A finales de la década de 1960, María de los Ángeles Artavia recibió en su casa, en San José, Costa Rica, a un par de supuestos estudiantes que ingresarían a la Universidad de Costa Rica (UCR). Sin embargo, al poco tiempo se enteró que realmente no eran estudiantes, sino integrantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Aun así, los aceptó en la casa y de esa forma inició su involucramiento en la lucha contra la dictadura de Somoza.
Según cuenta una de las hijas de Artavia, que prefirió no decir su nombre por temor a represalias, ella tenía amplio conocimiento sobre las luchas contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Pero también, la mamá de Artavia contribuyó a recibir a militantes y guerrilleros sandinistas en Nicaragua.
«Ella no sabía cómo se llamaban, pero usaban seudónimos. Se presentaron como Juan Manuel. En realidad era Humberto Ortega. Nosotros decíamos que eran primos lejanos nuestros. Pero también, hubo un tiempo en que estuvo Carlos Fonseca y muchos otros del cuadro del Frente Sandinista», contó la hija bajo condición de anonimato.

Por aquella vivienda pasaron otros integrantes del Frente Sandinista, como Nora Astorga, Camilo Ortega, Gaspar García Laviana, Silvio Casco, Hilario Sánchez y el mismo dictador Daniel Ortega.
Según el relato, apoyar a los sandinistas les cambió la vida. Desde ese momento, tuvieron que vender su casa en Costa Rica para buscar viviendas con condiciones que permitieran alojar a más guerrilleros.
«De esa casa salió armamento para la toma del Palacio Nacional en 1978. Mi mamá y mi abuela estaban muy ilusionadas por el triunfo de la revolución», aseguró.
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La ilusión por aquella revolución, hizo que Artavia y su núcleo familiar viajaran a Nicaragua luego del 19 de julio de 1979. Primeramente residieron en Chinandega y posteriormente se asentaron en Managua.

«Cuando llegamos había ilusión de ver todo por lo que habíamos luchado, con igualdad de derechos para todos y de oportunidades. Mi mamá nunca quiso dejar de trabajar en Nicaragua y continuó dando sus servicios como enfermera», señaló.
Artavia abandonó Nicaragua a finales de la década de 1980 y no regresó al país. Sin embargo, asegura que la desilusión se apoderó de ella por el rumbo que tomó el sandinismo.

«A mi mamá le tocó ver esto último de 2018. Realmente estamos muy decepcionadas, porque eso no era lo que esperábamos. Te puedo decir que esos que están ahora no estuvieron en el Frente. En el caso de Daniel, su sed de poder pudo más que todo. Mi mamá amaba ese país y daba cualquier cosa por irse a vivir de nuevo. Ese país tiene un pedacito de nuestra alma», señaló.
Artavia falleció en 2023 y, según su hija, le tocó «ver con desilusión como se acabó todo por lo que ella luchó».
Somoza tenía una enorme red de espionaje en Costa Rica
Vladimir de la Cruz Lemos es historiador y excatedrático en las universidades públicas de Costa Rica. Desde muy joven formó parte de movimientos estudiantiles en Costa Rica y en esos espacios se involucró con militantes sandinistas y guerrilleros.
Según relató a LA PRENSA, su familia fue muy frontal en su posición contra la dictadura de Somoza.
«Tuve la oportunidad de traer a Costa Rica a Henry Ruiz, el ‘comandante Modesto’ y acá lo vinculamos para que pudiera estudiar en la Unión Soviética. Allá, se apartó de los estudios e inclinó por las tendencias guerrilleras», aseguró.

A raíz de su participación en el Movimiento del Partido Socialista Costarricense, junto con Vanguardia Popular, encabezó las brigadas internacionales que contribuyeron con los sandinistas desde Costa Rica. De esta forma, albergó en su vivienda a guerrilleros y apoyó la movilización de armas, según relata.
Cuando triunfó la Revolución sandinista, el 19 de julio de 1979, asegura que viajó inmediatamente a Managua y descubrió el espionaje que Somoza tenía en Costa Rica.

“Estuve en los archivos de Somoza y habían tres expedientes míos. Eso fue impresionante porque denotaba el espionaje que tenía Somoza en Costa Rica. Decía que era líder estudiantil y que intervine en el entierro de Carlos Agüero, que fue parte de la Dirección Nacional del Frente Sandinista. El discurso que di durante el entierro estaba en la ficha”, señaló.
Carlos Rafael Agüero Echeverría fue un costarricense originario de la provincia de Cartago, pero se involucró en el sandinismo luego que se trasladó a Nicaragua para estudiar en la Universidad Centroamericana (UCA).
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Actualmente, Vladimir de la Cruz es crítico al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y asegura que se encuentra desilusionado por la forma en que se convirtió en una dictadura.
«Ortega se enquistó en el gobierno con una estructura para elementos de corrupción. Todo eso empañó las banderas y las usa para justificar un gobierno despótico. El pueblo nicaragüense se merece un proceso de rescate de Nicaragua y de la democracia», señaló.
El papel de Costa Rica durante la revolución
Al igual que Artavia y De la Cruz, muchos costarricenses se solidarizaron con los nicaragüenses durante la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.
Constantino Urcuyo es investigador y analista político costarricense, descendiente de familia nicaragüense. Él asegura que su tío, Gabriel Urcuyo, fue torturado en la cárcel de la Loma de Tiscapa y que su familia fue perseguida por 30 años. Además, señala que sus familiares que estaban en contra de la dictadura somocista «no verían con buenos ojos lo que se ha instaurado en Nicaragua».
«Mi familia fue radicalmente en contra de la dictadura de los Somoza. Siempre tuve una actitud de rechazo a esa dictadura familiar», señaló.

Según Urcuyo, el apoyo al Frente Sandinista desde Costa Rica provino más desde partidos de tendencia de izquierda, pero también de personas que consideraban a Somoza como un peligro para la región.
«Porque Somoza había atacado a guardias civiles en la frontera, financiaba las campañas electorales de algunos personajes de la ultraderecha costarricense. Entonces, había gente con rechazo a Somoza y que no eran marxistas leninistas», recuerda.
Al principio no había tanto apoyo, considera historiador
El historiador y catedrático costarricense, Hugo Vargas, considera que la rebelión sandinista no tuvo tanto apoyo en un primer momento entre los costarricenses.
Según Vargas, fue a raíz del recrudecimiento de la situación y el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, Mártir de las Libertades Públicas y director del Diario LA PRENSA, que se generó un impacto muy fuerte en Costa Rica, lo que provocó que el entonces presidente Rodrigo Carazo, quien asumió en 1978, tomara una posición más activa contra Somoza.

«Somoza tomó algunas medidas que fueron repudiadas por la opinión pública costarricense, como el ametrallamiento desde el aire en septiembre durante el intercambio de la Antorcha de la Independencia. Todo esto desembocó en una ruptura diplomática entre ambos países. Somoza amenazó con invadir Costa Rica, entonces, otros países solidarios enviaron apoyo», relata.
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A consideración de Vargas, la desilusión de los costarricenses con la Revolución se dio poco después, puesto que Nicaragua no adoptó una vía democrática.
“Claramente se consideró que lo que se estaba viviendo en Nicaragua no era aquello con lo cual mucha gente soñó en términos positivos y se solidarizó cuando se dio la lucha con Somoza. Porque, por ejemplo, el gobierno provisional cuando triunfó la Revolución, se formó en Costa Rica”, refirió.

A raíz del desencanto y por las condiciones actuales del país vecino el sur, Varvas considera que no hay pleno conocimiento por parte de los costarricenses de la situación en Nicaragua y el peligro que representa para la región.
«Me parece que no hay plena claridad de que lo que hay en el norte es una dictadura en un contexto de crimen organizado que puede incidir negativamente en la convivencia democrática en Costa Rica”, puntualizó.
Este 19 de julio, el régimen Ortega Murillo «celebrará» el 45 aniversario de la Revolución sandinista «en soledad», sin invitados de mayor relevancia y con actividades cerradas.