Uno de los términos que no olvidaré será el de “familia multiespecie”. Siempre que he mostrado mi amor por las mascotas me dicen “no son personas”, “no son familia”, pero son compañeros y realmente son con quienes paso mucho tiempo. Así que no encontraba una forma de decir lo mucho que aprecio que un ser vivo me espere en casa, por lo que cuando en Colombia me dijeron que existían este tipo de familia, simplemente me fascinó.
He tenido familia multiespecie casi desde que tengo memoria. La más grande fue de tres chow chow, dos gatos, una tortuga de tierra y dos de agua. Junto a mi mamá decíamos que era nuestra manada.
Para explicar este término me regreso al caso colombiano. En octubre de 2023 un juzgado reconoció a un perro como miembro de una familia y habló de “familia multiespecie”. Todo empezó cuando un hombre demandó a su expareja porque tras la separación en 2021 no le permitía ver a Simona, su “hija perruna”.
Dejaremos de un lado el tema de la paternidad responsable y nos centraremos en lo que dijo el juzgado colombiano. El Tribunal Superior de Bogotá aseguró que, “con la finalidad de proteger la familia multiespecie”, Simona hace parte del núcleo familiar y por ende el juzgado debe tener en cuenta tanto su bienestar como “el de los demás miembros del grupo en que vive”.
Y la discusión que yo he tenido se dio en Bogotá. El caso fue a un juzgado de familia, pero este se declaró “no competente” porque se trataba de un animal y debía ir a un juzgado civil. Finalmente, el Tribunal Superior para tratar de dilucidar el conflicto estableció este maravilloso concepto de “familia multiespecie”, alegando que “los animales pueden ocupar un lugar como integrantes de familias humanas, situación susceptible de protección como realidad social”.
Me parece interesante que, aunque no les quita su estatus de propiedad, enfocan que los animales dejaron de ser estrictamente cosas. Así que si me mudo de casa quiero llevar a mi familia multiespecie, si toca empacar lo esencial no los puedo olvidar.
Los años, la vida, redujeron mi familia a mi gato y yo, que hemos aprendido a empezar de cero, a conocer el mundo y a dar lo mejor de nosotros mismos. Es una de las razones para levantarme cada mañana, para llevar el pan y las croquetas a la mesa, pero sobre todo es parte de un grupo que me recuerda que una casa son cuatro paredes, un hogar es lo que sientes y una familia a quienes cuidas dentro de ellas.
Siempre he creído que las personas que quieren a los animales son más humanas, más felices y con una familia multiespecie.
Espero que más países aprendan del ejemplo de Bogotá, que no tengamos una visión que limite a los perros como los vigilantes de las casas, a los gatos como los cazarratones, a los caballos y burros como animales de carga. Porque esa visión es tan limitada como la de Aldous Huxley en Un mundo feliz, donde plantea que los seres humanos nacimos preparados para ser felices en el rol que nos tocó, no poder aspirar a otra “casta” que no sea para la cual fuiste creado.
Nicaragua es un país de casas con patio, con árboles, con espacio y con familias multiespecie. Lamentablemente la institucionalidad está tan fracturada y casi inexistente que aspirar a que un juzgado acuñe este término es casi imposible en este momento. Pero hay que empezar por no criticar a quienes consideramos que en una casa puede haber un hogar construido por un grupo en el que no todos somos humanos.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.