El cierre de consulados de Nicaragua en diferentes países podría significar más apátridas, según un exdiplomático que pidió no ser identificado. La fuente valoró que de esa manera la dictadura de Daniel Ortega evitará que los nicaragüenses que han salido del país regresen fácilmente y, en consecuencia, estos tendrán que mandar más remesas, lo que ya se ha convertido en un negocio rentable para Ortega.
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Existen 316 casos conocidos de nicaragüenses apátridas, entre ellos, los 222 presos políticos desterrados y enviados a Estados Unidos el 9 de febrero de 2023, aunque paradójicamente a estos se les dio un pasaporte nuevo para que pudieran salir del país. Pero hay muchos más casos de opositores a quienes se les ha negado la renovación de sus pasaportes desde los consulados, hecho que los convierte en apátridas de facto.

El exdiplomático dijo que el régimen orteguista «está usando los consulados como un arma, negándole oportunidades y derechos a la gente», cuando se supone que el papel de los consulados es proteger a los connacionales.
Este año, la Asamblea Nacional de Nicaragua, bajo el control de la dictadura orteguista, ratificó la reforma constitucional que le quita la nacionalidad a un nicaragüense por considerarlo «traidor a la patria», lo que aumenta las vías que tiene el régimen para dejar apátrida a sus críticos y opositores.
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El politólogo Félix Maradiaga manifestó que el cierre de consulados es «un golpe directo de desprecio y aislamiento a comunidades de nicaragüenses en el exterior, que requieren de servicios consulares que nada tienen que ver con la política partidaria o ideologías».
«Esos cierres equivalen a la pérdida de capacidades del Estado de Nicaragua para proteger a sus ciudadanos, para proyectar los intereses soberanos de la nación nicaragüense, nuestra cultura y el apoyo al intercambio comercial de productos nicaragüenses», dijo Maradiaga.
Función de los consulados
Los consulados no solamente ofrecen servicios migratorios como visados y renovación de documentos de viaje, sino también servicios notariales y registrales. Como mencionaron los expertos, los consulados también tienen a su cargo la protección de los connacionales, a fin de vigilar que se respeten las leyes del país de acogida y los derechos de los connacionales. El consulado puede a la vez funcionar como una oficina de promoción turística, de inversiones y comercio, facilitando relaciones económicas entre el país y la región donde operan.
Igualmente promueven intercambios culturales y educativos, facilitando programas académicos, intercambios estudiantiles y eventos culturales que fortalecen los lazos entre las naciones. En momentos de crisis, como desastres naturales o conflictos, los consulados coordinan esfuerzos de evacuación y proporcionan apoyo humanitario, «demostrando su importancia en la protección y seguridad de los ciudadanos en el extranjero», agregó Maradiaga.
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El politólogo recordó que durante el gobierno de Enrique Bolaños (2002-2007) se hizo una significativa ampliación de consulados nicaragüenses usando la figura de cónsules honorarios o embajadores pro bono.
«De esa forma, sin que el Estado nicaragüense usara su presupuesto, se logró ampliar la presencia de productos comerciales nicaragüenses en todo el mundo. Muchas empresas locales lograron abrir nuevos mercados a productos nicaragüenses gracias a esa decisión», dijo Maradiaga, quien fue funcionario del gobierno de Bolaños.
«Intercambiar puentes por muros»
Sin embargo, el régimen de Ortega, tras 17 años consecutivos en el poder, ha comenzado a oficializar el cierre de consulados en países que tienen gran presencia de comunidades migrantes nicaragüenses, como es el caso de Estados Unidos, donde fueron cerrados tres consulados.
Nicaragua siempre ha sido un país con pocos consulados, y precisamente la presencia consular que ya existe desde hace décadas en ciudades como Los Ángeles (California), Houston (Texas), Nueva Orleans (Luisiana) o Berlín (Alemania) se debe a la gran cantidad de nicaragüenses en esas ciudades específicas.
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En contraste, el régimen ha abierto embajadas en países que no tienen relaciones comerciales con Nicaragua, ni son destino de los nicaragüenses, como es el caso de la nueva Embajada en Corea del Norte y varios países africanos.
«Cerrar consulados en ciudades globales mientras se abren embajadas en regímenes aislados y autoritarios es como intercambiar puentes por muros. Resulta muy preocupante que la dictadura de Daniel Ortega continúe cerrando consulados en ciudades donde hay una presencia significativa de nicaragüenses», valoró Maradiaga.

El politólogo también apuntó que el régimen orteguista «gasta millones de dólares en ampliar la presencia exterior en zonas como Osetia del Sur y Abjasia, donde Nicaragua es uno de solo cinco países del mundo que reconoce ese territorio separado de Georgia, mientras rompe relaciones con el Vaticano».
«Además, rompe relaciones con Argentina y coloca a Nicaragua en una crisis diplomática con Panamá, nación hermana de la integración centroamericana, mientras estrecha lazos con Irán, Bielorrusia, Zimbabue, Etiopía, República Árabe Saharaui, Burkina Faso y en Corea del Norte, entre otras. Esos actos de irresponsabilidad con los intereses supremos de Nicaragua son un ejemplo más de la visión que los Ortega Murillo tienen para Nicaragua», agregó el politólogo.
Relaciones por afinidad ideológica
Un experto en relaciones internacionales, que habló con LA PRENSA bajo condición de anonimato, señaló el aspecto económico del cierre de consulados.
«El Gobierno ha venido tomando decisiones restrictivas del gasto, que explicarían el cierre de aquellos consulados poco rentables. Por otro, se abren nuevas embajadas en países con muy poca o nula relación comercial, ubicadas en regiones geográficas lejanas, como es el caso de Core del Norte y Zimbabue», expresó la fuente.
Sin embargo, el cierre de consulados y la apertura de nuevas embajadas «refleja una política que trata de fortalecer las relaciones políticas con los países del llamado Sur global, bajo el liderazgo del llamado grupo Brics, en su mayoría pertenecientes al obsoleto Movimiento de Países No Alineados. Se busca de esta manera contrarrestar el aislamiento a que ha sido sometido el Gobierno de Nicaragua entre los países democráticos occidentales y eventualmente buscar el desarrollo de la llamada cooperación Sur-Sur, como un sustituto del apoyo brindado por los países desarrollados y que ha sido reducido casi a cero», agregó el experto en relaciones internacionales.
Para el experto, todo esto explicaría «una reorientación de recursos en política exterior, hacia países que solamente pueden ofrecer apoyo político ideológico en los foros internacionales y muy poco o nada en términos comerciales o de inversiones».