Sálvese quien pueda

En un país de cerca de seis millones de habitantes se calcula que más de 700 mil se han visto forzados al exilio. Algunos dicen que la cifra real podría ser un millón. Lo que indicaría que la sexta parte del país ha salido a raíz de la crisis sociopolítica que se lleva en tierra pinolera.

De este millón se calcula en más de 265 comunicadores sociales que se vieron forzados al exilio. Recientemente la Fundación para la Libertad de Expresión y la Democracia presentó su informe trimestral de los meses abril, mayo y junio 2024, en el que además indica que las amenazas y represión que llevaron a estos comunicadores al exilio está afectando a los “medios oficialistas”.

No ahondaré en la discusión sobre cómo pasamos a ser diferentes los “periodistas independientes” de los “periodistas del poder ciudadano”, pero sí decir que al final de cuentas todos somos comunicadores y lo que pasa muestra que ya no solo se está en contra del discurso que maneja un comunicador sino de la capacidad, habilidad, herramientas y derecho a la libertad de expresión.

Tengo colegas que dicen que se pasaron “al lado oscuro” por un tema económico, que sobre todas las cosas hay que mantener a una familia y comida en la mesa, otros que dijeron que “no venderían su alma” a un régimen represivo y prefirieron salir al exilio.

El tema es que ser comunicador se ha convertido en un riesgo porque la modificación de la legislación nos mete a todos y en serio a todos en el mismo saco.

Ya no importa si eras periodista oficialista, si te llamas independiente o incluso si hace años no ejerces el periodismo. Además, no hablemos de periodismo, hablemos de comunicación social, porque ya he visto más de algún relacionista público empacar y salir de la Nicaragua, Nicaragüita que los vio nacer.

En el informe de la FLED se lee el testimonio de un periodista oficialista que dice: “Se nos ha prohibido la apertura de líneas telefónicas, para que la ciudadanía exprese sus opiniones e inquietudes sobre cualquier temática; ahora la modalidad es enviar audios, los que son evaluados previamente”, expresó un periodista oficialista con el que FLED conversó.

En resumen “sálvese quien pueda”, porque hasta lo básico de la comunicación debe ser revisado, supervisado y autorizado.

En Nicaragua el ambiente es de desinformación. Algunos mencionan que se informan con medios en el exilio, porque es lo que queda, otros que ya no quieren escuchar la radio porque no quieren escuchar lo mismo todos los días a la misma hora, después o durante la comida.

Un pueblo desinformado para ser dominado es una historia que ya vivió Nicaragua y curiosamente quienes defendieron la alfabetización para evitar la dictadura son los que aprendieron que este era un método para mantenerse en el poder.

La labor de informar y educar es un reto en estas condiciones. Pero también los informes mostraron que después de 2018 surgieron más de 30 medios independientes, así que comparto la opinión de un amigo que dice que la respuesta a la represión contra el periodismo es más periodismo.

Así como el médico no se permite dejar morir a un paciente, el periodista no puede permitir un apagón informativo y creo que esta vocación del comunicador es lo que ha llevado a que las amenazas alcancen a todo comunicador.

Siempre critico que la comunicación se ha quedado corta ante cosas como “el manual del dictador” en la región, pero lo cierto es que se está ejercitando y ganando velocidad, esperemos pronto podamos tener el periodismo y la comunicación que Nicaragua necesita.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Opinión
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