¿Nieve en Estelí?
La nieve es la precipitación de cristales de hielo que se forman cuando partículas de agua se congelan en la atmósfera. Para ello es necesaria una temperatura atmosférica de 0°C o menos y ciertas condiciones de humedad. En latitudes cercanas al Ecuador hay menos probabilidades de que caiga nieve, pero… ¿ha nevado alguna vez en Nicaragua? Existe un libro de historia que afirma que sí. Se trata de la enciclopedia británica “The Book of History”, publicada en 1915 (con una versión previa en 1914) y única referencia conocida sobre este fenómeno atmosférico en Nicaragua.
En la página 364 del volumen 14 aparecen cinco fotografías del “Paisaje montañoso de América Central”. La última de ellas es una supuesta imagen de montañas del departamento de Estelí cubiertas por una delgada capa blanca, con la descripción: “The snow covered mountains above Esteli in Nicaragua” (Las montañas nevadas sobre Estelí en Nicaragua).
No obstante, dado que no existen otras referencias escritas sobre el extraño fenómeno, hay quienes piensan que se trató de una equivocación de los editores de la enciclopedia. La historia, sin embargo, ha demostrado que puede nevar en los lugares más inesperados. En 1979, por ejemplo, una breve tormenta de nieve cayó sobre la zona baja del desierto del Sahara, y en julio de 2011 nevó sobre Atacama, el desierto más árido del planeta.

Hielo peligroso
La caída de granizo no es un fenómeno habitual en Nicaragua, pero tampoco es extraño. El granizo se produce en las nubes de tormenta llamadas “cumulonimbos”, que pueden alcanzar hasta 12 kilómetros de desarrollo vertical y, en ocasiones, también son causantes de tornados.
En Nicaragua se han reportado varias caídas de granizo. El 18 de abril de 2017 las calles de Jinotega, donde hasta entonces el fenómeno climático no se había presenciado en más de seis años, se cubrieron de hielo. Pasado el mediodía, el cielo se puso gris y dejó caer una lluvia recia, acompañada de vientos fuertes y granizo en trozos de entre 8 y 12 centímetros que perforaron algunos techos y quebraron puertas y ventanas de vidrio.
Los productores de Matagalpa y Jinotega reportaron daños en la mitad de sus plantaciones, pues el hielo botó las hojas de los cafetos en floración. Nueva Segovia también fue alcanzada por el fenómeno y sufrió daños totales y parciales en 91 viviendas, pues el viento fuerte multiplicó los destrozos.
Desde 2011 en Nicaragua ha granizado con relativa frecuencia y casi siempre en abril, pues, aunque parezca contradictorio el granizo suele producirse en las horas de más calor.
En Estelí cayó granizo en abril de 2015 y abril de 2022, también en octubre de 2018 y diciembre de 2023, en medio de aguaceros que convirtieron en ríos las calles estelianas. Los mismo ocurrió en abril de 2011 en Managua y Jinotega; en abril de 2012 fue en Madriz; mientras que en Chinandega cayó granizo en agosto de 2014, agosto de 2017, junio de 2022 y septiembre de 2023. En otras ocasiones también se reportó granizó en Masaya y Boaco.
Como ve, se trata de un fenómeno un tanto inusual, pero no raro.

Pequeños tornados
Los tornados se producen cuando hay un choque entre una masa de aire caliente que va ascendiendo y una de aire frío, que viene descendiendo. En Nicaragua ocurren cada cierto tiempo, pero distan mucho de los monstruosos tornados que año con año azotan a Estados Unidos, país que sufre un promedio de 1,150 tornados anuales, una cifra “mayor a la de Canadá, Australia y todos los países europeos juntos”, según CNN en Español.
En Nicaragua los meses de mayor incidencia han sido abril, agosto y septiembre. Y en la mayoría de los casos se han formado en horas de la tarde.
En abril de 2012 pequeños tornados destruyeron una vivienda y un galerón de procesamiento de tabaco en el municipio de Condega, Estelí. Los obreros habían evacuado el lugar apenas 15 minutos antes.
Nuevos tornados de poca intensidad destruyeron 9 viviendas de Tipitapa, Managua, y causaron daños en 31 en julio de 2014. En abril de 2015 otros tornados dejaron 49 familias afectadas en Madriz y en agosto de ese mismo año tumbaron varios árboles en la Carretera Norte, Managua.
“En el caso de Nicaragua son fenómenos aislados, muy focalizados en áreas geográficas pequeñas, por lo que no son como los tornados que se registran en otras partes del mundo, donde los vientos tienen velocidades superiores a la de los huracanes categoría 5”, detalló en ese momento Dennis Meléndez, entonces facilitador de la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgo.
Meléndez admitió que hasta esa fecha en Nicaragua se sabía muy poco sobre tornados, pues en el país eran un fenómeno nuevo, ocurrido a lo largo de los últimos 10 o 12 años en ese momento.
En años más recientes también ha habido tornados. En septiembre de 2019 un tornado arrancó techos en León y en septiembre de 2020 otro afectó la zona comprendida entre el costado suroeste del Cementerio General de Managua hasta el campo deportivo de Batahola Norte, con vientos que alcanzaron los 100 kilómetros por hora. Los medios reportaron 14 personas con heridas leves, 108 familias sin techo, 65 viviendas con daños parciales y 5 colapsadas, en cuatro barrios de la capital.
Semanas antes, en agosto de 2020, se habían registrado tornados en Bilwi, municipio del Caribe Norte, y Ciudad Sandino, Managua.
Un año después la ciudad de Nagarote se convertiría en el principal blanco del fenómeno. A eso de las 5:10 de la tarde del 19 de abril de 2021 los nagaroteños fueron sorprendidos por un tornado que levantó los techos de varias casas, con velocidades de entre 47 y 95 kilómetros por hora. A las 4:30 de la tarde del 27 de agosto volvió a ocurrir, con un resultado de 31 casas sin tejado y más 30 árboles arrancados de cuajo.
En 2023, con una diferencia de apenas cinco días, entre la última semana de agosto y la primera de septiembre, dos tornados azotaron Bilwi y Ciudad Antigua, en el departamento de Nueva Segovia.

Aluviones
Antes de que los terremotos de 1931 y 1972 destruyeran la ciudad de Managua, dos aluviones producidos por lluvias torrenciales hicieron lo suyo.
La mañana del miércoles 4 de octubre de 1876, luego de un aguacero que duró toda la madrugada, un gigantesco aluvión brotó de lo alto de Las Sierras, en el suroeste de Managua, donde inició un mortal recorrido de 10 kilómetros hacia el lago Xolotlán.
Las corrientes de agua y lodo arrancaron árboles y arrastraron casas, socavaron la tierra e inundaron calles, avenidas, iglesias e incluso el camposanto. Las víctimas se calcularon en centenares en aquella Managua de 10 mil habitantes. Fue “un horror indescriptible”, escribió el historiador Heliodoro Cuadra en 1939. Y durante mucho tiempo 1876 fue recordado como “el año del aluvión”.
Ese es el más famoso de los “turbiones” que arrasaron Managua, pero no fue el único. Otros grandes aluviones se registraron el 15 y el 16 de octubre de 1730 y uno pequeño destruyó la línea férrea entre Asososca y Los Brasiles en 1923.
Los movimientos de ladera no son inusuales en Managua. Y la posibilidad de que nuevos aluviones gigantes bajen de Las Sierras es un riesgo latente.