Felipe Galli es un periodista político independiente dedicado a analizar elecciones y países “con contexto autoritario”. Ha hecho trabajos en Cuba y Venezuela con organizaciones relacionadas con temas electorales.
Argentino, estudiante de ciencias políticas, se le encuentra frecuentemente en redes sociales exponiendo sus análisis. “Ortega hizo lo que está haciendo ahora Maduro, pero lo hizo antes. Si Maduro hubiera hecho esto antes de las primarias de la oposición, ahora estaría cómodo con su dictadura estilo Nicaragua”, dice en esta entrevista donde analiza la crisis de Venezuela y sus posibles escenarios.
¿Cómo describiría la situación actual de Venezuela?
Incierta y decisiva. Venezuela está viviendo horas decisivas del comienzo de una transición, que también es muy incierta por la reacción de los diferentes actores a lo que ocurrió el pasado 28 de julio. La oposición se presentó a elecciones con una candidatura unificada y además organizó un mecanismo de defensa del voto muy sofisticado, porque se preveía que iba a venir un fraude por parte del régimen de Nicolás Maduro. Un trabajo sofisticado que probablemente no tenga paragón en el mundo en este momento.
Estamos viendo el momento de la definición de esta cuestión. De lo que sí podemos estar seguros es que hay una transición. Venezuela podría transitar a un régimen más autoritario si el chavismo no es removido del poder, porque no van a permitir verse (de nuevo) en una situación de jaque como esta, o transita a una democracia. Pero el régimen previo al 28 de julio está muerto.
Para estar claros: ¿considera que hubo un fraude el 28 de julio en Venezuela?
Es interesante esa pregunta porque cuando hablamos de fraude, hablamos de alterar el resultado de una elección. Yo diría que ni a fraude llega lo que hizo el régimen de Maduro, porque para hacer un fraude se tiene que hacer un montón de logística para garantizar que el resultado no sea auditable ni contrastable, tener todas las actas en la mano, como se le está exigiendo ahora al régimen. El régimen ni siquiera hizo eso. Publicó un boletín que declaraba ganador a Maduro con los decimales exactos. Hay una probabilidad en cien millones para que ese resultado se dé en la vida real. ¡No hay actas que respalden ese resultado! Los números no salen de ningún acto sofisticado: no hay muertos votando, ni relleno de urnas, nada. Es simple y llanamente un boletín falso y, por el contrario, la oposición ofrece resultados perfectamente auditables con las actas del CNE (Consejo Nacional Electoral), que además tienen un código QR que es posible comprobar.
Estamos ante una paradoja muy importante: puede ser el intento de fraude más burdo jamás intentado en América Latina, y del mismo modo puede tratarse de las elecciones más auditadas y transparentes de la historia por lo que han hecho las organizaciones de la sociedad civil. Creo que fue un fraude fracasado porque se pudo demostrar que el resultado fue otro.
¿Cómo se explica que una dictadura de más de 20 años, con mucha experiencia electoral, haya realizado un fraude tan burdo?
Hay que tener en cuenta que el autoritarismo que existe en Venezuela no es un autoritarismo normal. Un dictador, cuando se ve acorralado, busca la salida más favorable, y es lo que sucedió con las juntas militares en América Latina: negocian llamar a elecciones, dan amnistías, se hacen transiciones pactadas… El caso de Venezuela es complejo porque Maduro y sus cómplices tienen orden de captura de Estados Unidos por delitos que no son de lesa humanidad. Hablamos de delitos de narcotráfico. Se considera que el régimen de Maduro es un régimen narco, y que el estado actual venezolano es un narcoestado, y es, por ende, parte de un entramado económico muy grande, y las consecuencias que enfrentarían los jerarcas por dejar el poder son muy difíciles.
Hoy por hoy pueden sentarse a negociar con la oposición, y la oposición puede firmarle todos los papeles garantizándoles una amnistía general, que no van a ir a la cárcel, pero nada les garantiza que, en lo eventual, ellos no terminarían en la cárcel. No existe ningún país que no los entregaría a Estados Unidos si Estados Unidos lo presiona lo suficiente. Ni Nicaragua ni Cuba son opciones porque ni (Daniel) Ortega ni (Miguel) Díaz Canel van a querer tener en suelo propio símbolos tan evidentes de que una caída es posible, más con lo importante que es Venezuela para que ellos retengan el poder.
La posición de los jerarcas chavistas es muy precaria para encarar una salida, cualquier salida, hasta la salida más cómoda para ellos. Los vemos actuado con gran desesperación. Ellos contaban desde el principio con que la oposición se iba a terminar absteniendo, que iba a boicotear el proceso. No contaban con la organización que ha hecho el comando de María Corina Machado, no contaban con que se consiguiera esa cantidad de actas. Los opositores se le han puesto adelante en cada paso del proceso y ellos (chavistas) no han sabido responder adecuadamente, ni siquiera dentro de su propio manual autoritario.
Lo que estamos viendo más que una dictadura es una toma de rehenes a cielo abierto y permanente. Ellos no tienen ideología, lo de oponerse al imperio es nada más una narrativa para adornar la realidad: que están aterrados por terminar pagando por todos los crímenes que han cometido.
¿Una negociación no es posible?
La negociación es posible y, en lo eventual, es preferible que tenga lugar. Si hoy por hoy el chavismo se cayera por la fuerza hay que comprender que hay todo un entramado cívico, militar y narco que podría renunciar a cualquier vía política y escapar a una vía de guerrilla, similares a las que vemos en Colombia, pero con un nivel de logística y de control mucho más grande. Lo preferible es intentar salvar hasta lo último la vía política y tratar de forzarlos a negociar.
¿Cómo ha visto la reacción de la comunidad internacional?
Hay que entender sobre lo que es complicar al chavismo a nivel internacional. Ya vimos un chavismo aislado en muchas ocasiones, rodeado absolutamente de gobiernos hostiles, y, sin embargo, no se cayó. Llegaron hasta acá. ¿Qué es lo que cambia en esta situación? Que no es lo mismo tener gobiernos decididamente hostiles alrededor, forzándote a atrincherarte, que tener gobiernos que se supone que son tus aliados, como es el de Lula en Brasil, o el de Petro, en Colombia, diciéndote: ´Pará, te estás pasando´. Eso ya es otro nivel. Aun cuando aprieten al chavismo hay que dejarle una ventana para que salga. Si el chavismo no ve ventanas, se va a atrincherar por completo, y va a optar por la vía Nicaragua o Corea del Norte, para cerrarse por completo y no salir. Para que haya una negociación, los que son aliados de Maduro juegan un papel muy importante porque tienen que dejarle al chavismo una ventana para una transición pacífica que sigue siendo el escenario más positivo para ellos.
Pero recién decía que por mucho que se les prometa en una negociación no habrá garantías de que los jerarcas chavistas terminen en la cárcel. ¿Cómo se van a sentar a negociar ante esa perspectiva?
No hay garantías, pero puede no haber garantías del mismo modo si la situación se desborda y termina habiendo un quiebre, y algún sector consigue algunas garantías a cambio de entregar a la jerarquía. Maduro está abocado al corto plazo. Esta estrategia de causar terror con los colectivos, estos grupos armados, es de corto plazo. No puede seguir indefinidamente así. Aunque no tengan garantías en el largo plazo, una caída por ruptura garantiza terminar mal en el corto plazo.
Daniel Ortega hizo más o menos lo que está haciendo Maduro y se impuso. Terminó con la oposición interna y estableció un estado policial.
Hay dos diferencias fundamentales. La oposición que enfrentó Ortega, y la comunidad internacional que enfrentó Ortega no son las que enfrenta Maduro. La oposición que enfrentó Ortega, aunque hizo un esfuerzo loable por articularse, intentó hacer una coalición, intentó organizar primarias o un conceso para elegir un candidato, Ortega hizo lo que está haciendo ahora Maduro, pero lo hizo antes. Si Maduro hubiera hecho esto antes de las primarias de la oposición, ahora estaría cómodo con su dictadura estilo Nicaragua.
Ortega fue más inteligente, en términos atroces, más sanguinario, y cortó por lo sano toda oposición. Después de haber reprimido las protestas atacó a la sociedad civil, ha cerrado cada ente independiente que encuentra, aplastó a toda la oposición política y fue arrestando, uno a uno, a todos los candidatos potenciales de la oposición en 2021. Mientras tanto, Maduro se descansó en una oposición que, siendo más poderosa políticamente que la que había en Nicaragua o la que había en Cuba, donde ni siquiera tienen espacios institucionales, aun así, siendo más poderosa es una oposición que había cometido muchos errores. Maduro se descansó en la incompetencia de sus opositores y por eso no anuló las vías institucionales cuando tuvo la oportunidad de hacer, por ejemplo, con la (Asamblea Nacional) constituyente de 2017. Dejó que la oposición organizara sus primarias porque sabía que María Corina Machado las iba a ganar y dijo: «Bueno, ella siempre se ha abstenido, entonces todo lo que tengo que hacer es inhabilitarla a ella y yo gano caminando».
Una diferencia muy grande es que todo mundo está mirando a Venezuela. En el caso de Nicaragua no hay un interés tan grande. Es muy triste decir esto, pero es una realidad: no hay un interés tan grande en que se caiga el régimen de Nicaragua. Es que el régimen de Nicaragua es tan cerrado, hay una oposición tan poco articulada y el régimen fue más brutal. No hay intereses externos afectados tan negativamente por la continuidad de Ortega, pero hay muchos intereses afectados negativamente por la continuidad de Maduro. El tema del petróleo, la importancia económica de Venezuela, y su importancia estratégica y política, porque si se cae Venezuela puede caer después Nicaragua y Cuba.
¿Se atrevería a hacer un pronóstico de lo que va a pasar en Venezuela en el corto plazo?
Lamentablemente lo que podría yo predecir choca demasiado con lo que deseo. No es un proceso fácil, es un proceso que va por etapas, como ha dicho María Corina, pero sigue siendo el momento más propicio para que se produzca una transición democrática en Venezuela en estos 25 años.