Según ha informado LA PRENSA, desde el marte 8 de octubre está funcionando en Nicaragua, propiamente en Managua, un cajero automático para tarjetas del sistema de pago ruso Mir, que en el idioma ruso significa mundo o paz, según el contexto.
El régimen sandinista viene hablando desde hace algún tiempo de la desdolarización de la economía de Nicaragua, o sea independizarla del dólar de Estados Unidos (EE. UU.), que en realidad es parte de un proyecto internacional promovido por Rusia. De manera que la introducción de la tarjeta de dinero plástico rusa Mir se podría ver como un paso inicial en esa dirección.
Se trata de un paso muy corto, pues según la información la tarjeta Mir por ahora solo es para retirar dinero y el funcionario ruso que habló sobre el tema no aclaró qué dinero se puede obtener en ese cajero automático, córdoba, dólar o rublo.
El Banco Central de la Federación de Rusia estableció el Mir —a mediados de 2017— como un sistema nacional e internacional de pagos que incluye tarjetas de crédito y débito, así como cobro electrónico. La decisión fue para prevenir y reducir el efecto de las sanciones económicas internacionales impuestas a Rusia por su guerra de agresión contra Ucrania.
La tarjeta Mir fue impuesta en los países vasallos de Rusia, como Abjasia y Osetia, pero también fue acogida voluntariamente por aliados incondicionales del imperio ruso como Bielorrusia, Cuba y Venezuela (y ahora también por Nicaragua), y por otros países que participan del proyecto de poner fin a la hegemonía internacional del dólar estadounidense.
Como informa LA PRENSA, hasta ahora son muy pocos países los que han acogido la tarjeta Mir, y algunos solo parcialmente, pero podrían aumentar en la medida en que vaya avanzando el proyecto ruso-chino de quitarle la hegemonía económica y financiera global a Estados Unidos (EE. UU.).
Raúl Ornelas, investigador económico y profesor mexicano del Posgrado de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Paris X Nanterre, explica en un ensayo titulado La hegemonía mundial y su disputa, que la hegemonía mundial es un fenómeno multidimensional. La hegemonía —indica— “identifica tres dimensiones principales de disputa: 1. la dotación de recursos y la competencia económica; 2. las relaciones políticas y militares; y 3. el conjunto de relaciones culturales.
Es obvio que en esa ecuación es clave la hegemonía financiera. De modo que desplazar al dólar de su rol predominante en la economía y las finanzas mundiales es primordial para las grandes potencias no democráticas que aspiran a lograr la hegemonía global, o sea lo que ellas llaman un nuevo mundo multipolar.
Dice la prestigiosa revista británica The Economist que “el fenómeno de la desdolarización es un proceso que preocupa a los inversionistas, que genera incertidumbre y, por lo tanto, ha afectado a todas las divisas del mundo, sin embargo, no es un suceso que pueda darse de la noche a la mañana, sino un acontecimiento gradual, que va a tomar muchos años”.
No podría ser de otra manera, pero por supuesto que se dará más rápidamente si EE. UU. y el Occidente democrático siguen cediendo terreno a las potencias autocráticas del planeta.