El poder legislativo de la dictadura sandinista aprobó este martes 20 de agosto una reforma a la legislación tributaria, para obligar a las instituciones religiosas a pagar el impuesto sobre la renta (IR). A partir de ahora, las iglesias católicas y evangélicas tendrán que pagar IR por las ofrendas o limosnas que reciben regularmente de sus feligreses, como si eso fuese un negocio lucrativo.
La renta, en el sentido jurídico que es lo que se debe de tener en cuenta para dictar leyes que son de orden público, o sea de obligatorio cumplimiento, es el “ingreso regular que produce un trabajo, una propiedad u otro derecho, una inversión de capital, dinero o privilegio”. E igualmente se define como la “utilidad, fruto, rendimiento o provecho de algo”.
Pero las limosnas y ofrendas de los feligreses a sus iglesias no son eso, no tienen sentido ni propósito de lucro. Son contribuciones voluntarias motivadas por la fe de la gente para ayudar al sostenimiento de sus centros de culto.
Es absurdo, arbitrario, abusivo, mezquino y políticamente antirreligioso, gravar con el impuesto sobre la renta esos ingresos piadosos de la gente. Es una nueva agresión del Estado contra las instituciones cristianas y la libertad religiosa de los nicaragüenses.
Después de que el régimen liquidó toda forma de oposición política interna y desterró y mandó al exilio a los líderes y activistas opositores; y luego de que también cerró todos los espacios de libertad de expresión e información y obligó al periodismo y los medios de comunicación independientes a exiliarse, la represión más dura del régimen ha sido contra la Iglesia católica, pero también la evangélica o protestante. Y ahora ha decidido imponer tributos a las iglesias, cuyas funciones por su propia naturaleza y fines son ajenas al beneficio o lucro económico y material.
Cabe mencionar al respecto, a modo de ilustración, que al contrario de lo que se está imponiendo en Nicaragua, en la Europa democrática el Estado le pasa a las iglesias para su financiamiento un porcentaje del impuesto sobre la renta recaudado, de acuerdo con las preferencias declaradas por los contribuyentes. Eso se hace para asegurar la independencia de la religión y las iglesias con respecto a los poderes políticos. Pero en Nicaragua es al revés.
Las agresiones del Estado a la religión y las iglesias podrían parecer contradictorias con el discurso oficial del régimen, habitualmente lleno de expresiones religiosas e invocaciones a Dios, la Virgen María y otros símbolos de la fe y la devoción de los nicaragüenses.
Pero la verdad es que una dictadura, sobre todo si es de estilo fascista de izquierda o de derecha, puede ser formalmente muy religiosa como fue el régimen franquista en la España del siglo pasado, y al mismo tiempo suprimir la libertad de conciencia de la cual la libertad religiosa es parte esencial.
Benito Mussolini, el fundador del fascismo en Italia, era un socialista ateo recalcitrante, pero cuando impuso la dictadura se convirtió, o aparentó convertirse, en un fanático religioso. Incluso aseguró que fascismo y religión son la misma cosa.
“El fascismo —dijo Mussolini— es una concepción religiosa en la que un hombre es visto bajo la perspectiva de su relación inmanente con una ley superior y con una Voluntad objetiva que trasciende al individuo particular y le eleva a la pertenencia consciente a una sociedad espiritual”.
Acerca de semejante aseveración del padre del fascismo, el escritor y profesor de la Facultad de Teología de Cataluña, Lluís Serra i Llansana, cita en un artículo publicado en el periódico Catalunya Religió al escritor católico estadounidense Walter O’Hagan quien en febrero de 1934 escribió en el periódico Catholic Yorker lo siguiente:
“El fascismo no solo contiene todos los males del bolchevismo, a los que se añade su propia forma de crueldad sádica, sino que pervierte el cristianismo, lo cual es peor que negarlo. El fascismo es la religión estatal del nacionalismo, el prejuicio y el odio; erige los falsos dioses del militarismo, del dictador y de su Estado totalitario o corporativo. Obliga a inculcar las doctrinas paganas del fascismo en la gente y en los alumnos de los colegios, lo cual resulta en un declive de la educación y del arte de pensar. Organiza estrictamente a la gente hasta que se convierten en meros robots esclavos del Estado. El fascismo significa el fin de la libertad de pensamiento y de palabra, y el retorno al feudalismo bárbaro”.
La cita es extensa, lo reconocemos, pero vale la pena leerla a propósito de la religiosidad que aparenta la actual dictadura sandinista de Nicaragua.