¡Un elefante blanco!

Recientemente leí en LA PRENSA y en otros medios y las redes sociales que el Gobierno y la Asamblea Nacional de Nicaragua recientemente aprobaron un préstamo chino para reconstruir la pista de aterrizaje construida en Punta Huete en la década de los años ochenta. El objetivo de este proyecto sería dotar a Nicaragua de un aeropuerto moderno, capaz de recibir a aviones jumbos y así atraer más turismo para el país. Según lo que leí, el costo del proyecto sería aproximadamente US$490 millones y el préstamo chino andaría por US$430 millones. Este último tendría un vencimiento de 15 años, incluyendo 4.5 años de gracia, y una tasa de interés de 5.2 %.

Algunos comentaristas han cuestionado aspectos técnicos del proyecto. Sin embargo, al menos en los medios que yo sigo desde Estados Unidos donde estoy exiliado, nadie ha cuestionado la necesidad de este proyecto. Pero en este escrito, yo lo haré.

Primero, durante mis 28 años trabajando en el Banco Mundial, me tocó encabezar misiones a países en Latinoamérica, África y los menos ricos de Asia. Una tarea importante de estas misiones —para las instituciones de Bretton Woods (el Banco Mundial y el Fondo Monetario)— era analizar la calidad de los programas de inversión pública (PIPs) en nuestros países miembros. A mí me tocó encabezar a la primera de estas valoraciones en Ecuador en 1969.

Lo que descubrí en mi trabajo en Ecuador es que el PIP del gobierno contaba con varios “elefantes blancos” o proyectos grandes, vistosos, caros, pero de poca o ninguna rentabilidad ni prioridad económica. El PIP ecuatoriano excedía, y por mucho, la capacidad financiera del país. Por ende, de no ser “racionalizado”, en lugar de contribuir al progreso de Ecuador, su PIP “quebraría” a su economía. Obviamente, por estas razones este tipo de proyectos, denominados “elefantes blancos” en la jerga económica, no contaban con el respaldo financiero de las instituciones Bretton Woods.

Con el pasar del tiempo, la valoración de la calidad, tamaño y viabilidad financiera de los PIP, y sus proyectos, se convirtió en una prioridad tanto para el Fondo como para el Banco Mundial. Y casi siempre, cuando los PIP contaban con problemas, estos se debían en gran medida a la existencia de “elefantes blancos” que, entre otras cosas, se prestaban para corrupción. Por esto, cuando gobiernos insistían en realizarlos, se exponían a que el Banco Mundial y el Fondo Monetario les cortasen sus programas de financiamiento.

Segundo, el proyecto de Punta Huete huele a elefante blanco. Es caro, grande e innecesario ya que Nicaragua ya cuenta con un aeropuerto moderno en Managua. Su pista de aterrizaje fue ampliada hace años y ya es suficientemente larga como para acomodar a aviones jumbos. Lo sé porque antes de mi encarcelamiento veía a jumbos de carga y pasajeros aterrizar y levantar de su pista. Y más recientemente, el 9 de febrero del año pasado, estuve en un avión jumbo con 221 otros excarcelados, 10 funcionarios norteamericanos y la tripulación. Y el avión despegó rumbo a Washington —y a nuestra libertad— ¡sin problema!

Tercero, los que apoyan al proyecto se basan en que la existencia de un moderno aeropuerto aumentaría el número de turistas que visitarían a Nicaragua. Este argumento carece de credibilidad. Efectivamente hay poco turismo en nuestra patria, pero esto no se debe a las limitaciones del aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino. Es por la pésima imagen que se maneja en el exterior de nuestro país por la persecución por la dictadura de El Carmen de la Iglesia católica, la democracia, y a los derechos humanos de sus ciudadanos, incluyendo la libertad de expresión. Como consecuencia de esta represión, cientos de miles de nicaragüenses han emigrado al exterior desde 2018. Y la vasta mayoría de los “turistas” que están viniendo a Nicaragua son aquellos que llegan en vuelos chárter repletos de personas de países latinoamericanos y hasta de África y Asia. Una vez llegados a Nicaragua, nuestros “turistas” continúan hacia el río Bravo para buscar mejores vidas en el “imperio” a como Daniel Ortega se refiere a Estados Unidos, cuando se dedica a fustigar a la Unión Americana en sus discursos.

Cuarto, además de ser un elefante blanco e innecesario, el proyecto de Punta Huete cuenta con otro problema: su financiamiento. De nuevo, basado en el reportaje de los medios nicaragüenses, los chinos le están ofreciendo al gobierno financiar el costo en divisas del proyecto. Este préstamo sería pagadero en 15 años, con un período de gracia de cuatro años y medio y una tasa de interés de 5.2%.

Estas condiciones financieras no son atractivas. Nicaragua tiene acceso a financiamiento en condiciones mucho más favorables con las instituciones Bretton Woods. Por ejemplo, en Nicaragua un crédito del Banco Mundial para proyectos de infraestructura, como el de Punta Huete, contaría con un vencimiento de 38 años, incluyendo cinco años de gracia, y una tasa de interés de 2.35%. ¡Pero eso sí! Solo estaría a nuestra disposición para proyectos económicamente rentables. ¡Nunca para elefantes blancos como Punta Huete!

Concluyo con una última consideración. Nicaragua es un país pobre y altamente endeudado. Nuestra deuda externa, tanto pública como privada, ya es igual al 75% de nuestra economía. Incurrir en más endeudamiento externo solo se justificaría para proyectos de alta rentabilidad y no para elefantes blancos tipo Punta Huete. Un ejemplo de estos proyectos buenos es la construcción de la carretera costanera. En un escrito mío hace tiempo en LA PRENSA, abogué por su construcción. Y noto con satisfacción que entiendo que este proyecto ya se está llevando a cabo. ¡Esto sí es buena noticia! No como Punta Huete que más bien sería un desperdicio de nuestros escasos recursos.

El autor fue canciller de la República, director del Banco Mundial y presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional

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