El dictador Daniel Ortega intenta relajar las tensiones con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, casi tres meses después de la ruptura de relaciones diplomáticas y desde la cual la administración brasileña tomó una postura de denuncia ante las violaciones de los derechos humanos por parte del régimen Ortega-Murillo.
Durante su discurso el lunes 18 de noviembre en la XVII Cumbre Empresarial China-Latinoamérica, celebrada en Nicaragua, Ortega destacó «la trayectoria» de Lula da Silva desde su encarcelamiento y llegada al poder en Brasil, pero pidió respeto a la «soberanía» de Nicaragua y Venezuela.
«Cuando ya Lula empezó a buscar cómo ir a las elecciones, para ganar por la vía electoral, era la ruta que ellos podían asumir, yo le decía a Lula, ‘hay que asumirla, un camino, pero los militares, los militares en cualquier momento te dan el golpe, y no tenían mayoría en la Asamblea Nacional, le hacían ingobernable el trabajo, y después lanzaron acusaciones en contra de la dirigencia del Partido de los Trabajadores, en contra de Lula», dijo Ortega.

El discurso del dictador contrasta con los señalamientos que realizó el 26 de agosto, cuando llamó arrastrado a Lula y al presidente colombiano Gustavo Petro, por no reconocer los resultados electorales de los comicios en Venezuela del 28 de julio de este año.
«Es evidente que el discurso del régimen Ortega-Murillo, en el marco de esta cumbre internacional, tiene como objetivo desescalar la tensión con Brasil, y en menor medida con México», dijo el especialista en relaciones internacionales costarricense, Sergio Araya.
Según el especialista, Ortega, con este tipo de mensajes, busca aproximarse a Brasil, reanudar vínculos y restablecer algún nivel de aceptación.
«Aunque todavía cuenta con el respaldo de algunas potencias debido a intereses geoestratégicos, esta situación hace que el régimen sea más vulnerable. Para ganar aceptación en ciertos círculos de la comunidad internacional, el régimen se ve obligado a adoptar una posición subordinada y alinearse con las agendas geoestratégicas de esos actores», consideró Araya.

Ortega no midió la bofetada que le dio a Lula
La relación entre Ortega y Lula se fragmentó luego de que el dictador no le respondió una llamada telefónica en la que, a petición del papa Francisco, el mandatario brasileño intentaría mediar para la liberación del obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, quien permaneció bajo arresto entre agosto de 2022 y enero de 2024.
Esto se acentuó luego que la dictadura obligara al embajador brasileño, Breno Souza da Costa, a participar en la celebración del 19 de julio de este año. Debido a que el diplomático no participó, la dictadura lo expulsó, una medida que Brasil también adoptó en reciprocidad con la embajadora nicaragüense en territorio brasileño, Fulvia Castro Matus.
En el caso de Brasil fue evidente el cambio de postura del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a raíz de la ruptura de relaciones diplomáticas con Nicaragua. En la sesión del miércoles 13 de noviembre, del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Brasil llamó al régimen a respetar la libertad de pensamiento y poner fin a todo tipo de persecución religiosa.
«Creo que Ortega cometió un grave error al sobreestimar su posición y subestimar a Lula. Insultar de forma tan grosera a un dirigente de la izquierda latinoamericana, como lo fue Lula durante su primer mandato, fue un paso en falso», consideró Guillermo Belt, exasesor de la Organización de Estados Americanos (OEA).
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El 24 de octubre, con el veto de Brasil, Nicaragua y Venezuela quedaron fuera del Grupo de Naciones Asociadas, que a partir de ahora será el paso previo para ser miembro pleno de los Brics. La 16 Cumbre de los Brics se celebró en Kazán, Rusia, del 22 al 24 de octubre y contó con la asistencia de delegaciones de países de Asia, África, Medio Oriente y Latinoamérica, y del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres.

Vuelve a insistir en respeto a elecciones de Venezuela
Sin embargo, aunque Ortega elogió la trayectoria de Lula, también sugirió que no emita opinión sobre las elecciones venezolanas.
«Es como que en el barrio hay un pleito de vecinos y se llega a meter el otro vecino a querer poner el orden, no hay forma, los pleitos de familia los arregla la familia, sí, desde allí no hay forma», dijo Ortega, quien también pidió «respeto» para la situación de Nicaragua.
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«Y le deseamos suerte, le deseamos lo mejor a Lula, y al Partido de los Trabajadores, y en medida que les vaya bien a Lula y al Partido de los Trabajadores, les va a ir mejor a los empresarios, a los comerciantes, a los que están en actividad económica en Brasil», concluyó Ortega.
Al respecto, Belt cree que es probable que Ortega esté empezando a comprender el grave error que cometió al arremeter contra Lula.
«No puedo adivinar lo que pasa por su mente, pero estos tropiezos recientes sugieren que su estrategia está fallando», puntualizó.