La mujer nicaragüense ha tenido una representación destacada en las convenciones de los partidos Republicano y Demócrata de Estados Unidos (EE. UU.), que se han reunido para nominar a sus candidatos en la elección presidencial del próximo 5 de noviembre.
En la Convención del Partido Republicano, que se reunió a mediados del mes de julio pasado y nominó al expresidente Donald Trump, intervino Linda Fornos, nicaragüense naturalizada estadounidense. En su discurso que fue bastante aplaudido, Fornos respaldó las propuestas de Trump para combatir la migración ilegal y se declaró arrepentida de haber votado a favor de Joe Biden en la elección de noviembre de 2020.
Ahora, en la Convención del Partido Demócrata que se reunió en esta semana para nominar a la vicepresidenta Kamala Harris, participó Ana Navarro, ciudadana estadounidense originaria de Nicaragua. Navarro es una reconocida activista política republicana, pero participó en la Convención Demócrata para respaldar a Kamala Harris y repudiar a Donald Trump.
Navarro fue estruendosamente aplaudida al impugnar la acusación no probada de Trump, de que Kamala Harris es comunista. “Yo sé lo que es el comunismo”, dijo la activista política Navarro. “Hui del comunismo cuando tenía 8 años”, aseguró, refiriéndose a que sus padres la sacaron de Nicaragua cuando era una niña porque en este país había la Revolución sandinista.
Al margen de las profundas diferencias políticas de las dos mujeres nicaragüenses que participaron en las convenciones republicana y demócrata, lo más destacable a nuestro juicio es la importancia que viene adquiriendo la participación de la mujer en la política de EE. UU., y en particular de la cada vez más grande comunidad nicaragüense en la población hispana estadounidense.
Como en toda la sociedad política de EE. UU., la opinión de los nicaragüenses que son ciudadanos estadounidenses y en su mayoría pertenecen al primer gran éxodo obligado por la Revolución sandinista en los años 80 del siglo pasado, está dividida en partidarios republicanos y demócratas.
Al respecto el periodista Nicolás López Maltez escribe en la última edición del periódico nicaragüense de Miami, La Estrella de Nicaragua, que los nicaragüenses “que eran liberales en Nicaragua han votado por los candidatos republicanos de Estados Unidos, que son conservadores. Y los que eran conservadores en Nicaragua han concedido sus votos por los candidatos demócratas, que son los liberales de Estados Unidos”.
Según López Maltez —que también es historiador— “este fenómeno tiene sus raíces en las acciones, primero del presidente Demócrata —o sea liberal— Jimmy Carter que derrocó al gobierno del Gral. Anastasio Somoza Debayle en 1979, que se consideraba liberal. Segundo, las acciones del presidente Republicano —o sea conservador— Ronald Reagan, creador de la Resistencia Nicaragüense ‘la Contra’, que luchó una década con las armas en la mano, proporcionadas por Reagan, que abrió el camino a la presidencia de Violeta Chamorro”.
Pero independientemente de cuáles sean el origen y la motivación de las preferencias políticas de los ciudadanos estadounidenses de origen nicaragüense, el hecho determinante es que ellos viven en un país libre y democrático y tienen derecho a votar por el candidato que quieran.
Votar libremente y conforme a su conciencia es un derecho ciudadano solemne y trascendental que solo se puede ejercer en países democráticos como EE. UU., no en los de regímenes autoritarios como Venezuela, Cuba y Nicaragua.