Aunque en julio el régimen de Daniel Ortega realizó un fuerte retiro de dinero de las arcas del Banco Central de Nicaragua (BCN), en el último año ha trasladado más de 10 mil millones de córdobas, en su apuesta por seguir llenando al máximo emisor bancario de depósitos que le permitan hacer frente a cualquier choque a la economía tanto interno como externo.
Hasta julio de este año, la dictadura tenía depositado en el BCN un total de 63,750.2 millones de córdobas, más otros 22,918 millones en el sistema bancario nacional, saldo cortado a junio, según muestran cifras oficiales.
De esta manera, el régimen tenía a su favor 86,668.2 millones de córdobas. Esto pese a que en julio se hizo un retiro del BCN de 4,141 millones de córdobas.
El saldo acumulado a julio de este año es superior a los 75,791.7 millones de córdobas observados en similar lapso del año pasado. Es decir que en los últimos 12 meses el régimen se ha esforzado por aumentar en 10,876 millones de córdobas su colchón financiero que comenzó a crear a raíz del debilitamiento de la economía por la crisis sociopolítica del 2018, tres años consecutivos de recesión y la pandemia de covid-19 en el 2020.
Gran parte de esos recursos que han sido enviados al BCN provienen de la recaudación de impuestos y algunos desembolsos de préstamos ya comprometidos en años anteriores. Según el informe de ejecución presupuestaria, hasta junio de este año, los ingresos tributarios alcanzaron los 75,225 millones, siendo superior a la meta programada en 9,785.9 millones de córdobas (15 por ciento) y con respecto a lo observado de igual período de 2023 son mayores con 11,474.1 millones (18 por ciento).
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Abultado superávit
De hecho, el Presupuesto General de la República estaba operando hasta junio con un superávit global de 20,402.4 millones. «Este nivel de superávit es consecuencia de un mejor desempeño en la recaudación tributaria, control en la ejecución del gasto con fuente interna y fondos rotativos desembolsados, pero pendientes de rendición a junio 2024», según explica el Ministerio de Hacienda y Crédito Público en el informe de ejecución presupuestaria al primer semestre del año.
De ese monto, Hacienda asegura que aumentó sus disponibilidades en las cuentas del Gobierno central, en el Banco Central de Nicaragua y bancos comerciales 12,130.2 millones de córdobas, según saldos de Estados de Cuenta, «coadyuvando con el resguardo de la estabilidad macroeconómica y el fortalecimiento de las reservas internacionales del país».
Hasta agosto de este año, las Reservas Internacionales Brutas (RIB) se ubicaron en 5,988.7 millones de dólares, equivalentes a una cobertura a base monetaria de 3.6 veces. Durante agosto, las RIB aumentaron en 85.7 millones de dólares, «impulsadas principalmente por las compras netas de divisas en la mesa de cambio del BCN, la entrada de recursos externos al Sector Público No Financiero y los intereses recibidos del exterior por parte del BCN», indicó el banco.
Más de 50 mil millones al BCN
Desde diciembre del 2020, cuando el régimen comenzó su apuesta para aumentar sus reservas en el BCN, se han triplicado. El saldo solo en el Banco Central comenzó desde 22,472.8 millones de córdobas y desde entonces ha enviado 41,277 millones de córdobas.
En tanto, los fondos que tiene depositado en los bancos comerciales comenzaron en 13,039.4 millones de córdobas desde diciembre del 2020 y se han elevado a 22,918 millones a junio de este año, es decir un aumento de 9,879 millones de córdobas.
Es decir que en los últimos cuatro años el régimen ha enviado al BCN más de 50 mil millones de córdobas, lo que le da un cierto respiro, en medio de una sequía financiera internacional.
El aumento sustancial de las reservas del Gobierno en el BCN ocurre en momentos que la dictadura afronta dificultades para obtener los desembolsos de préstamos y donaciones. Según el informe de ejecución presupuestaria, durante el primer semestre del 2024 solo le entregaron el 37 por ciento de los 20,142 millones de córdobas pactados en préstamos externos; y el 14 por ciento de los 1,136 millones comprometidos en donaciones. Ambos desembolsos son los más bajos de los últimos siete años.