Colombia es un país maravilloso, conozco dos ciudades y ambas tienen su encanto. En 2008 tuve la oportunidad de conocer Cartagena de Indias, enviada por el ministro de Educación, Miguel De Castilla (q.e.p.d.) a un evento de la Unesco en celebración del aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y en 2024 la vida me regresó a tierras colombianas, pero ya no cerca de playas sino entre montañas, a Bogotá.
De 2008 recuerdo a un chico que ofrecía comida en la playa y cuando le dije que era nicaragüense me preguntó si él era de Nicaragua o Colombia, porque había nacido en la Isla de San Andrés y tenía la duda. Le respondí que eso era sencillo de responder y le consulté dónde había ido a la escuela y quién lo atendía cuando se enfermaba, me indicó que instituciones colombianas, por lo que en ese momento le aseguré que San Andrés era colombiana y estaría más claro en el futuro.
No sé si saqué la bolita de cristal, pero cuando Nicaragua y Colombia se enfrentaron en la Corte Internacional de Justicia, los nicaragüenses recuperaron su salida al Océano Atlántico y Colombia ratificó que San Andrés era suyo.
En esta segunda ocasión, la gente no me pregunta por San Andrés, me pregunta cuándo se irá Daniel Ortega del poder, qué pasará si fallece, si Rosario Murillo o alguno de sus hijos asumirá el poder y la verdad creo que aquí me falla la bola de cristal porque no tengo ni la menor idea de cuál será el futuro de los nicaragüenses.
Ya en confianza me preguntan por la comida y el café y la verdad se come igual de bien que en tierra pinolera y no puedo comparar cafés tan buenos.
Sin embargo, una de las cosas que me llama la atención de ambos países es la inseguridad. No sacar el celular en la calle para “no dar papaya” o para que “no te vayan a pelar”, es una de esas similitudes que duele reconocerlas.
Pero también nos parecemos en la amabilidad de la gente. En Nicaragua platicamos con alguien y le abrimos la puerta de la casa, y los colombianos te saludan como si te conocieran de toda la vida.
Ya en detalle, me llamó la atención ver un semáforo donde la luz que te indica si detenerte o continuar es una niña, en las cafeterías y restaurantes ves mujeres solas sin que las observen como animales raros, creo que en general hay mucha igualdad y respeto a las mujeres.
Sin embargo, hay un dato que me llamó la atención: es un país que con más de 50 millones de habitantes reporta 271 femicidios hasta mayo 2024. Podría ser una cifra considerada baja, pero creo que es de esos temas en los que la cifra debería ser 0.
No discutiré si las arepas son colombianas o venezolanas, diré que las que he probado me han encantado, así como la diversidad de pan. Culinariamente Colombia tiene gran potencial y su gente es cálida como sus playas y fascinante como las vistas de montañas.
Nicaragua y Colombia son países que a pesar de todo no están tan lejos, aunque la mayoría no se mueven por el mar en disputa, pero una ruta para unir dos naciones es que comparten café, buena comida y gente linda.
Explorar Colombia es como aventurarse a los diferentes departamentos de Nicaragua. Aunque en mi linda patria conozco casi todo el país, en tierra colombiana aún tengo muchos pendientes.
Quiero cerrar contando que busqué nicaragüenses en Colombia, encontré un grupo en Facebook y para ingresar debías responder los ingredientes del gallopinto. Me pregunto cómo se buscaría un colombiano en Nicaragua. ¿Qué receta pedirían?
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.