El mundo entero fue sorprendido hace una semana por la inesperada operación militar de Ucrania en territorio de Rusia, al avanzar sus tropas a lo largo de muchos kilómetros y ocupar numerosos poblados del país agresor.
Hasta ese momento la guerra se había librado únicamente en la parte del territorio de Ucrania invadido y ocupado por el ejército ruso. Además, no se podía esperar algo así de Ucrania porque su contraofensiva contra los invasores rusos a finales del año pasado fue un completo fracaso por falta de suficiente respaldo de Occidente.
Pero de repente cambió la situación y el ejército de Ucrania ha podido entrar a territorio ruso y avanzar muchos kilómetros. A pesar de que durante mucho tiempo los países de Occidente que la apoyan le habían prohibido usar las armas occidentales en territorio de Rusia, por temor a que el conflicto bélico se generalice.
Los analistas occidentales dicen que la espectacular operación militar ucraniana dentro del territorio de Rusia no cambia el curso de la guerra. El ejército ruso sigue siendo mucho más fuerte que el de Ucrania y en cualquier momento las fuerzas ucranianas se podrían ver obligadas a retroceder.
Como sea, la operación bélica de Ucrania en territorio ruso tiene una enorme significación. Ante todo, porque ha levantado la moral patriótica y combativa del ejército y la población ucraniana, que estaba muy decaída por el fracaso de la contraofensiva de fines del año pasado, y por el regateo occidental de la ayuda que es indispensable para resistir la poderosa embestida rusa.
Además, la exitosa operación bélica de Ucrania en el territorio ruso de la región de Kursk tiene un poderoso simbolismo. Primero, porque es la primera vez desde la invasión del ejército de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, que Rusia es invadida por un ejército extranjero. Y además en territorio de Kursk, que es sagrado para los rusos dicho esto tanto en términos políticos, morales como religioso.
Es que fue precisamente en Kursk donde se libró en julio y agosto de 1943 la mayor batalla de vehículos blindados de la II Segunda Guerra Mundial, y de la historia. Y la victoria que el ejército soviético obtuvo allí sí que cambió el curso de la Gran Guerra Patria, como la llamaron los rusos. A partir de su victoria en Kursk, las fuerzas armadas soviéticas tomaron la iniciativa estratégica y no pararon de avanzar hasta expulsar de su territorio a los alemanes, y seguir después sin parar hasta ocupar una parte de Alemania incluyendo Berlín.
Cabe mencionar que Kursk, que es parte de Rusia desde que fue anexada por el imperio zarista, originalmente era ucraniana, pertenecía a la llamada Rus de Kiev que era una federación de tribus eslavas orientales gobernadas por la dinastía de Rúrik, príncipe de un pueblo llamado Rus que la fundó en el siglo IX.
En Kursk está la sede de la Santísima Virgen María, un ícono sagrado que según la historia o la leyenda fue encontrado por un cazador el 8 de septiembre de 1295, al pie de un árbol que tenía las raíces descubiertas. (Entre paréntesis, la palabra Kursk significa raíces). Y dice además la leyenda religiosa, que al levantar el hombre la imagen brotó en el lugar un manantial de aguas límpidas y por eso allí fue erigido después el santuario de la Virgen.
Ahora bien, cualesquiera que sean las causas de la guerra esta es una calamidad indeseable por los grandes daños humanos y materiales que causa. Como ha dicho el escritor francés Guy Sorman, la guerra es diabólica pues demuestra que el diablo existe.
Pero sobre todo es diabólica cuando se trata de una guerra de agresión y el agresor es más fuerte que el agredido. Como es el caso de la guerra de Rusia contra Ucrania, que pretende no solo conquistarla sino exterminarla como Estado y como nación.
Por eso mismo se puede decir que la guerra que libra Ucrania contra Rusia es más bien santa, porque es defensiva e incluso de sobrevivencia. Es una lucha del bien contra el mal y como dice el mismo Sorman, “nuestra humanidad nos obliga a elegir de qué lado estamos. La neutralidad sería diabólica”.
Por eso es que todos los países y naciones libres y democráticas están del lado de Ucrania. Y celebran sus hazañas como la nueva gran batalla de Kursk.