Regresión en la revolución

Con ese mismo título la Editorial Libro Libre de Costa Rica publicó en 1986 una obra que contenía ensayos de diversos autores, quienes analizaron el fenómeno de la Revolución Sandinista desde las más diversas perspectivas: económica, política, nacional e internacional, social, ideológica, religiosa y cultural.

Es oportuno recordar aquella obra escrita con rigor intelectual por reconocidos especialistas de formación democrática, ahora que se ha celebrado el 45 aniversario de la Revolución Sandinista, exaltada por el aparato propagandístico del régimen sandinista como el hecho más grandioso y transformador de la historia nacional.  

La conclusión de los autores de Regresión en la Revolución demostraron que el resultado de la Revolución sandinista de 1979  “fue el establecimiento de un régimen dictatorial sin precedente en la historia del país y a la vuelta de seis años el partido gobernante reprodujo de una manera aventajada y altamente sofisticada el estilo político del pasado”.

Razonaron los autores que con ese resultado “se frustraron de raíz las legítimas aspiraciones de los nicaragüenses quienes a la caída de Somoza, esperaban con fundada razón un cambio cualitativo en la vida social, política y económica del país que significara un rompimiento definitivo con el pasado; y que al final de cuentas sustituyera la exclusión por la participación, la arbitrariedad por el derecho, la dictadura por la democracia, el Estado patrimonio del gobernante por la república, la explotación por la justicia social y el entreguismo por la dignidad”. Y concluyeron en que “el Frente Sandinista condujo al fracaso ese gran esfuerzo de los nicaragüenses y arrastró al país y a Centroamérica a la mayor crisis de su historia”.

Pero los autores de Regresión de la Revolución previeron intelectualmente que la Revolución sandinista no duraría para siempre. “Sostenemos —expresaron en la introducción de la obra— que la aspiración del pueblo nicaragüense a vivir en un régimen democrático, participativo y pluralista que nunca conoció ni con los Somoza ni con el Frente Sandinista—, no es una necesidad superflua producto del capricho de algunos dirigentes, ni una imposición de Washington: es ante todo una necesidad objetiva y una reivindicación histórica que de no ser satisfecha en el corto plazo, agravará las tensiones internas y externas y profundizará la crisis regional”.

En efecto las tensiones internas y externas se agravaron en los siguientes tres años, pero al cabo de ellos, en 1990  fue posible lograr el cambio democrático, alcanzar la paz y comenzar la reconstrucción de la economía nacional arrasada por la Revolución.

Lamentablemente las transformaciones de la transición democrática que comenzó en 1990 y se extendió hasta 2006, no fueron suficientes para extirpar la Revolución sandinista, que mutó en el nuevo régimen sandinista orteguista; el cual, sin lugar a ninguna clase de dudas ha sido peor que el de 1979 a 1990, particularmente en cuanto a arrasar las libertades políticas y los derechos humanos de los nicaragüenses.

La revolución en la historia de Nicaragua, liberal, conservadora y sandinista, fueron nefastas para el país y sobre todo para la gente que es la que más importa. No resolvieron los problemas fundamentales que prometieron resolver y por el contrario crearon otros mayores. E impusieron nuevas formas de opresión peores que las anteriores.

A pesar de todo eso, asombrosamente hay quienes proponen ahora que para salir del régimen actual hay que hacer una nueva revolución. Ojalá que no suceda así, que la mutación actual del sandinismo sea la última forma de revolución en Nicaragua. Y que al salir de ella el país camine por la senda de la evolución, el desarrollo y la transformación gradual y pacífica de la sociedad, lo contrario del fenómeno revolucionario que siempre es violento, aplastante de la libertad y la dignidad de la persona humana. Y retrógrado, además.

Editorial
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