Las relaciones de mandatarios extranjeros con Ortega sufren de altos y bajos a conveniencia del dictador nicaragüense. Así es el caso del expresidente estadounidense y ahora candidato a la Presidencia, Donald Trump, a quien Ortega «saludó» en 2016 cuando ganó los comicios de ese año.
El pasado 13 de julio, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo expresó su «más enérgico rechazo y condena» al atentado que sufrió Trump durante un acto político en Butler, Pensilvania, donde resultó herido en su oreja derecha.

«Los pueblos del mundo merecemos vivir en paz, seguros y tranquilos, desde nuestros derechos a congregarnos, expresarnos, y ser parte de una democracia que todos debemos poder ejercer», señaló el comunicado del régimen de Nicaragua, a la vez que refirió que elevó «sus oraciones y esperanzas de armonía y paz para el pueblo».
Pero no toda la relación de Trump con Ortega fue de «solidaridad», ya que en el transcurso de su mandato, estalló la crisis sociopolítica en Nicaragua.
La felicitación tras el triunfo de Trump
La llegada de Trump al poder estuvo precedida por una nueva etapa en las relaciones entre el régimen de Daniel Ortega y Estados Unidos. El 10 de noviembre de 2016, Ortega felicitó a Trump por su triunfo en las elecciones y aseguró que creía posible trabajar con Estados Unidos.
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«Nos sumamos a quienes creemos que es posible trabajar con los Estados Unidos, para contribuir a un mundo que privilegie diálogo y entendimiento, para atender los graves problemas que afectan a la humanidad, priorizando la paz», dijo el comunicado del régimen del 10 de noviembre de 2016.
En ese momento, estaba por llegar la primera versión de la Nica Act. El 11 de julio de 2016, diez congresistas encabezados por Ileana Ros-Lehtinen y Albio Sires, introdujeron por primera vez esta iniciativa ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos. La Nicaraguan Investment Conditionality Act (Nica-Act), que en español significa Ley de condicionamiento a la inversión nicaragüense.

El 21 de septiembre de 2016, el Congreso estadounidense aprobó por unanimidad la Nica Act. Pero a finales de 2016 esta iniciativa de Ley caducó, debido a que al entrar una nueva legislatura en el Congreso de Estados Unidos en 2017, las iniciativas en proceso en la anterior legislatura pierden vigencia.
No obstante, en diciembre de 2016, Estados Unidos enmendó la Ley Magnitsky, aprobada en 2012 por el Congreso y ratificada por el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, para ampliar su alcance para imponer sanciones a funcionarios de otros países involucrados en casos de corrupción.
Los primeros reclamos a Trump
Con la Ley Magnitsky, ya con Donald Trump en el poder, Estados Unidos sancionó a Roberto Rivas, el entonces presidente del Consejo Supremo Electoral, el 21 de diciembre de 2017, como parte de un grupo de 13 personas señaladas como abusadoras de derechos humanos y corruptos en el mundo.
En agosto de 2017, las relaciones entre Trump y Ortega aparentemente se tensaron, debido a que el régimen nicaragüense anunció la reapertura del juicio para cobrar a Estados Unidos la histórica indemnización a raíz del fallo en 1986 de la Corte Internacional de Justicia de La Haya a favor de Nicaragua por los daños provocados por el financiamiento a la contrarrevolución.

Ortega quería dialogar con Trump
Luego del estallido de la crisis sociopolítica en Nicaragua, Ortega concedió una serie de entrevistas, entre estas, una a la cadena France 24. En esa ocasión aseguró que estaba en disposición de dialogar con Donald Trump.
«Creo que la idea de tener intercambio y diálogo con un poder global como Estados Unidos, y aquí no estoy hablando solo en nombre de Nicaragua, también estoy hablando de América Latina, es necesario, de hecho es una imperativo», dijo Ortega en la entrevista.
“El hecho de que tengamos contradicciones profundas, de que Nicaragua haya sido víctima por siglos, de la política intervencionista y que a la fecha sigan insistiendo en esa política; no nos lleva a descartar la posibilidad de que Estados Unidos respete a Nicaragua y a los países de América Latina y el Caribe”, añadió.
Sin embargo, no hubo diálogo, al menos de manera pública y más bien, la administración de Donald Trump impuso sanciones, entre estas, a la vocera de la dictadura, Rosario Murillo.

Además, la administración de Donald Trump instó a adelantar las elecciones para salir de la crisis sociopolítica. Sin embargo, esto fue descartado por el dictador Daniel Ortega.
Sumado a esto, el 27 de noviembre de 2018, Trump calificó a Nicaragua como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos por la aplicación de tácticas represivas. Esta medida, Trump la extendió por un año más el 25 de noviembre de 2019.
Trump denunció “la violenta respuesta que el Gobierno dio a las protestas que comenzaron el 18 de abril de 2018 y el sistemático desmantelamiento de las instituciones democráticas y el Estado de Derecho por parte del régimen de Ortega”.
En septiembre de 2018, el Congreso aprobó la fusión de los proyectos de Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción de Nicaragua, S.3233, y la Nicaraguan Investment Conditionality Act (Nica Act), S. 2265, para aplicar sanciones más fuertes contra el régimen de Nicaragua.
Además, el 4 de febrero de 2020, durante el discurso del Estado de la Unión, Trump dijo: “Estamos apoyando las esperanzas de las personas de Cuba, Nicaragua y Venezuela”
Trump criticó a Biden por su política débil hacia Nicaragua
Después de su mandato, Trump fue enfático en que el mandatario Joe Biden podría hacer más frente a regímenes como el de Nicaragua.
En una entrevista concedida el 22 de julio de 2021 a Telemundo, Trump tildó de «débil» la política de la administración de Joe Biden. «No veo que esta administración esté haciendo mucho, es una política muy débil la que tiene hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua», dijo Trump.
El respaldo de Ortega ante el asalto del Capitolio
El 13 de febrero de 2024, Donald Trump prometió que, de ganar las elecciones presidenciales, liberará a los acusados y condenados por el ataque al capitolio el 6 de enero de 2021, cuando el entonces mandatario saliente convocó a sus seguidores para que acudieran al edificio con el objetivo de impedir que se ratificara la victoria de Joe Biden.
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En Nicaragua, el 24 de junio de 2021, Ortega aseguró que los presos por el asalto al capitolio son «presos políticos», a la vez que justificó las detenciones a los entonces aspirantes presidenciales en Nicaragua.
«(En Estados Unidos) son más de 400 ahí y aquí están pegando gritos por 20», dijo Ortega.
¿Qué se podría esperar de ganar Trump?
A consideración del diplomático y exasesor de la Organización de Estados Americanos (OEA), Guillermo Belt, es muy difícil adelantar la política exterior de Estados Unidos hacia Nicaragua si Donald Trump gana las elecciones. Sin embargo, expresó que, aunque la opinión de los mandatarios tiene mucha influencia en las acciones del país, las decisiones se rigen por una política de Estado.
«Es muy difícil que un presidente, porque opine en determinado tema, haga un cambio profundo en la política de ese país. Lo que puedo apreciar es que es una política exterior muy cautelosa que se basa en evitar conflictos y situaciones que queden fuera del control de este país. Entonces, con respecto a Nicaragua, la política exterior de Estados Unidos está fundamentada en que se produzca un caos total en el país, como el que se produciría en un cambio imprevisto y violento del régimen actual», refirió Belt.

Sin embargo, señala que en el caso de Trump es probable que se observen las mismas acciones que se llevaron a cabo durante su primer período en cuanto a las políticas hacia Nicaragua.
«Lo que podemos esperar, en el caso de que resulte electo Donald Trump, es algo parecido a lo que se vio en el primer gobierno de Trump, que se aplicaron sanciones y se adoptó una actitud bastante firme con respecto a la dictadura de Nicaragua. Es razonable esperar una actitud más fuerte que la de la administración del presidente Joe Biden», aseguró.
Por otro lado, un especialista en derecho internacional, consultado bajo condición de anonimato por temor a represalias, coincidió que es difícil saber cuál será el comportamiento de Trump ante Ortega si gana las elecciones.
«También conviene recordar que las relaciones internacionales son entre Estados, no entre gobernantes, aunque en la práctica sean estos últimos los que las ponen en práctica. Desde un plano meramente ideológico, no se vislumbra coincidencia entre Trump y Ortega, pero siempre hay intereses de Estado que tienen prioridad estratégica», señaló.
Sin embargo, consideró que una nueva administración de Trump podría dar más atención a lo que sucede en el hemisferio occidental.
«Una segunda administración Trump probablemente otorgue un nivel de prioridad al hemisferio, parecido al que vimos entre 2017 y 2021. De momento no hay nada en la plataforma de campaña que haga pensar lo contrario. Con relación a Nicaragua, probablemente también veremos continuidad. La estrategia suele estar condicionada por intereses de Estado, no por perspectivas personales», señaló.
Por su parte, Belt aseguró que, aunque se pueda esperar una posición más firme en una administración de Donald Trump, esto no debería crear falsas expectativas entre los nicaragüenses.