El 7 de marzo del año en curso, la vicepresidenta de Nicaragua y vocera del gobierno, doña Rosario Murillo, felicitó públicamente al cardenal Leopoldo Brenes por su 75 cumpleaños. Y con ese motivo dijo que “los días de campanas y cristales rotos” quedaban atrás.
Eso ocurrió dos meses después de que un tercer grupo de sacerdotes, incluyendo en este a los obispos Rolando Álvarez e Isidoro Mora, fue desterrado a Roma tras haber sido encarcelados. Hasta entonces el régimen había encarcelado y desterrado a 34 personas consagradas de la Iglesia. De manera que con el mensaje de la vicepresidenta Murillo al cardenal Brenes se entendió que no habría más persecución contra la Iglesia católica.
Sin embargo, la semana pasada ocurrió una nueva redada policial de sacerdotes y el jueves 8 de agosto, el Gobierno emitió una nota de prensa para informar que el día anterior, miércoles 7, “salieron de Nicaragua hacia Roma, Italia, 7 Sacerdotes nicaragüenses que han llegado bien y que han sido recibidos por la Santa Sede”.
El Gobierno habla como si esos sacerdotes salieron del país en un viaje de turismo o peregrinación a Roma y el Vaticano. Pero la verdad es que fueron apresados por fuerzas policiales en sus parroquias, trasladados a Managua y encerrados en el Seminario de Fátima, de donde los sacaron para enviarlos desterrados a Roma. Lo mismo que hizo el régimen a los anteriormente encarcelados y desterrados.
Es muy bien conocido que en los países donde hay intolerancia, odio y persecución a la religión y particularmente a la católica, se hacen todo tipo de acusaciones contra los sacerdotes para desprestigiarlos, socavar la fe de la gente y minar la confianza pública en la Iglesia.
Además, en regímenes que hacen de la mentira y el ocultamiento de la verdad una política oficial, no pueden ser creíbles tales acusaciones a menos que los que acusan muestren evidencias inobjetables, o que los acusados reconozcan su culpa de manera voluntaria, sin que haya de por medio chantajes ni torturas de ninguna clase.
En el caso de este nuevo grupo de sacerdotes desterrados no es posible conocer qué cedió la Iglesia católica y específicamente el Vaticano para que el régimen los liberara y desterrara. Porque no se puede creer que lo hiciera a cambio de nada.
Ante las nuevas acciones represivas del régimen contra la Iglesia católica, después de que dijo que no habría más cristales ni campanas rotas, a falta de información hemos especulado que probablemente sea porque los líderes del régimen se sintieron desafiados por el Vaticano, cuando el papa confirmó a los obispos Silvio Báez y Rolando Álvarez en sus dignidades episcopales y en sus funciones diocesanas, aunque de hecho no las puedan ejercer.
No es posible saber si el caso de estos obispos estuvo de por medio en las negociaciones para la excarcelación y destierro del tercer grupo de sacerdotes. Pero ya se sabrá, pues como se dice sabiamente en el evangelio de San Marcos, 4:22, “no hay nada oculto que no deba ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz”.