El intento de maquillar a Humberto Ortega como un supuesto actor político legítimo, basado en una visión de cohabitación y siguiendo la conveniente estrategia de impunidad, es una maniobra perversa. Este sujeto, tras haber sido doblegado por la misma dictadura que ayudó a consolidar, es ahora presentado como una pieza clave en la historia, pero el objetivo es claro: seguir controlando el pasado, presente y futuro y hacer borrón y cuenta nueva con la memoria del pueblo. Todo esto para imponer nuevamente a la organización terrorista y criminal denominada FSLN. Lo que presenciamos es una traición a las víctimas y a todos los nicaragüenses que han luchado por liberarse de las cadenas de sangre y oscuridad del sandinismo.
Humberto Ortega, artífice del aparato represivo que ha sometido al país a décadas de terror, no puede ser presentado como alguien que «contribuyó a la lucha por la democracia y la libertad”. Es un genocida, un criminal de guerra y de lesa humanidad que ha causado luto, dolor y división. Rehabilitar su imagen es pretender que la sangre derramada no tiene valor; es negarle a las víctimas su derecho a la verdad y la justicia. Este es el mismo discurso que el sandinismo ha utilizado durante años: victimizarse, vender una narrativa de paz mientras aniquila cualquier disidencia, y ahora, intentar renovar su rostro para perpetuar su dominio sobre el país.
El mensaje es claro: Nicaragua no le pertenece a Humberto Ortega ni a su familia, no le pertenece a Daniel Ortega ni a Rosario Murillo, no le pertenece al sandinismo de ayer ni al de hoy, ni de ningún otro color. Este país es de los nicaragüenses que desean un futuro sin manipulación ni mentiras, de los jóvenes que dieron sus vidas a lo largo de la historia y recientemente en abril de 2018 por decir “¡basta!”. La lucha de abril no fue una revuelta de odio, sino el grito desesperado de un pueblo harto de la corrupción, la manipulación y la violencia desatada por el régimen. Fue la reivindicación de la dignidad nacional frente a un sistema que se perpetúa a través del engaño y la represión.
A pesar de la frustración de aquellos que aún no entienden que el socialismo no tiene cabida en Nicaragua, intentan revivir la pesadilla de un sandinismo “renovado”. Como joven, les digo: de la mano del pueblo, vamos a defender la verdad y la memoria hasta el final.
La comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, deben comprender que la amenaza a la democracia y la estabilidad no es la demanda de justicia de un pueblo herido y fracturado, sino la permanencia de una élite criminal que intenta regenerarse bajo nuevos discursos. Respaldar a quienes buscan restaurar al sandinismo en cualquier forma es darle la espalda a la lucha por la libertad en Nicaragua, les puedo asegurar que aquellos que pareciera que respaldan serán un posible enemigo futuro de la libertad.
Quienes tildan esta denuncia como un “discurso de odio” no hacen más que repetir la retórica de Rosario Murillo, quien, en abril de 2018, calificó de “minúsculos”, “vampiros” llenos de “odio” y “venganza” a una juventud que exigía su derecho a un país diferente. Ese sí es un discurso de odio, proveniente de un régimen que no dudó en asesinar y perseguir a quienes pensaban distinto y que hoy, a su disidencia, les parece el discurso estratégico “correcto”. Hoy, el pueblo nicaragüense sigue exigiendo justicia, no venganza; memoria, no olvido; libertad, no opresión.
El intento de lavar la imagen de Humberto Ortega es un insulto para todos aquellos que han perdido a sus seres queridos, para los que siguen en el exilio y para quienes aún están presos. No se puede hablar de paz mientras se reivindica a un criminal de guerra.
Los jóvenes nicaragüenses y la ciudadanía que han luchado por la verdad y la justicia no permitirán que se venda una mentira como solución para el país. La historia ya ha sido tergiversada demasiadas veces, y esta vez, el pueblo está decidido a no dejar que lo vuelvan a hacer. Nicaragua es de los nicaragüenses. El sandinismo, bajo cualquier rostro, no tiene cabida en el futuro que la juventud demanda y construirá con dignidad, justicia y libertad.
El autor es líder juvenil y estudiantil nicaragüense. Defensor de Derechos Civiles y Políticos. Vocero de Avanza Nicaragua.