Alegría, tristeza y esperanza en los Juegos Olímpicos 

LA PRENSA destaca en el balance de los Juegos Olímpicos de París que concluyeron el domingo 11 de agosto recién pasado, los triunfos de los atletas de muchos países, pero también las decepciones que sufrieron los de otros.

Señala la información que algunos países que en anteriores olimpíadas fueron triunfantes medallistas, en las de París retrocedieron o fracasaron lamentablemente. En realidad, solo algunos países grandes y ricos, que pueden destinar grandes recursos al fomento del deporte mantienen e incluso mejoran su participación en las competencias, y por lo tanto su acumulación de medallas.

De acuerdo con las informaciones, solo unos 90 países, de los más de 200 participantes, ganaron medallas en los recién pasados Juegos Olímpicos. Algunos solo pudieron obtener la de bronce, entre estos el grupo representante de los refugiados. En cambio, 116 países no pudieron obtener ninguna medalla.

De manera que los Juegos Olímpicos estuvieron marcados por la alegría de quienes ganaron y la tristeza de los que no pudieron ganar. Se suele decir que competir es más importante que ganar, pero la verdad es que los atletas participan con la ilusión de obtener alguna medalla o por lo menos hacer una buena presentación, aunque muchos sean conscientes de que no lo podrán lograr.

Lo que sí es cierto es que las competencias deportivas son hermosas por sí mismas y todos los atletas que compiten merecen reconocimiento por el esfuerzo que realizan.

En las competencias deportivas siempre hay unos que ganan y otros que pierden, para decirlo crudamente. Esa es la regla fundamental de la competencia. Pero la verdad es que en general todos ganaron, porque dieron lo mejor de cada uno. Y  porque durante dos semanas practicaron una hermosa hermandad de razas, naciones, pueblos y personas; experimentaron la inmensa satisfacción de la relación amistosa con extraños, la comprensión y el respeto de unos a otros. Para eso, precisamente, son las competencias olímpicas y en los últimos tiempos también las paralímpicas.

Los historiadores enseñan que fueron los  griegos de la antigüedad los que en el siglo VII antes de la era cristiana, inventaron las competencias deportivas olímpicas como un tributo a Zeus. Pero también para que cada cuatro años hubiese una tregua en sus constantes guerras y matanzas y que la gente de todas las ciudades-Estados pudiera disfrutar durante ese período el bien supremo de la paz.

El imperio romano prohibió los juegos deportivos olímpicos después de que conquistó Grecia. Pasó mucho tiempo sin que los hubiera, hasta que en el siglo XIX fueron retomados en una Europa asolada por las guerras, con el propósito de promover por medio del deporte la paz, la cooperación mutuamente beneficiosa entre los países y la fraternidad entre los pueblos.

La paz es la aspiración más antigua de la humanidad, la necesita y desea desde que comenzaron las guerras y la violencia en los mismos orígenes de la civilización. Nunca en la historia se ha podido lograr la paz permanente y universal. Ahora mismo, mientras los atletas de todos los países del mundo competían y confraternizaban en los Juegos Olímpicos de París, la guerra seguía causando muerte y destrucción en Ucrania, Oriente Medio y otros lugares del planeta.

Pero precisamente porque la guerra no cesa, permanece el anhelo de paz que se aviva durante las competencias deportivas y particularmente las olímpicas.

La paz perpetua fundada en la libertad de las personas y el respeto entre las naciones y gobiernos ha sido una propuesta de los grandes pensadores humanistas a lo largo de la historia, que no se ha podido cumplir pero tampoco ha dejado de ser un ideal, un sueño que alguna vez será realidad.

Y las Olimpiadas nos recuerdan cada cuatro años que no se debe renunciar a la aspiración de paz universal. Como tampoco al derecho de vivir en libertad y con democracia, con justicia y respeto a los derechos humanos.

Editorial

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Desde sus inicios de las Olimpiadas en la anciana Grecia en los año 70 ac desde Maratón para Atenas, su permanencia competitiva hasta nuestra era ha sido un gran logro para la existencia de nuestra culturas. Es admirable como al cerrar las Olimpiadas de París 2024 siguen los EEUU con 126 medallas ocupando el primer lugar en este glosario de logros. Es grato recordar a nuestra Nicaragua posteriores a los años 60 del siglo anterior como en estadio nacional se reúnen alrededor de un insigne atleta Hungaro que mantenia energizante los saltos de Garruchas y Bala a los Velez y Turcios en este campo, agregando a ellos a las hermanas Porras que daban brillo con sus veloces carreras de 100 y 500 metros. Todo ese bagaje ha quedado oscurecido por las apocalípticas y retrógradas dominación de los Ormus, que nos mantiene sumergido a nuestra Nicaragua presente.

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