Mensajes y señales antes de la gran decisión electoral en Venezuela

Este domingo 28 de julio, Venezuela escogerá entre dos trascendentales e históricas decisiones.

Una es que el pueblo venezolano vote abrumadoramente y decida poner fin cívicamente a la desastrosa y letal dictadura bolivariana. La otra es que el régimen de Nicolás Maduro se imponga mediante un gran fraude electoral, o que, no pudiendo hacerlo, no reconozca el triunfo de la oposición, desate una gran represión y radicalice la dictadura.

Antes de esta elección que para bien o para mal cambiará la historia política inmediata de Venezuela e impactará en toda la América Latina y el Caribe, ha habido señales diversas, malas y buenas, así como mensajes trascendentales.

Las señales positivas han sido las demostraciones en las encuestas confiables y las movilizaciones masivas de la campaña electoral de la oposición, que esta tiene la fuerza suficiente para derrotar a Maduro.

Las señales negativas han sido las acciones represivas, las arbitrariedades legales y técnicas del Consejo Nacional Electoral y las amenazas de Maduro con un baño de sangre, el caos y un golpe de Estado si pierde la elección.

Antes de cerrar su campaña, Maduro envió al país un mensaje televisado diferente, aparentemente tranquilo. Pidió un voto de confianza y prometió un cambio en el país. Habló de reconciliación y armonía nacional y dijo que los venezolanos están en “las mejores condiciones para dar un salto cuantitativo y cualitativo hacia el porvenir”. Pero sería una ingenuidad creer en la sinceridad de sus palabras.

El mensaje que sí ha sido sincero es el de la Conferencia Episcopal de Venezuela. Según los obispos venezolanos “el 28 de julio debe ser un día de fiesta democrática”. Indican que están conscientes de la grave situación del país, reconocen la persecución del régimen a la campaña electoral de la oposición democrática y la represión a sus representantes. Y denuncian que “es desleal y falta de toda ética política lo sucedido hasta ahora”.

Pero piden tener confianza en que Dios ayudará a los venezolanos a “tomar el camino más certero en los próximos años…”  En ese sentido invocan al profeta Isaías cuando dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré” (Is. 41,10).

Los obispos venezolanos señalan la necesidad de la participación ciudadana y la obligación moral que implica. Y citan al papa Francisco quien ha hablado de la necesidad de asumir un serio compromiso para hacer de la política “una herramienta para el progreso y la convivencia solidaria”.

Como se ha comentado en el periódico venezolano El Nacional, “cuando los obispos invitan a convertir el 28 de julio en ´un día de fiesta democrática´ no lo hacen en un arranque de entusiasmo y deseo superficiales, sino conscientes de la gravísima crisis nacional y de los desafíos que esta plantea; pero también y sobre todo confiados en el auxilio divino y en las potencialidades del pueblo para retomar su vocación y obligación de soberano democrático”.

Ojalá que así sea. Esperamos que el pueblo venezolano vote masivamente para decidir su destino en clave democrática. Deseamos que como piden sus obispos Dios le ayude a resolver exitosamente el enorme y crucial desafío que tiene planteado este histórico domingo 28 de julio.

Pero somos realistas y tenemos que decir que el régimen de Nicolás Maduro, por todas las señales que ha dado, no está dispuesto a respetar la voluntad popular y se impondrá como sea, a sangre y fuego si así lo considera necesario.

Por el bien del pueblo venezolano y de la causa de la libertad, la democracia y la justicia en América Latina y el Caribe, quisiéramos estar equivocados.

Editorial
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