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Alexéi Navalny, crónica de una muerte anunciada

Alexéi Navalny, 47 años, político y abogado, hombre de fuertes convicciones liberales y democráticas y destacado opositor  contra la dictadura del autócrata y presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, quien gobierna la federación con mano de hierro  quien si hay alguien que le molesta, estorba o ve un peligro para su sillón, lo despide al otro mundo y esto es lo que ha sucedido con Navalny como luego veremos.

Pero hablemos un poco quién fue Navalny durante su recorrido vital. Este “empezó su carrera en principio como locutor radial y bloguero anticorrupción, hasta convertirse en el rostro de la oposición”, según el New York Times, que le dedicó un amplio artículo sobre su muerte como lo hicieron todos los grandes periódicos de publicación global. También lo hicieron el Washington Post, en EE. UU., y casi todos los grandes rotativos europeos como el Time de Londres, El País de España, el Corriere de la Sera italiano y especialmente todos los alemanes como Frankfurter Allgemeine Zeitung, el Süddeutsche Zeitung, el Bild, por la relación que Navalny tenía con Alemania en tiempos especialmente del gobierno de Angela Merkel. Este acontecimiento no pasó desapercibido tampoco para otros medios como periódicos digitales y televisiones de todo el mundo.

Como político en activo, se postuló para la alcaldía de Moscú en el año 2013 y obtuvo el 27 por ciento de votos. Cuatro años después se postuló para la presidencia de la Federación Rusa, pero no pudo ser dado que fue inhabilitado por una Corte sumisa a los designios del Kremlin, acusado de fraude. Aquí empezó su calvario en vida ya que fue acusado por varios delitos en distintos tiempos y con distintos cargos, pero siguió siempre su lucha buscando la libertad de Rusia y atacando a las élites corruptas de Rusia.

En el año 2020, sufrió su primer contratiempo grave, ya que mientras volaba de Siberia a Moscú fue envenenado con novichok, una sustancia desarrollada en la Unión Soviética de la época del KGB, y muy del uso de la represión rusa y que ya habían probado otros disidentes u opositores rusos. El incidente ocasionó un aterrizaje de emergencia y gracias a la ayuda de la canciller alemana Merkel, fue llevado a Alemania para someterle a tratamiento del que logró salir con vida.

Pero su coraje, valor y convicción después de meses de tratamiento decidió regresar a Rusia, su país, sabiendo los peligros a los que habría de enfrentarse y efectivamente así nada más bajar del avión fue apresado y condenado por varios cargos, cuyas sentencias cumpliría hasta 2031. Esta fue otras de las maniobras del dictador Putin, para mantenerlo alejado del pueblo donde tenía millones de seguidores. Los tentáculos del Kremlin son muy largos y su dominio del poder totalitario es absoluto.

Fue enviado primero a prisiones cercanas a Moscú, pero la sed de venganza del dictador ordenó su traslado a una prisión situada en el Ártico llamada Lobo Polar y conocida en el argot oficial como Penitenciaría IK-3, donde falleció el 13 de febrero del corriente año, en extrañas circunstancias que están por aclararse y que será muy difícil dado que las autoridades rusas ni siquiera han querido entregar sus restos a su familia.

Dichas autoridades aducen que tienen que hacerle pruebas forenses que en tiempos normales no tardarían más de dos o tres días, y los entendidos en la materia sostienen que posiblemente, la entrega no se hace porque si fue envenenado para desaparezcan los rastros del veneno en su cuerpo y borrar pruebas. Tan extraño es el caso si tenemos en cuenta que el día anterior fue visto con buena salud en una comparecencia ante un tribunal.

Como es natural, sus seguidores han reclamado y siguen reclamando que se esclarezcan los entornos del crimen y hay manifestaciones en todas partes de Rusia, que son reprimidas por las fuerzas de seguridad, ya que la gente acude a sitios donde pueden  y para manifestar su dolor ponen flores en varios lugares y esto ha causado que muchos de sus seguidores hayan sido encarcelados.

Esta muerte ha sembrado muchas dudas en toda Europa, lo que ha quedado de manifiesto en la recién celebrada Conferencia de Seguridad de Munich, en la que se hicieron presentes los países aliados EE.UU., que han tratado el caso en profundidad y con la presencia incluso de la esposa de Alexéi Navalny, Yulia Navalnaya, quien ha acusado directamente en ese Foro a las autoridades rusas del asesinato de su marido el 13 de febrero en esa tenebrosa prisión a quien había visitado el lunes anterior y la había visto lleno de vida y con el valor de siempre.

La viuda Yulia Navalnaya ha manifestado que seguirá luchando por su país, por el que había muerto su marido y además dijo: “Les pido que se queden de mi lado, no solo durante la pena y el interminable dolor que nos ha rodeado y no nos deja”, lucha que se encontrará con todas las dificultades propias que ha dejado el fallecimiento.

Ahora todo está concentrado en conseguir que las autoridades penitenciarias entreguen el cadáver de Alexei a sus familiares, especialmente a su madre Lyudmila Navalnaya, ya que dichas autoridades niegan su entrega arguyendo que necesitan 14 días o más para practicar las pruebas forenses a las que antes me referí.

Mientras el dictador Vladímir Putin se prepara para participar en otras elecciones que se verificarán del 15 al 17 de marzo, que como es muy probable ganará al no haber contendientes que le hagan sombra y que extenderá su poder otros diez años más y tendrá a su país bajo su bota represora y aterradora.

Según la últimas noticias que se filtran por las redes sociales, ya que los periódicos rusos pasan de soslayo sobre el tema, la madre de Navalny, interpondrá una demanda contra las autoridades concernidas para que le entreguen el cadáver de su hijo a fin de que reciba una digna sepultura, lo que será muy difícil de ganar teniendo en cuenta los inconvenientes que representa un poder totalitario y absolutista tutelado por Vladímir Putin.

Lo que sí está claro es que Alexéi Navalny pasará a ser un héroe de la Rusia de hoy y de siempre, y que su martirio puede encender la llama de la libertad que conduzca a la liberación del sojuzgado pueblo ruso.

El autor es abogado nicaragüense residente en España.

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