Decepción en Atlanta: el debate entre Biden y Trump

Muchos estadounidenses conmemoraron el 4 de julio, Día de la Independencia, con el mal sabor que les dejó el debate del pasado jueves 27 de junio entre los dos candidatos a la Presidencia: el presidente Joe Biden y el expresidente Donald Trump.

El debate fue decepcionante sobre todo para los partidarios de Biden, quien se vio balbuceante y muchas veces incoherente, incapaz de dar respuestas contundentes a las bravatas, los insultos y las mentiras de un Trump siempre impetuoso y arrogante. Inmediatamente después del enfrentamiento entre ambos políticos en los estudios de CNN en Atlanta, capital del estado de Georgia, se alzaron las voces de numerosos comentaristas destacando los estragos que la edad, el implacable paso del tiempo, han causado en Biden. El New York Times, la importante tribuna periodística de tendencia liberal, no vaciló en proclamar en un editorial fechado el 28 de junio que “para servir a su país, el presidente Biden debe abandonar la campaña” por la Casa Blanca. El presidente apareció el jueves por la noche como la sombra de un gran servidor público”, afirmó el Times.

El mandatario demócrata, en efecto, evidencia un desgaste que para muchos —incluido este autor— lo incapacita para un segundo período en la presidencia. Biden no supo responder a los argumentos demagógicos de Trump, que otro político más ágil hubiera rebatido con facilidad. No rompió lanzas por los inmigrantes, que siempre, desde los orígenes de la nación, han sido un pilar fundamental del desarrollo económico estadounidense. No expuso de manera convincente sus logros al frente del país. No defendió con la contundencia necesaria sus medidas, como un plan nacional de vacunación, que combatieron con eficacia a la covid-19, una pandemia a la que Trump, cuando era presidente, restó importancia y luego enfrentó con políticas erráticas. Y terminó su argumento sobre la batalla contra el coronavirus confundiéndose y diciendo un disparate: “Finalmente derrotamos al Medicare”. El Medicare es el plan de salud pública para personas de la tercera edad y discapacitados. Biden tampoco fue capaz de explicar con claridad cuáles serían sus objetivos en un segundo término.

Trump, en cambio, saltó al ruedo con fiereza. Culpó a su rival de la inflación. Eludió las referencias a su incitación al asalto al Capitolio nacional el 6 de enero de 2021, una agresión sin precedentes que una turba de partidarios de Trump llevó a cabo con el propósito de revertir la victoria electoral de Biden. Negó haber tenido relaciones sexuales con una actriz porno. Volvió a usar la inmigración irregular como su caballo de batalla, culpando al presidente de delitos cometidos por inmigrantes indocumentados, con frases falaces como: “Están matando a nuestra gente. Están matando a nuestros ciudadanos a un nivel que nunca antes habíamos visto”.

Biden debió haber recalcado que, en realidad, los cruces ilegales de la frontera con México han disminuido recientemente, y que la cantidad de delitos cometidos por inmigrantes es muy inferior a la que cometen ciudadanos estadounidenses, pero se limitó a responder: “Todo lo que ha dicho es mentira”. Biden debió haber sido más enérgico y aportar más datos para desmentir a su rival.

Biden, con 81 años, solo tiene tres años más que Trump. Pero la diferencia de edad pareció más pronunciada en el debate, en el que el presidente titubeó muchas veces y terminó algunas frases con incoherencia, mientras Trump repetía acusaciones y mentiras con firmeza. Trump incluso alardeó de estar en una forma física excelente, asegurando que se sentía igual que muchos años atrás, y que Biden sería incapaz de competir con él en un partido de golf. En realidad, Biden se veía en el debate mucho mayor que su contrincante. En una sociedad donde la imagen es muy importante, y que practica un culto a la salud física y a la apariencia juvenil, la percepción de la diferencia de edad conspira contra el intento de reelección de Biden.

Los demócratas debieron haber buscado un rostro nuevo para presentar en los comicios de este noviembre. Alguien de menos edad, con ideas más afines a los jóvenes y a los electores progresistas que le han dado la espalda a Biden; alguien que pueda enfrentar a Trump con más posibilidades de victoria. Se han barajado nombres: Gavin Newsom, el gobernador de California; Michelle Obama, la ex primera dama, abogada y escritora; Pete Buttigieg, el secretario de Transporte; y la propia vicepresidenta, Kamala Harris, una abogada brillante que fue senadora por California. Biden afirmó que seguiría en la campaña y que derrotaría a Trump en noviembre, pero no hay que descartar que tire la toalla si no logra convencer a los electores demócratas que todavía está apto para el cargo.

Lo que vimos en el debate de Atlanta fue decepcionante: dos políticos con ideas obsoletas, incapaces de sostener un debate inteligente y de explicarle claramente a un público perplejo cuáles serían sus objetivos al frente del gobierno. Dos políticos que han perdido el contacto con las generaciones nuevas, con los jóvenes que van a cambiar decisivamente y para bien el futuro de la nación. [FIRMAS PRESS]

El autor es un escritor y periodista radicado en Miami. Su novela más reciente es La espada macedonia, publicada por Mundiediciones. En 2023 publicó un libro sobre la pandemia del covid-19, titulado Una plaga del siglo XXI, a la venta en Amazon.
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Opinión
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