En su discurso de participación en la Cumbre de la alianza intergubernamental de izquierda denominada Alba, el lunes 26 de agosto, Daniel Ortega dio a conocer que Nicaragua ha roto relaciones con Brasil.
Hasta esa revelación, lo que se sabía era que el régimen de Nicaragua había expulsado al embajador de Brasil porque no asistió a la celebración del aniversario de la Revolución sandinista el pasado 19 de julio; y en reciprocidad diplomática, el gobierno de Brasil expulsó a la embajadora nicaragüense.
La cancillería brasileña precisó en esa ocasión que la retirada de su embajador “no representa una ruptura total de las relaciones con Managua”. Por su parte la cancillería nicaragüense no dijo que su gobierno había roto las relaciones con Brasil, lo que se vino a saber solo hasta que lo dijo Ortega en su nada diplomático discurso en la Cumbre del Alba.
En realidad, fueron bastante groseras las expresiones de Ortega contra el presidente de Brasil, lo mismo que contra el primer mandatario de Colombia, Gustavo Petro. Lo que ha puesto en evidencia el cisma que hay en la izquierda gobernante en varios países de América Latina, agravado por la crisis electoral de Venezuela.
Son ocho los países de América Latina con gobiernos de izquierda: Brasil, Chile, México, Colombia, Venezuela, Cuba, Nicaragua y Honduras. De ellos el gobierno de Chile, que se define y es reconocido como de izquierda democrática, se pronunció inmediatamente contra el fraude electoral del 28 de julio en Venezuela y reconoció el triunfo de la oposición.
Los presidentes de Brasil y Colombia asumieron una posición intermedia, pues no aprobaron el fraude electoral, sino que pidieron a Maduro presentar las actas de votación desglosadas, para su verificación internacional. El de México ha mantenido una actitud “gallo-gallina”, como se dice popularmente en Nicaragua, pues aunque no ha reconocido el falso triunfo de Maduro tampoco ha dicho que hubo un fraude.
Solo los gobiernos izquierdistas más radicales y asociados en el Alba, como son los de Cuba, Bolivia, Honduras y Nicaragua, dieron por válida la nueva reelección espuria de Maduro, aunque no todos ellos han defendido el fraude de Maduro con tanta pasión como el régimen de Ortega y Murillo.
No se puede decir que esta división de los gobernantes de izquierda es una fractura definitiva e irreparable. Y tampoco esta es la primera vez que gobiernos izquierdistas, comunistas, revolucionarios o socialistas marxistas, se dividen y pelean entre ellos. En la época de la Guerra Fría todos los países comunistas o socialistas hegemonizados por la Unión Soviética rompieron con Yugoslavia, que también era un Estado comunista, pero quería ser independiente y seguir su propio camino.
También hubo la ruptura de la Unión Soviética y sus países satélites con Albania y China comunista, de esta con Vietnam y luego del régimen vietnamita con Camboya, que llegó hasta la guerra entre “hermanos” comunistas.
Es que, así como los partidos y movimientos comunistas, revolucionarios y socialistas marxistas no son monolíticos, como pretenden serlo incluso mediante purgas internas, tampoco sus gobiernos en los países donde toman el poder se escapan de la ley universal de las contradicciones políticas, que en algunos casos llegan a ser antagónicas y rupturistas.
Así lo confirma lo que está ocurriendo actualmente con los gobiernos izquierdistas que hay, por ahora, en América Latina.