Del exilio y un plan de vida

Más allá del exilio, de salir de la tierra que los vio nacer, los exiliados tienen en común ser víctimas de la violación de un derecho fundamental, el derecho a un plan o proyecto de vida. Escuché a defensores de derechos humanos hablar de esto y la reflexión me llevó a calcular que el impacto es considerable y difícil de medir.

En este plan de vida hay tres momentos que muestran el impacto de los efectos de la violación a este derecho humano. El primero, es que los exiliados salen de sus casas, se separan de sus familias y de ese plan que se habían trazado para su “jubilación”, independientemente del pago o no de un seguro social.

“Yo tenía mi vida hecha, pensaba jubilarme y montar un negocio”, decía un exiliado en Costa Rica. Ese es un primer punto que muestra el impacto en las víctimas de una decisión de un “gobernante” de declarar a un ciudadano “traidor a la patria” y obligarlo a huir de su propio país.

El segundo, es el estado de negación de los exiliados que tiene señales muy marcadas: no compran cosas porque preguntan “qué haré con eso cuando regresemos”, no quieren “echar raíces”, con propiedades e incluso amistades en el país de acogida.

Y finalmente, un tercer momento es cuando se pasa a la aceptación y se renuncia a ese plan de vida y se vive “un año a la vez”. Decía un grupo de exiliados que cuando aceptas que el regreso no será pronto vives “un año a la vez”, pero ya esto incluye la aceptación de que hay que planear, al menos un año, en otro país que no es donde tienen el ombligo.

El derecho a un proyecto de vida es reconocido como un derecho fundamental, como un derecho humano y para algunos es difícil reconocer que están siendo víctimas de la violación a este derecho.

Un ciudadano nace en un país y tiene derecho a trazarse un proyecto de vida en ese lugar. Obligar a alguien a salir de su país para resguardar el derecho a la vida es violentar ese derecho.

El impacto que tiene violentar este derecho puede tener más de una víctima y eso lleva a un cuarto punto sobre el que se puede profundizar. Los hijos e hijas de exiliados se ven afectados con la separación de sus padres, las parejas que no se exilian juntas llevan una relación a distancia, las madres y padres de los exiliados también sufren esta separación y más cuando entre ellos había ya un proyecto de vida trazado.

Quitar la nacionalidad a una persona afecta este proyecto de vida, incluso cuando la persona se lo trazó en otro país. No reconocer la “legalidad” de un ciudadano como su título lo deja sin poder defenderse como profesional y no queda espacio en este artículo para abordar el impacto de perder el nombre en documentos que reconocen a un menor. Es decir, perder la nacionalidad y comprender que legalmente esos niños y niñas no tienen un padre o madre en su documentación.

La crisis de derechos humanos que enfrenta Nicaragua ha afectado a todas las generaciones y por ello es que los organismos internacionales han hecho énfasis en que hay que analizar el impacto en la niñez. Esperemos que también podamos hacer énfasis en los proyectos de vida que se van olvidando y pasando de un “cuando me jubile” a “un año a la vez”.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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