La jornada política en Venezuela de este sábado 17 de agosto podría ser decisiva, por sus consecuencias, para definir el curso de la grave crisis política electoral que sufre esa nación y preocupa en gran medida a la comunidad democrática internacional.
La oposición venezolana, y personalmente su ejemplar líder María Corina Machado, convocaron para este día a una gran manifestación popular cívica y pacífica denominada “Gran protesta por la verdad”, en toda Venezuela, pero también en unas trescientas ciudades de todo el mundo.
El objetivo es poner de manifiesto con la mayor fuerza y amplitud posibles, la exigencia al régimen de Venezuela de que respete la soberanía popular que fue manifestada el 28 de julio, en la elección presidencial que el candidato de la oposición, Edmundo González Urrutia, ganó de manera contundente al presidente Nicolás Maduro Moros.
Sin embargo, Maduro y la camarilla política y militar que lo sostiene en el poder también convocaron para este sábado a una manifestación de respaldo al fraude electoral del 28 de julio. Como sucede en estos casos, en la manifestación oficialista seguramente participarán todos los empleados públicos bajo amenaza de despido, y los cada vez menos simpatizantes de la revolución socialista bolivariana que ha causado el mayor desastre económico, social y humano en la historia de Venezuela. Y seguramente de toda América Latina.
No cabe duda de que Maduro convocó a sus partidarios violentos y armados, para atemorizar a la gente opositora que es pacífica por ser democrática e inducirla a que se abstenga de salir a la calle, bajo la amenaza de un baño de sangre que de hecho ya lo comenzó desde el 29 de julio. La tiranía ha reprimido brutalmente a quienes ha protestado en las calles contra el fraude, encarcelado a alrededor de dos mil personas y asesinado a por lo menos veinticinco.
Dadas las circunstancias, cabe suponer que si a pesar de la amenaza terrorista de la tiranía, la gente opositora vence el miedo y sale masivamente a las calles, atendiendo a la convocatoria de María Corina Machado y del presidente realmente electo Edmundo González, la jornada de este sábado podría marcar un punto de inflexión en el curso de la crisis.
Lo decimos porque la única manera de obligar a la tiranía de Maduro a reconocer los resultados de la elección del 28 de julio, a respetar la soberanía popular y aceptar la transición a la democracia, depende de que las Fuerzas Armadas o una parte mayoritaria de ellas se pongan al lado del pueblo. Como ocurrió en abril de 1974 en Portugal y en diciembre de 1989 en Rumania.
María Corina Machado, quien es una política íntegra que no especula y dice solo lo que está segura de que es verdad, dijo el jueves de esta semana a la agencia EFE estar convencida de que parte de las Fuerzas Armadas “son proclives” a negociar una transición democrática. “No hubiéramos podido tener el acceso a las actas (de votación, que demuestran la victorial electoral de la oposición) si no hubiera habido colaboración de los efectivos militares”.
En realidad, no puede ser posible que todos los miembros de las Fuerzas Armadas, ni siquiera todos sus mandos, estén comprometidos con la corrupción y actividades delictivas de la cúpula que rodea a Maduro y sostiene la tiranía. Además, la gran mayoría de los militares y sus familiares sufren las mismas penurias que la población civil y solo el concepto de disciplina y obediencia militar los mantiene junto a una dictadura que en el fondo también repudian.
“El régimen está muy preocupado porque sabe que en el seno de las Fuerzas Armadas también perdieron toda legitimidad”, señaló Machado. Y agregó que el alto mando militar oficialista “no es monolítico ni jerárquico sino ‘heterárquico’, con muchos intereses y agendas que compiten entre sí y su voracidad los ha puesto unos contra otros”.
Si las cosas son así, como esperamos que sean, es muy probable que si la gente democrática sale masivamente a las calles y la camarilla del régimen ordena una represión monstruosa como lo ha amenazado, los militares en general, o una parte determinante de ellos, podría volver sus armas en contra del régimen.
Porque solo la determinación del pueblo democrático, la decisión de los militares de no seguir respaldando a la tiranía, y la voluntad de Dios, pueden salvar a Venezuela.