El avance de internet ha hecho que mucho de la vida real tenga una app o una versión digital. Ya la gente desde el celular hace transacciones sin ir al banco, se reúne sin estar en el mismo salón y Nicaragua no se ha quedado sin medios de comunicación gracias a los sitios web, canales de Youtube y redes sociales que aún desde el exilio transmiten otra cara de la moneda.
Pero, más allá de esta ventaja los comunicadores encontraron en el mundo virtual nuevas audiencias y nuevas formas de comunicar. Una realidad “modificada” para la vida de los que conocieron a Google en el camino y no a los que se los presentaron en las cunas.
Lamentablemente aún no se ha trabajado lo suficiente para evitar que el internet sea para algunas madres y padres de familia una versión de niñera, ni se ha combatido otros males del internet. Y es que las redes sociales llegaron como un regalo sin manual en muchos casos.
Siempre se habla de lo fácil que es engañar en internet. Las jóvenes de ahora pueden encontrar el perfil de un chico al que consideran “guapo”, pero con una búsqueda de la imagen y otras herramientas podrían llegar a descubrir la falsedad de un perfil o incluso encontrar que es un medio para atraer a víctimas, sobre todo mujeres a las que se les enamora en línea.
En el escaso análisis de la realidad del internet y las redes sociales se discute mucho en qué es real y qué no lo es. Algunos hasta han criticado si el “online” ha servido para montar un “golpe de Estado”, han señalado que se “exageró” en lo ocurrido en abril de 2018.
Sin embargo, hay algo que no se puede negar. Cuando hay una transmisión en vivo, te puede hacer falta de la CACA periodística (Contexto, Actualidad, Comparación y Análisis), pero lo que ves grabado por “personas de a pie” difícilmente tiene una mala intención.
Esta semana México vivió un ambiente electoral y en redes sociales circula un video del asesinato de un Alfredo Cabrera, candidato a alcalde, durante su cierre de campaña. El hecho fue grabado en vivo. Es difícil cuestionar cuando el hecho es grabado casi que de forma “accidental” y queda completamente registrado en imágenes.
Siguiendo con Nicaragua, en 2018 se cuestionó si había realmente más de 300 muertos, o se exageraba con la cantidad la situación. El inicio de una crisis no se exagera cuando sale una marcha de miles de personas (aunque se dice que en más de una había cerca de un millón) y de pronto la misma gente con sus celulares documentó la muerte de jóvenes en diferentes partes del país.
Es difícil poner en duda la crueldad de la policía (y de cualquier ser humano) que no se inmuta ante los gritos de una mujer en plena calle frente al cadáver de su esposo que porta en su mano una tiradora y dice “ayúdenme a sacarlo”.
Lo que circuló en internet se guardó en diferentes dispositivos móviles y lo que vivieron los nicaragüenses en 2018 es real, porque en estos casos lo que sería cuestionable o analizable es la extensión de la audiencia, la calidad de las grabaciones, pero difícilmente la exageración de los hechos.
La realidad y las redes sociales no deben ser una para cuestionar a la otra, ni una mal llevada a la otra. Esperemos que, así como hoy tenemos análisis de imágenes, de voces, de declaraciones, el uso de la verificación de datos (fact checking, para los que prefieren términos en inglés), pronto extendamos los talleres, capacitaciones y personas que analicen los contenidos y fenómenos sociales en línea.
En este campo los comunicadores nos hemos puesto las pilas, pero al igual que en la vida real es necesario trabajar en conjunto con sociólogos y psicólogos, para tener un panorama más claro de hacia dónde va la sociedad nicaragüense con el consumo del internet y redes sociales.
La realidad virtual debe ser analizada porque afecta a las personas. Así como en algún momento la gente decía que apagaba la tele cansada de las noticias, me pregunto si en algún momento llegará a decir que apaga el celular para no ver las redes sociales.
Algunos jóvenes ante estos cuestionamientos indican que el nicaragüense es chismoso, eso podría explicar por qué Facebook es una de las plataformas preferidas en Nicaragua, casi que la que reina, mientras en otros países es una más del montón, pero eso es parte de los puntos a analizar juntando diferentes especialidades que aún no le entran de lleno a estudiar la virtualidad.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.