Los pesebres son un legado de San Francisco de Asís.

A que no lo sabía… el origen de las más icónicas tradiciones navideñas 

“Santa Claus” sí existió, aunque no volaba en un trineo tirado por renos. Por otro lado, el árbol navideño que conocemos nació en el siglo XVI, pero la costumbre de poner luces en diciembre es más antigua que la propia Navidad.

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De Alemania para el mundo: el arbolito navideño

Antes del cristianismo, ya se consideraba que los árboles perennes eran fuente de vitalidad y pureza. Los antiguos egipcios, por ejemplo, celebraban durante el solsticio el triunfo de Ra, dios del Sol, sobre la enfermedad, “llenando sus casas con juncos y palmas para representar la victoria de la vida frente a la muerte”, destaca un reportaje de National Geographic. 

No obstante, el árbol navideño que conocemos hoy nació en Alemania en el siglo XVI como una representación del “árbol del paraíso”, tradición que se desarrollaba el 24 de diciembre, en recuerdo de Adán y Eva. Al inicio se colgaban obleas (galletitas finas que datan de la Edad Media y son signo cristiano de redención), pero con el tiempo estas fueron sustituidas por galletas de diversas formas.

En el mismo cuarto donde instalaban el árbol, los alemanes colocaban una “pirámide de Navidad”. Según National Geographic, esta consistía en una construcción triangular hecha de madera, con estantes en los que se ponían hojas, velas, figuras navideñas y una estrella. Cuando esos adornos fueron traslados al árbol, surgió el famoso ícono navideño. 

Hacia el siglo XVIII el árbol navideño ya era una tradición entre los alemanes luteranos. Fue su llegada a Inglaterra el suceso que lo volvió tendencia mundial; sobre todo cuando The Illustrated London News publicó, en 1848, una fotografía de la reina Victoria y el príncipe Alberto junto a su decorado árbol de pino.

El árbol navideño del Rockefeller Center, en Nueva York, es uno de los más famosos del mundo.

Lucecitas navideñas: todo un lujo 

Las lucecitas navideñas, imprescindibles en los hogares que disfrutan esta época del año, tienen sus primeros antecedentes en los antiguos festivales de luz, que se realizaban durante el solsticio de invierno, en diciembre. En esa temporada oscura, las luces de velas, antorchas y hogueras aportaban calor y eran un recuerdo de que la luz solar volvería en la primavera.

Con el surgimiento del cristianismo, la celebración de la Navidad (nacida en el año 354) coincidió con las festividades de solsticio y adoptó la tradición de las luces, que terminaron representando a Jesús, “la luz del mundo”. Más tarde, cuando el árbol de Navidad apareció en Alemania, se usaron velas para iluminarlo, pero era una decoración peligrosa por el riesgo de incendios. 

A finales del siglo XIX hubo un gran avance en la historia de las luces navideñas, con la invención de la bombilla eléctrica, presentada por el estadounidense Thomas Alva Edison en 1879. 

En 1882 Edward H. Johnson, socio de Edison, tuvo la brillante idea de decorar un árbol navideño utilizando 80 bombillas de colores conectadas a un generador. Al principio solo las familias pudientes se unieron a la nueva moda, pero con la llegada de la producción en masa las luces se volvieron asequibles para el resto de la población, popularizándose en Estados Unidos y alrededor del mundo. 

En el caso de las bolas rojas que se cuelgan del árbol, parece ser que sus precursoras fueron manzanas rojas de verdad, que contrastaban muy bien contra el verde de pinos y abetos y aludían a la historia de Adán y Eva. 

El pesebre de San Francisco 

La tradición del pesebre navideño tiene un origen puramente cristiano y se remonta a un evento histórico ocurrido en 1223 en Greccio, Italia. Se la debemos a San Francisco de Asís, quien organizó la primera representación viviente del nacimiento de Jesús, seleccionando a personas y animales de carne y hueso para recrear la escena de Belén. 

El santo tomó la iniciativa, inspirado por su experiencia en Tierra Santa y por su deseo de hacer palpable la llegada al mundo del niño Jesús. “Este acto fue un intento por mostrar la humildad y sencillez con la que Jesucristo vino al mundo, rodeado de animales, como un niño que nace en un pesebre, lejos de los lujos de la realeza, en un ambiente lleno de amor y devoción”, dice un artículo de Infobae. 

La armada de los pesebres se realiza cada año el 8 de diciembre, pues la tradición está estrechamente vinculada con la celebración de la Inmaculada Concepción de María. Esta fecha marca el inicio de las celebraciones navideñas. 

Los muñecos de nieve son elementos icónicos de la Navidad, incluso en países donde no nieva, como Nicaragua.

Muñecos de nieve 

Aunque en Nicaragua jamás ha nevado, al menos no en la historia reciente, en época navideña se ve por todos lados la icónica imagen del muñeco de nieve. Se cree que el helado monigote con brazos de ramas, nariz de zanahoria, bufanda y sombrero tiene su origen en la Edad Media. 

Según el diario El Universal, existen registros del año 1380 que hablan de un muñeco de nieve utilizado para “alejar a los duendes”, mientras que un manuscrito francés del siglo XIV menciona la elaboración de figuras de nieve como parte de los festejos de Año Nuevo, práctica que se extendió por toda Europa. Otros medios de comunicación subrayan la existencia de manuscritos incluso más viejos, algunos procedentes de China. 

Sin embargo, el muñeco de nieve que conocemos es mucho más reciente. A inicios del siglo XX los anuncios publicitarios comenzaron a utilizar figuras de nieve en forma de personas, con lo cual propusieron la forma como debía lucir un muñeco de nieve. Además, en la década de los cincuenta, la canción Frosty, the snowman (Frosty, el muñeco de nieve) fue un gran éxito en Estados Unidos, detonando la aparición masiva de esta figura invernal en jugueterías, desfiles y dibujos animados. 

San Nicolás inspiró el mito de Santa Claus.

Santa Claus o Papá Noel 

Puede no exista un señor barbudo, barrigón y mágico que entrega obsequios a los niños bien portados, pero el personaje que lo inspiró sí fue real. Nacido en el siglo IV, en la ciudad de Patara, de la actual Turquía, su nombre era Nicolás de Bari. Según la tradición cristiana, tras la muerte de sus padres, el joven Nicolás repartió su riqueza entre los pobres y viajó a la ciudad de Mira para dedicarse al sacerdocio. Ahí fue nombrado obispo y murió muchos años después, posiblemente el 6 de diciembre del año 345. 

En el siglo VI empezaron a construirse templos en su honor, pues fue nombrado santo patrono de Turquía, Rusia y Grecia, destaca el diario El Universal. En el siglo XII la devoción por San Nicolás se generalizó en Europa y en el siglo XVII los holandeses la llevaron a Estados Unidos, donde el santo se popularizaría con la imagen bonachona que conocemos. 

El Papá Noel o Santa Claus vestido de rojo, que remonta el cielo nocturno en su trineo tirado por renos nació en 1823, en el poema navideño Una visita de San Nicolás, del escritor Clement Moore. Ahí se mencionan ocho pequeños renos y los calcetines colgando de la chimenea mientras los niños esperan la llegada del santo con fama de repartidor de obsequios.  

La empresa Coca Cola hizo el resto. En 1931 la compañía encargó al caricaturista Thomas Nast la ilustración de un Papá Noel que tuviera una imagen más agradable para el público. Es decir, más comercial. Así nació el señor con cinturón y botas negras, vestido de rojo y blanco, colores que ya lo representaban desde siglos antes y que coincidieron con los de la embotelladora. 

El nombre Santa Claus proviene de Alemania, donde a San Nicolás se le llama “San Nikolaus”.

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