Francisco “El Toro” Coronado, uno de los boxeadores más combativos, valientes, populares y controversiales que han desfilado por los entarimados nacionales, falleció este martes en Managua producto de varias dificultades en su quebrantada salud, agudizadas tras un accidente cerebro vascular que sufrió hace unos meses. Tenía 77 años.
Nacido el 10 de octubre de 1946 en Costa Rica, fue registrado como Francisco Salinas Arrieta, apodado el “Toro” por su estilo de embestir a sus rivales, mientras que lo de Coronado vino por su parecido a un tío de ese nombre, pero paradójicamente, nunca consiguió una corona, aunque sin dudas, entró hondo en el sentimiento popular por su entrega en cada pelea.
Coronado concluyó su carrera a los 30 años con un récord de 42-21 y 27 nocauts, mientras perdía el combate cumbre de su trayectoria frente al panameño Rafael “Brujo” Ortega en medio de encendidas polémicas debido a que se consideró que el nica había sido despojado en una decisión que mantuvo el título pluma de la AMB en poder del canalero.
Sus duelos con nicas como Vicente “Yambito” Blanco, con quien peleó en tres ocasiones, Ray Mendoza, dos veces, y extranjeros como Santos Luis Rivera, Enrique Alonso y José Torres, el “Toro” fue también famoso por sus descuidos y adicción al alcohol aún medio de compromisos firmados para realizar peleas porque su estilo era muy atractivo.
Era un boxeador rudo, frontal, que disparaba y recibía sin detenerse; que fue expulsado de múltiples colegios capitalinos, que huyó de su casa siendo un adolescente y que encontró en el boxeo una puerta al futuro que no supo aprovechar, tanto así, que fue macheteado en su plenitud en agosto de 1977 por su habilidad para meterse en conflictos.
“Siempre me he sentido avergonzado de mi pasado. Le fallé a Nicaragua cuando pude ser un campeón mundial y además, ahí hubiera cambiado mi vida, pero pudo más el licor. Le fallé a mis padres, a toda mi familia”, dijo en una entrevista en 2020, cuando ya se había incorporado a una iglesia evangélica y se había distanciado de su adicción al alcohol.
“Va camino a ser campeón, pero del ‘guaro’ había pronosticado su mamá, Minerva Arrieta en 1977 cuando se disponía a pelear contra el “Brujo” Ortega, mientras que su papá, Manuel Salinas, quien laboraba como maquinista en el viejo tren en Managua, se había resignado al ver que con su faja y mano firme no había podido enderezar al chavalo.
Luego que su carrera concluyó, el “Toro” fue vendedor ambulante y luego se enganchó en el Ejército Sandinista, del que salió en 1990 y regresó a las ventas en la calle. Luego laboró como entrenador en distintos gimnasios de la capital, hasta finalmente quedar recluido en su casa. Un derrame lo afectó severamente y ahora ha fallecido.
Sin embargo, la imagen de peleador desalmado, boxeador combativo y atleta indisciplinado, quedará para siempre en la memoria colectiva que llegó a apreciarlo por su valentía a prueba de balas, aunque le reprobara su irresponsabilidad, pero también porque hay cierta fascinación con el héroe caído, con el deportista controversial.
En una ocasión, al “Toro” lo estaban esperando en el gimnasio para una pelea y él andaba en un caballo a pelo en el barrio Monseñor Lezcano. Y en otra oportunidad, cuando peleó contra el “Chamaco” Casanova, lo fueron a sacar de la cárcel, hizo la pelea y después de pagar una deuda que tenía, lo volvieron a encerrar. Aún así, era apreciado.