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En 1991 la Asamblea Anual del Banco Mundial y del Fondo Monetario se llevó a cabo en Tailandia. Yo asistí en mi capacidad de Director para Asuntos Externos del Banco. Pero lo que más recuerdo de ese viaje fue una visita que hice a Beijing, capital de la China, al concluir la reunión en Bangkok. Volé a Beijing en un jet privado que había contratado Michel Candessus, en ese entonces el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Él viajaba a Mongolia pero tuvo la fineza de darme ride a Beijing.
El objetivo de mi visita era reunirme con miembros del equipo económico chino para explicarles lo que era el Banco Mundial, cómo funcionaba y contestar preguntas que ellos pudiesen tener al respecto. Esto porque las autoridades chinas nos habían adelantado que estaban considerando ingresar al Banco Mundial y al FMI. La China había sido miembro fundador de ambas instituciones, pero esa China era el país que ahora conocemos como China/Taiwán, no la República Popular China. Y en 1991 Beijing había tomado la decisión de incorporarse a la arquitectura institucional mundial, despojando a China/Taiwán.
La China de hace treinta y tres años era muy diferente a la de ahora. Por su bajo ingreso per cápita, convulsiones internas, y política económica socialista, era un país subdesarrollado. Pero las cosas estaban cambiando. Deng Xiaoping había remplazado a Mao Zedong como secretario general del Partido Comunista y como jefe de Estado, y Deng había iniciado una agresiva apertura económica interna y al mundo externo.
Me impresionó enormemente la China y, sobre todo, su gente. Contrario a la Unión Soviética de ese entonces, que también visité, noté un ambiente mucho más abierto. Los técnicos del equipo económico estaban ávidos de empaparse en como funcionaban el Banco y el Fondo, pero también en discutir los pros y los contras del capitalismo y del socialismo. Y en las calles de Beijing vi muy pocos carros —la mayoría de la gente caminaba, andaban en buses o en bicicletas—, pero noté que no había miseria. En las calles abundaban ventas de alimentos, incluyendo frutas tropicales importadas, y la población se veía alegre, animada y abierta a extranjeros. Naturalmente, visité a la Gran Muralla de la China. ¡Algo espectacular! Pero lo que más recuerdo es encontrarme con un grupo de oficiales del ejército popular chino también “turisteando” como yo. Les pedí retratarme con ellos e inmediatamente aceptaron. Esto jamás hubiese sido posible en mi visita a Rusia.
Adelantando la película, durante las últimas décadas la China ha experimentado un impresionante crecimiento socioeconómico. Según Wikipedia, hoy la economía de China es la segunda más grande del mundo, superada sólo por la estadounidense. ¿Pero quién sabe? Aunque el ingreso per cápita chino es bastante más bajo que el norteamericano, en tamaño su economía va “tana que tana” con la norteamericana. Es más, hace unos años la publicación Perspectiva Económica Mundial del Fondo Monetario señaló que el producto interno bruto (PIB) chino había superado al estadounidense. Este dato estaba enterrado en un obscuro cuadro y pasó desapercibido por los medios. Y en recientes años, esta publicación ya no incluye ese cuadro. ¿Pura coincidencia o intencional? ¡Quién sabe! En todo caso, The World Almanac And Book of Facts, una publicación importante norteamericana, señala que la economía china supera en tamaño a la estadounidense, aunque el ingreso per cápita de Estados Unidos sigue siendo más alto que el chino.
Lo que el Fondo Monetario sí indica es que la economía china ya no es tan boyante como lo era ante. Por ejemplo, su crecimiento económico este año se estima en 4.9 por ciento, muy por debajo del 7.4 por ciento logrado en 2014. Por otro lado, durante la última década su desempleo ha subido de 2.5 por ciento a 5.3 por ciento y su déficit fiscal ha trepado: de 2.2 por ciento en 2014 a 4.4 por ciento este año. Su balance de cuenta corriente (el sumatorio de sus exportaciones, importaciones y flujo de capital) tampoco es tan robusto como antes. Ha disminuido de un superávit de 1.8 por ciento del PIB en 2014 a 0.7 por ciento este año. Y el valor de su moneda (el yuan) ha bajado casi 20 por ciento con relación al dólar estadounidense.
¿A qué se deben el empeoramiento de estas estadísticas? ¿Será, por ejemplo, al impacto del coronavirus que, no olvidemos, originó en la China, o a la maduración de su economía? Sólo el tiempo nos dará la respuesta. Pero lo que sí está claro es que hoy hay nubarrones en el horizonte económico chino.
El autor fue canciller de la República, embajador en Washington y director del Banco Mundial. Fue encarcelado y ahora está exilado en EE.UU.