La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) realizó esta semana una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de los países que la integran, en ocasión de conmemorar el 75 aniversario de su creación.
La reunión se celebró en la ciudad de Washington, donde la OTAN fue creada en 1949 por 11 Estados de Europa más los Estados Unidos (EE. UU.), como una alianza estratégica defensiva ante una eventual agresión de la Unión Soviética contra cualquiera de ellos. Ahora la OTAN está integrada por 32 Estados.
La Unión Soviética fue disuelta en 1991, pero la OTAN siguió existiendo para enfrentar la nueva amenaza global contra el Occidente democrático, ahora por parte del terrorismo internacional y en particular el islámico.
Reducida, aunque no desaparecida la amenaza del terrorismo global, la OTAN entró en un período de decadencia. Sin embargo, se reanimó y fortaleció a raíz de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, que con razón fue percibida como una amenaza del nuevo imperialismo expansionista ruso contra los demás Estados europeos que formaron parte de la extinta Unión Soviética. Y por lo consiguiente contra toda Europa democrática y EE. UU.
En la Cumbre de Washington de esta semana, la OTAN tomó varios acuerdos de singular importancia destinados a fortalecer el respaldo militar y económico a Ucrania, así como la capacidad militar defensiva de la propia alianza atlántica, sobre todo la ampliación del escudo antimisiles. En paralelo, EE. UU. y Alemania anunciaron que a partir de 2026 serán desplegados en territorio alemán misiles estadounidenses de largo alcance.
Como muy significativa califican los analistas especializados en el tema la condena clara y categórica de la OTAN a China por “su facilitación de la guerra de agresión rusa contra Ucrania”. “China suministra las herramientas, el equipamiento, la tecnología, los microprocesadores y la microelectrónica que Rusia necesita para crear sistemas de armas”, declaró el secretario general de la OTAN.
Los acuerdos de la Cumbre de la OTAN en Washington y en particular el anuncio de que EE. UU. va a desplegar misiles de largo alcance en territorio alemán, generó una inmediata reacción agresiva de Rusia que por medio de algunos voceros amenazó con “una respuesta militar” al avance de la OTAN, inclusive nuclear, así como la instalación de bases de misiles en la vecindad del territorio norteamericano. O sea, en Cuba, Venezuela y Nicaragua cuyos gobiernos son aliados del imperialismo ruso y respaldan su guerra contra Ucrania.
Pero no es la primera vez que Rusia amenaza a Occidente con una guerra atómica, desde que inició su agresión bélica contra Ucrania. En marzo de 2022, poco después de comenzar la invasión rusa que no pudo cumplir el objetivo de ocupar rápidamente la capital del país y derrocar al gobierno ucraniano, el presidente ruso Vladímir Putin se presentó en la televisión ordenando a su ministro de Defensa activar la alerta superior del arsenal nuclear.
A partir de entonces el presidente ruso ha mencionado varias veces su disposición de usar las armas nucleares contra Occidente, por el apoyo militar que la OTAN le proporciona a Ucrania. Hasta ahora esas amenazas solo han sido balandronadas. Los expertos en estrategia militar global opinan que Putin no se atrevería a dar ese paso, porque sabe que podría lanzar la primera bomba nuclear, pero que también sería la última, porque las potencias de la OTAN están dotadas igualmente de armas nucleares y responderían al ataque ruso de inmediato y con contundencia definitiva.
Como sea, sin duda que el agravamiento de estas tensiones mundiales atañe directamente a Nicaragua, por su alineamiento con Rusia y el apoyo explícito a su guerra de agresión contra Ucrania, vale decir contra la Europa democrática y la OTAN incluyendo a EE. UU.
Probablemente Rusia no cometerá el acto suicida con el que amenazan sus voceros. Pero en la nueva guerra fría que se está calentando cada vez más, a Nicaragua se le ha puesto otra vez en medio de las patas de los caballos grandes, como ocurrió en la anterior guerra fría durante los años ochenta del siglo pasado.