Una semana después de haberse convertido en el joven nicaragüense firmado con el mejor bono entre el grupo de prospectos del 2023, Branell Anderson parece el mismo muchacho de siempre: tranquilo, educado, que habla solo lo necesario y que está claro de sus metas y de lo difícil que puede resultar el camino que lleva a conseguirlas.
Sin embargo, no es el mismo. Y no es por los 280 mil dólares que recibirá de los Tigres de Detroit en los próximos días. El primer gran cambio se nota en su cuerpo. Sus 6’4 pies de altura están ahora arropados por 192 libras, lo que le da una forma atlética. Cuando llegó a Managua en 2019, era tan flaco que parecía estar siempre de perfil.
Pero, además, se expresa en un español nítido. Cuando arribó a la capital lucía muy callado, pero en realidad era que se sentía inseguro de expresarse en otro idioma que no fuera el inglés. Ha concluido sus estudios de bachillerato y espera en algún momento, unirse a la corta lista de big leaguers producidos por Nicaragua en la historia.
“Firmar es un paso, pero la meta, con la ayuda de Dios, es llegar a las Grandes Ligas. Mi meta no era firmar, mi meta es llegar arriba, aunque claro, para firmar, uno debe trabajar duro y tratar de conseguir un buen bono porque eso ayuda a mi familia y a la academia a seguir trabajando con jóvenes para firmar en el futuro”, reflexiona.
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Anderson es un espigado lanzador derecho nacido en Bluefields hace 16 años que lanza rectas hasta 92 millas y las mezcla con una curva de arco grande y un cambio que desajusta a los rivales. Es capaz de lanzar todos sus pitcheos en strikes y a diferencia de cuando habla, en el box es agresivo y retador, no les teme a los bateadores, los desafía.
“Nací en Bluefields de un papá que trabajaba en un barco crucero y una mamá enfermera. Ellos siempre se aseguraron que no me faltara nada y la verdad es que siempre tuve todas mis necesidades resueltas. Eso sí, siempre caminé 25 minutos diario desde mi barrio (San Mateo) hasta el estadio (Glorias Costeñas) para entrenar”, explica.
Branell siempre estuvo claro de que sería jugador de beisbol, deporte que aprendió a querer en su barrio desde los cuatro años cuando jugaba en la calle o la escuela, pero sintió mucha tristeza cuando tras recomendaciones de su entrenador, Alfred Malone, fue observado por el coach Julio Raudez y doña Gina Lewis, encargada de la academia. “Ellos me buscaron cuando yo tenía 12 años y mi mamá dijo que estaba muy niño y no dio el permiso para que yo me viniera a Managua, pero cuando cumplí 13, mi papá me llegó a traer a la escuela y me dijo que vendría a la academia a entrenar para buscar una firma y ese primer paso lo hemos dado. Ahora viene el trabajo duro”, señala.
Cuando se le consulta sobre el jugador que más admira en el beisbol, Anderson va directo a Sergio Alcántara, el espigado derecho dominicano de los Marlins que ganó un Cy Young en 2022, mientras, que a nivel nacional, sigue los pasos de Kenword Burton, diestro del Caribe Sur, que ganó 17 juegos y fue el Más Valioso en el Pomares.
“Me gusta de Alcántara no solo es que alto como yo, sino que transmite autoridad desde el montículo. Lanza con mucha seguridad y es así como me gustaría ser a mí, pero claro, yo apenas voy a comenzar a aprender y con la ayuda de Dios espero llegar largo. De Burton es igual, lanza con mucha confianza y eso es muy bueno”, indicó.
Anderson, quien solo tiene una hermana y quien comenzó como jardinero, asegura que aún no ha pensado en comprar algo extraordinario con su bono, pero que le gustaría invertir en un negocio que genere. Y que lejos de sentir presión, le anima saber que se le ha considerado el mejor prospecto de la promoción del 2023 en Nicaragua.

