Esta frase que ponemos como título al presente comentario editorial es el comienzo del Himno Nacional de Venezuela, escrito originalmente por el poeta Vicente Salías y musicalizado por Juan José Landaeta.
“Gloria al bravo pueblo” es una emotiva expresión verbal que representa fielmente la idiosincrasia del pueblo venezolano. Y tiene el mismo valor patriótico que la frase de su máximo héroe nacional, el Libertador Simón Bolívar: “Maldito el soldado que apunta su arma contra su pueblo”.
Ambas expresiones tienen singular vigencia ahora que el pueblo venezolano está dando una crucial batalla por la libertad, la democracia y el respeto a su voluntad soberana que expresó en la elección presidencial del 28 de julio pasado. Que la ganó el candidato opositor Edmundo González Urrutia y la perdió el dictador Nicolás Maduro Moros.
Más de 300 ciudades de todo el mundo fueron escenario de manifestaciones de ciudadanos venezolanos. La principal, por supuesto, fue en Caracas, capital de Venezuela, donde se presentó en persona María Corina Machado desafiando la feroz y criminal persecución de la dictadura.
María Corina dijo ante la multitud concentrada en la avenida caraqueña Francisco de Miranda, que el pueblo venezolano ha protagonizado “la gesta cívica más grande de la historia” de Venezuela. “No hay nada que esté encima de la voz del soberano (el pueblo) y el soberano habló en Venezuela…”, proclamó. Y demandó que “el mundo y todos dentro de Venezuela reconozcan que el presidente electo es Edmundo González Urrutia”.
La muchedumbre opositora salió a las calles de Venezuela el sábado 17 de agosto, a pesar de la amenaza de Maduro de que respondería con un baño de sangre a las protestas democráticas. Incluso convocó a sus seguidores a manifestarse en las calles el mismo día, por lo que se temía que se desencadenara una violencia de gran magnitud. Lo cual afortunadamente no ocurrió, por lo menos el sábado pasado.
Maduro y los miembros de su camarilla saben que aunque su poder se basa en la fuerza de las armas, por el agravamiento de la crisis y la maldición de Bolívar, las fuerzas armadas podrían fracturarse y una buena parte de ellas voltearse contra la dictadura. De hecho se está fracturando, pues el 29 de julio pasado, 302 oficiales de distintos rangos fueron separados del Ejército “por medida disciplinaria”.
Que una dictadura caiga por la acción de su misma fuerza armada, o de una parte de ellas, no ocurre siempre, pero sí ha ocurrido algunas veces como por ejemplo en abril de 1974 en Portugal y en diciembre de 1989 en Rumania. ¿Y por qué no podría ocurrir ahora en Venezuela?
Jack Nicas, periodista de The New York Times experto en la problemática de Venezuela, cita en un artículo reciente al escritor político Marcel Dirsus quien dice en su libro How Tyrants Fall (“Cómo caen los tiranos”), que “mientras menos democrático se vuelve un sistema político, más depende solo de un pequeño grupo de personas para mantener el poder”. Lo cual, “significa que las fuerzas de seguridad —y no los furibundos manifestantes en las calles— son los que suponen el peligro más serio e inmediato a su puesto… La amenaza más grande son los hombres con las armas”.
El periodista de TNYT menciona también a Erica Frantz, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Michigan, quien en un estudio del autoritarismo en el mundo informa que entre los años 1950 y 2012, “cerca de dos terceras partes de los 473 líderes autoritarios que han perdido el poder fueron removidos por personal al interior del gobierno”. Y hablando sobre Venezuela, la profesora Frantz dice que el de Maduro “cumple todos los elementos de un régimen que debería ser vulnerable a la deposición: graves problemas económicos, dificultades del sucesor para establecer legitimidad, y un apoyo de la base popular cada vez más escaso”.
En realidad, según los expertos, la persistencia de las protestas pacíficas en Venezuela podría debilitar el soporte de la dictadura en las fuerzas armadas. Pues, como advierte el periodista del medio neoyorquino, “si los militares ven en las calles a un mar de venezolanos comunes y corrientes que se oponen al régimen, eso va a hacer que cambien sus expectativas sobre el futuro”.
De manera que la resistencia no violenta de la oposición podría ser determinante para la transición democrática en Venezuela. Pero no por sí sola, sino porque podría motivar a las fuerzas armadas, o una parte de ellas, a voltear sus armas contra la tiranía, de una vez por todas.