Sandinismo e identidad nacional nicaragüense

Este viernes 19 de julio se conmemora el 45 aniversario de la Revolución sandinista de 1979. La celebran los sandinistas, pero no los nicaragüenses en general y ni siquiera por la mayoría, aunque los sandinistas impusieron desde el poder que es un día de fiesta nacional.

Eso es absurdo en sí mismo, porque una celebración partidista, o sea de una parte de la población, no puede tener la misma categoría que las Fiestas Patrias del 14 y 15 de septiembre, que sí son patrimonio de todos los nicaragüenses.

Ya durante su primera dictadura en los años ochenta del siglo pasado, el partido FSLN trató de imponer su ideología, historia y símbolos partidistas como parte e incluso sustentación de la identidad nacional nicaragüense. Algo que sigue haciendo ahora por medio de la educación pública ideologizada y politizada, con la exhibición forzada de los símbolos partidistas en todos los ámbitos del Estado y la sociedad y a través de promover un culto cuasi religioso a su caudillo personal.

La identidad nacional está integrada por la historia común, la religión que profesa la mayoría, los símbolos patrios que son la bandera, el escudo y el himno nacional; los héroes que lucharon y hasta dieron la vida por defender el suelo patrio y a toda la nación, no solo a una parte de ella; el idioma y los lenguajes de las etnias minoritarias; la música, la danza y demás artes folclóricos; la literatura propia; los símbolos naturales y la gastronomía particular.

Con el paso del tiempo esos componentes de la identidad nacional se modifican y enriquecen. Pero con la pretensión de incluir en ella valores particulares de partidos políticos, sea el sandinista, el liberal, el conservador, el socialdemócrata  o cualquier otro, lo que se hace es pervertir la identidad nacional.

Sobre todo cuando se trata de un partido como el sandinista, que por sus acciones en el poder ha dividido y enemistado a la nación, ha actuado en contra de una parte en beneficio de otra, ha provocado la discordia nacional en vez de promover la concordia entre los nicaragüenses, como es la obligación de todo partido político responsable que respeta a todas las demás personas que no comulgan con su ideología ni aprueban sus acciones.

La mejor prueba de que el sandinismo no es y no puede ser parte de la identidad nacional es que la celebración del 19 de julio y otras fechas de la Revolución sandinista es obligada por el Estado; se trata de un festejo político que entusiasma y emociona a los militantes y simpatizantes del FSLN, pero es repudiado o por lo menos ignorado por todos los demás nicaragüenses.

Las encuestas de CID-Gallup indican que a lo sumo un 15 por ciento de los nicaragüenses apoya al FSLN. De manera que es absurdo decir que el pueblo celebra el aniversario de la Revolución sandinista, y peor todavía  que el sandinismo sea parte de la identidad nacional nicaragüense. Una cosa es Sandino como héroe nacional porque luchó contra la ocupación militar extranjera y por la defensa de la soberanía nacional, y otra muy distinta el sandinismo como movimiento político que invariablemente ha actuado en contra de los intereses y los sentimientos de la mayor parte de los nicaragüenses.

Los sandinistas tienen derecho de festejar el aniversario de su revolución. Pero no a obligar a los nicaragüenses en general a que sientan y celebren el 19 de julio igual que sienten y celebran el 14 y el 15 de septiembre, que son las fechas conmemorativas de la victoria en la guerra contra los filibusteros yanquis y de la independencia nacional.

Los valores, principios y acciones de un partido político no pueden ser parte de la identidad nacional. Y menos de  uno que en el ejercicio del poder se ha distinguido por ser sectario, excluyente, discriminatorio, autoritario, enemigo de las libertades individuales y violador de los derechos humanos de todos los nicaragüenses, incluso de muchos de los mismos sandinistas.

Editorial
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