcelamientos y la confiscación de bienes eclesiásticos.

El temor ahora entre la comunidad católica, según Molina, es que la postura solidaria de Francisco con los católicos nicaragüenses aumente la brutalidad política de los sandinistas y lleve el conflicto a un terreno desconocido. Y peor.

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