Mitos griegos, Belerofonte, la música y la poesía

Desde los tiempos de Orfeo, el mítico padre de la lírica griega que cantaba sus poesías acompañado de su lira, se afirmaba que la música era una sierva de la poesía; por esta razón también se ha dicho, que esta comienza donde acaban las palabras.

Píndaro, (Tebas 518-438 a. C.) príncipe de la poesía lírica, cuyas letras fueron grabadas con oro en la historia de la música fue el más grande de los músicos griegos. Según Horacio nadie es capaz de imitarlo. Sus obras junto a las de Homero son parte del corpus fundacional de la cultura griega. Es por esta relación música-poesía, que las odas de Píndaro se celebraban acompañadas de la cítara, de la flauta, de la lira, de la mímica y de la danza. Odas que, por su contenido poético, histórico, y mitológico han inspirado a muchos artistas del mundo.    

En la Oda Olímpica XIII, ofrecida a Jenofonte de Corinto, (corredor del estadio y vencedor en la carrera y en los cinco juegos), Píndaro menciona a Belerofonte, héroe de la mitología griega, quien derrotó a la quimera montado en su Pegaso su caballo alado; mito descrito primeramente en la Teogonía de Hesíodo, poeta de la antigua Grecia del alrededor del siglo VII a. C. y en la Ilíada de Homero.

¡Cuántas penas el Príncipe atrevido/ En sus orillas trajo el loco empeño/ De domar al corcel de raudas alas/ De la feroce Górgona nacido, / hasta que el freno de oro, en dulce sueño, /Llevarle se dignó la virgen Palas! / En sus sagradas salas/ Clama con voz adusta:/ “Belerofonte amado, […] (Oda XIII, traducción de D. Ignacio Montes de Oca, 1893).

Según la mitología griega, Belerofonte desciende de la casa de Corinto, hijo de Poseidón, cuyo padre humano fue Glauco, rey de Egipto. Cuenta el mito que Yóbates rey de Licia, para cumplir con la petición erigida de su yerno Preto, quien por asuntos de celos quería deshacerse de Belerofonte, lo envió a luchar contra la quimera, dragón temible e invencible que lanzaba llamas devastando su país y sus rebaños. Luego lo envió a luchar contra los Solimos, una población belicosa; después contra las Amazonas, y finalmente, contra un grupo de valientes lidios, a quienes el héroe, a todos pudo vencer. El rey reconoció su hazaña pensando era de origen divino concediéndole a su hija en matrimonio.

Belerofonte ha sido llevado tanto al teatro, como a la poesía y a la música. Existiendo muchas versiones sobre este mismo héroe. Entre algunas de mucha importancia tenemos la tragedia musical compuesta con prólogo y cinco actos en 1679 por Jean Bautista Lulli, (1632-1687), italiano de ingenio musical que surgió en la Francia del siglo XVII creador de la tragedia lírica e iniciador de la ópera en Francia, con libreto de Thomas Corneille y de Bernard le Bovier de Fontenelle, quienes en parte se basaron de la Teogonía de Hesíodo, aunque se sabía que ya existía un libreto antiguo de Philippe Quinault, poeta francés libretista, asistente del mismo Lulli. Este Lulli, supo combinar muy bien la palabra y la música con la declamación y con el canto. Siendo su solemne Miserere una magnífica creación musical.

Nathaniel Hawthorne, (Salem, Massachusetts 1804-Plymouth 1864), fue un cuentista y novelista estadounidense, autor de numerosas historias de ficción, góticas, románticas y famoso por su novela, La letra escarlata que lo llevaría a la inmortalidad. Publicó además varios cuentos titulados: Twice-Told Tales (Cuentos contados dos veces) publicados primeramente en 1837 y luego en 1842. Título interesante que se le dio basado en una frase de la obra, El rey Juan de William Shakespeare, proveniente del acto 3, escena 4, que dice: “La vida aburre tanto como un cuento repetido que aturde al oído sordo de un adormilado;” debido a que estos cuentos ya habían sido anteriormente publicados. Entre sus críticos se destaca, Edgar Allan Poe, quien dijera que era un escritor notable, de quien admiraba su pureza de estilo y su tono “singularmente eficaz”, concluyendo que lo consideraba uno de los pocos hombres de genio indiscutible que su país había dado.

La quimera, Cumbre pelada, es parte de otra compilación de cuentos titulados When the earth was a girl (1920) (Cuando la Tierra era niña) del mismo autor estadounidense, donde se presenta el estudiante Eustaquio Bright, quien haciendo las veces de narrador, relata a un grupo de niños la lucha de Belerofonte contra la quimera.

Rubén Darío también se inspiró en este personaje de la mitología griega, que supo al igual que él domar su caballo brioso exaltando al mundo entero y poner a Nicaragua en un pedestal. “Cuando iba yo a montar ese caballo rudo,/ y tembloroso, dije: La vida es pura y bella, (…) Sobre mi frente Apolo hizo brillar su escudo (…) ¡Yo soy el caballero de la humana energía, / yo soy el que presenta su cabeza triunfante / coronada con el laurel del Rey del día; / domador del corcel de cascos de diamantes / voy en un gran volar, con la aurora de guía, / adelante en el vasto azur, siempre adelante!”. (Darío, Rubén. Pegaso).

La música que se exhala junto a la poesía no es exclusiva para el mundo clásico o renacentista occidental. También la poética nicaragüense de nuestros grandes románticos, modernistas, y vanguardistas no está exenta de admiración como se ha visto en los versos de Rubén Darío, Lino de Luna, Santiago Argüello, Azarías H. Pallais, Alfonso Cortés, Ernesto Cardenal y de tantos otros, cuya lírica podría ser llevada al mundo teatral, a la ópera o al cine.

Actualmente ya han sido musicalizados algunos poemas de Rubén Darío por nuestros cantautores nacionales, Luis Enrique y Carlos Mejía Godoy quienes nos han iluminado con sus creaciones llevando en sus genes la herencia poética y musical de nuestro folclor nicaragüense.  Recientemente, también se musicalizan muchos otros poemas que aparecen en línea de autores hispanoamericanos: españoles, argentinos y chilenos además de los nicaragüenses ya mencionados.   

Asimismo, no debemos de olvidarnos de nuestros juglares y trovadores, que con sus coplas han acompañado a las gigantonas y a los enanos cabezones, como tampoco debemos olvidar a nuestros indígenas como Nezahualcóyotl, monarca (tlatoani) del México antiguo, principal aliado de los mexicas, gran poeta y arquitecto, quien supo al igual que Darío cantarle al Sol a la naturaleza y a la música. Oigámosle en este maravilloso cantar poético donde también paralela y curiosamente a Darío, exalta su figura:

Miradme, he llegado. / Soy blanca flor, soy faisán, / Se yergue mi abanico de plumas finas, / Soy Nezahualcóyotl. / Las flores se esparcen, De allá vengo, de Acolhuacan, / Escuchadme, elevaré mi canto, / Vengo a alegrar a Moctezuma. / ¡Tatalilili, papapapa, achala, achala!

(Nezahualcóyotl, 1402-1472).

Al crearse la palabra se inventó la poesía y esta a su vez hizo brotar como una fuente Castalia a la música la cual a todos sin distinción de lengua, raza y credos nos hace soñar, bailar y gozar.

La autora es máster en literatura española.

Opinión
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