LA PRENSA: escuela y bastión de la libertad de expresión

Dar el poder al pueblo va más allá de un discurso. Significa realmente dar a las personas la oportunidad de decidir, de hacer las cosas.

En Crear o morir, Andrés Oppenheimer señala que la modernidad llevará a las empresas a vender manuales y guías, para que cada quien imprima en impresoras 3D lo que más se ajuste a sus necesidades. LA PRENSA no espera a que las impresoras 3D lleguen a las casas de familias nicaragüenses, en medio de una crisis económica, da una versión más sencilla y democrática de “hágalo usted mismo”, al permitir que cada quien imprima su propio periódico.

En agosto 2021 la bandera azul y blanco que ondeaba afuera de LA PRENSA desapareció de la mente de los nicaragüenses como el símbolo de un edificio que representaba toda una industria de prensa escrita y de libertad de expresión. El régimen se robó sus instalaciones, la historia en su hemeroteca, la rotativa que imprimía el Diario de los Nicaragüenses y la imprenta comercial que vio pasar por sus máquinas libros de diferentes autores. Sus periodistas se fueron al exilio y desde ahí continuaron con su labor y LA PRENSA no desapareció, muestra de que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal tenía razón cuando dijo: “Mientras haya una máquina de escribir, un papel, un micrófono, una plaza pública, un balcón o un espacio para hablar aunque sea en la celda de una cárcel, seguiremos denunciando a los inmorales”.

Hace un mes, aproximadamente, Juan Lorenzo Holmann modificó una de las frases que suelo usar para describir al periodismo de Nicaragua. Al decir sobrevivir, resistir y reinventarse, me señaló que el periodismo no resiste, batalla, y que resistir es como estar contra la pared aguantando golpes sin hacer nada. Tiene toda la razón y realmente batallar explicaría más el porqué reinventarse.

LA PRENSA sobrevivió al robo de sus instalaciones, al exilio de su redacción y batalla con un periódico en línea, con el desarrollo de proyectos que buscan mantener la libertad de expresión y el derecho que tienen los nicaragüenses de informarse.

LA PRENSA ha sido, es y será una escuela para muchos periodistas. Es una familia y como familia no es perfecta, pero está unida por lazos muy fuertes. Puede que en ocasiones no se tomen buenas decisiones, otras se toman las mejores, tiene fallos y aciertos y con los años logramos dejar a un lado las frustraciones que nos puede llegar a causar y nos llenamos de orgullo.

Al llegar a sus 98 años, es como reunirse a cantar y a partir un pastel, sin importar en qué país estén, quienes formaron parte de LA PRENSA celebran, recuerdan y se sienten orgullosos, al menos la mayoría, de formar parte de esta familia.

Cuando se decía que LA PRENSA era el último bastión de la libertad de expresión, muchos se llenaron de preocupación, otros asumieron el reto y otros, como yo, creemos que no es solo el Diario de los Nicaragüenses, es la escuela que ha formado y sigue formando el verdadero bastión. Puedo mencionar un par de periodistas forjados por este Diario, premiados internacionalmente y sé que no me dejarán mentir cuando digo que hoy celebran un año más.

He escuchado muchas veces decir que LA PRENSA llegará a los 100 años, algunos luchan porque ese sueño sea realidad, pero creo que al cumplir 98 ha dejado claro que más allá del tiempo que dure una marca en el internet, dura lo que se mantenga en la memoria y el corazón de sus trabajadores, pero también de sus lectores.

 Algunos lectores enmarcaron las portadas de LA PRENSA en blanco y aquella con la frase “Sin libertad de prensa, no hay libertad”. Sé que ellos serán de los primeros que querrán imprimir esta edición especial.

No quiero agradecer en nombre de la familia Chamorro, quiero agradecer en nombre de la familia LA PRENSA, en nombre de todos aquellos que caminamos, corrimos, pensamos, escribimos, reímos, lloramos, pero, sobre todo, hicimos periodismo para formar parte de lo que hoy se ha convertido en el último bastión de la libertad de expresión.

Agradecer a un diario que siempre tiene sus páginas abiertas para periodistas y articulistas, a esas personas que después de tantos años de trabajar juntos veo como una especie de familia, a todo lo que aprendí en esta escuela y a quienes me demostraron que la frase de San Ignacio de Loyola: “En todo amar y servir”, podía aplicarse a una profesión, a principios periodísticos, a una marca que después de 98 años sigue “Al Servicio de la Verdad y la Justicia”.

La autora es periodista, licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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