Durante la sesión del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), este martes, Brasil se sumó a otros ocho países en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen de Nicaragua, en la que se abordó la situación en Nicaragua. Esta acción, según analistas, es «particular» debido a la diversidad de ideologías políticas entre los gobiernos firmantes de la declaración, incluyendo extremos como Argentina, bajo el mandato del derechista Javier Milei.
La declaración leída el martes 10 de septiembre por la delegación de Argentina ante el Consejo fue respaldada, además, por Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Paraguay y Perú. En ella se señala, entre otras cosas, que el poder judicial de Nicaragua está completamente bajo el control de la dictadura, se denuncia la persecución de voces críticas y el destierro de excarcelados políticos.
«Esos países se sienten sumamente incómodos al defender lo que ya no tiene justificación. Por eso, esto va más allá de la posición ideológica», consideró el exdiplomático y exasesor de la Organización de Estados Americanos (OEA), Guillermo Belt.

Lea también: Daniel Ortega: “Te estás arrastrando, Lula”
Según los analistas consultados, esta medida responde a que las acciones de la dictadura Ortega-Murillo no son justificables desde ningún punto de vista ideológico, especialmente después de que el Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la ONU señalara a la pareja de dictadores, Daniel Ortega y Rosario Murillo, como los principales responsables de la comisión de crímenes de lesa humanidad en Nicaragua.
«Esto revela que las relaciones entre Ortega y Lula ya estaban desgastadas desde hace mucho tiempo, pese a que Brasil intentó hacer un puente para una eventual mediación», dijo un analista consultado que prefirió omitir su nombre.

Régimen se aísla de sus antiguos socios
En el caso de Colombia y Brasil, la decisión de denunciar a la dictadura orteguista se da luego que el dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, arremetiera el pasado 26 de agosto contra los mandatarios de ambos países, Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva, llamando a este último «arrastrado», luego de expulsar al embajador brasileño en Managua por no asistir al acto del 19 de julio.
Lea también: ¿Tensiones entre Petro y Ortega podrían afectar las negociaciones tras el fallo de La Haya?
«Veo a la dictadura de Nicaragua perdiendo cada vez más terreno en el campo internacional, con un desprestigio total, aunque es lamentable que este desprestigio no tenga ningún efecto en la dictadura. Se tiene que salir de los lamentos y de las súplicas», dijo Belt, señalando que antes de los «intercambios» verbales con Ortega, tanto Colombia como Brasil preferían no tener una postura.
El 26 de agosto, Ortega confirmó que rechazó una llamada de Lula da Silva, quien quería comunicarse con él para darle un mensaje del papa Francisco, tras su encuentro con el pontífice en Roma en junio pasado. De esta forma, el dictador de Nicaragua, al menos públicamente, puso fin a su amistad con Lula da Silva, misma que comenzó desde la década de 1980.
Lea también: Daniel Ortega ya no vería a Lula como un potencial aliado
“No necesitamos intermediarios nosotros, ni le pedimos a Lula que fuera intermediario, entonces no le respondimos a Lula, entonces se molestó”, dijo Ortega.
Lula decidió no pagar el costo del silencio
A consideración de los analistas consultados, Lula da Silva pudo tomar la decisión de denunciar a Ortega ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y romper el silencio para limpiar su imagen.
«Esto también revela que Lula no está dispuesto a pagar consecuencias por su silencio ante regímenes como el de Nicaragua y Venezuela, porque la ultraderecha y opositores de Lula aprovechaban para atacarlo políticamente a nivel interno, difundiendo la idea de que es amigo de dictadores», señaló un analista que prefirió hablar bajo anonimato.
Por su parte, Belt consideró que «el presidente brasileño ve en la necesidad de rescatar su figura como un mandatario que valora los derechos humanos, aunque no le ha ido muy bien en ese campo».

Además, Belt consideró que Lula da Silva aún evita hacer declaraciones contundentes contra el dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, y que, por esta razón, «le resulta más fácil» limpiar su imagen criticando a Ortega.
«Hay críticas al presidente Lula por sus declaraciones que evita llamar como dictadura a Venezuela. Está pagando los platos rotos el dictador de Nicaragua, porque Lula, para mejorar un poco su imagen, es relativamente fácil sumarse a las críticas de un grupo de países americanos que hacen con toda razón al régimen Ortega Murillo», explica.