El “Chele” Ruiz

Esta semana falleció el padre Miguel Ángel Ruiz (q.e.p.d.) y en el momento de pedir al cielo reciba a este sacerdote jesuita pasaron por mi mente momentos en los que pude compartir con él y no puedo dejar de pensar que coinciden con la etapa en la que empecé a madurar y comprender dos lecciones que hasta hoy rigen mi vida: la educación es el bien más valioso que puedes dar a un ser humano y nunca dejes de luchar por lo que amas.

No lo conocí como amigo, lo conocí como el director del Colegio Centro América (CCA). Me tocó entrar por única vez en esa oficina para solicitar una beca porque mi papá, quien me pagaba la educación, se encontraba mal de salud por la diabetes. Recuerdo que entré con la novedad de conocer a la cabeza de uno de los mejores colegios del país.

La plática fue muy adulta, al menos así lo creo yo. Le comenté que mis hermanos y yo habíamos estado en el colegio juntos sin pedir descuento y que ya solo faltaba yo para bachillerarme con el lema “En todo amar y servir”, le comenté que había estado en pastoral, en el equipo de baloncesto, que había declamado en todos los actos culturales sin pedir una beca deportiva o cultural y que amaba ese colegio como para salir por temas económicos y le dije: “No vengo a pedirle nada que no me merezca”.

Era un hombre rudo que respondió que la diabetes no era tan grave y que no esperara que mi papá falleciera. De igual manera le dije que mi papá ya no podía trabajar ni pagarme el colegio. Como dudando de mi palabra, me pidió hablar con mis padres y fijamos una cita. Llegó el día y cuando salieron de la oficina mi mamá estaba sonriendo y me transmitió paz, a mi papá fue de las últimas veces que lo vi caminar. El Chele Ruiz les dijo: “Vaya hija la que tienen”.

Terminé el quinto año en medio del desgaste de salud de mi papá, le cortaron una pierna y le hacían diálisis por el deterioro de sus riñones.

Me bachilleré y recuerdo sentirme sorprendida por la cantidad de veces que subí a recibir del Chele Ruiz mis diplomas de bachiller del CCA, del Ministerio de Educación, de perseverancia y por deportista.

Llegó el momento de entrar a la Universidad Centroamericana (UCA) y aprobé el examen para entrar a la carrera de Comunicación. Mi generación fue la última del CCA en hacer el examen de admisión, asunto de jesuitas supongo.

En ese momento la UCA tenía la Cuota Voluntaria Requerida (CVR) y como venía del CCA me establecieron automáticamente lo mismo que pagaba en el colegio. Mi madre fue honesta y me dijo que ella no podría pagar eso y una vez más defendía lo que más quería y solicité hablar con un administrativo de baja estatura del que no mencionaré nombre, me dijo que si con mi padre enfermo podía pagar el CCA lo podía hacer con la UCA, por más que le expliqué que él estaba desahuciado insistía, “la diabetes no es mortal”, lo más que logré hacer fue que me permitiera hablar con el jesuita a cargo y la vida me puso de nuevo frente al Chele Ruiz.

Nuevamente discutimos el tema de que tenía de los mejores promedios de mi sección, que ya estaba en pastoral y en el equipo de baloncesto y fue entonces que me preguntó si podría pagar la deuda acumulada del primer semestre y le dije que sí, pero con dificultad. Por lo que me aprobó una beca que consistía en no pagar.

Mi papá falleció el primer día de clases del segundo semestre, en medio de esa discusión, por lo que recuerdo la cara del chaparrito administrativo cuando le dije “la diabetes no es mortal para usted, pero mi papá falleció por ella”. Me llamó el Chele Ruiz y casi a manera de disculpas decidieron además de eximirme de pago brindarme una beca con apoyo económico.

Terminé la universidad y por temas de salud del rector de la UCA se había colocado al Chele Ruiz a cargo. Yo cursé un posgrado en Periodismo Judicial y para recibir este título debía acelerar mi título de licenciada y me tocó ir a una graduación en la que la misma persona que me dio mi título de bachiller me dio el cartón que me acreditaba como licenciada. Al saludarlo me dijo al oído: “Lo que nos ha costado esta periodista”. Y yo solo le respondí con la pregunta: “¿A ustedes?”

Como periodista de LA PRENSA hice muchas notas sobre el seis por ciento asignado a las universidades y me tocó entrevistar al Chele Ruiz, fue la última vez que me senté frente a su escritorio y pude platicar con él. Recuerdo que la entrevista terminó cuando hablamos de los jesuitas y las críticas que les hacía el Gobierno y me respondió: “Podrán decir lo que quieran de nosotros, pero de que educamos bien, educamos bien y frente mío tengo una prueba de ello”. Una de las pocas veces que un entrevistado logró dejarme sin palabras.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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