Deudos cargan el féretro de su familiar en el cementerio de Granada desde donde llegó en un coche fúnebre que los transporta hasta su última morada. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP
GALERÍA | Coches fúnebres, tradición de ricos y pobres
Son carruajes elegantes pintados de negro y madera tallada de forma artística, con urnas de cristal adornadas con cortinas blancas. Llevan flores de todos los tipos y son jalados por caballos vestidos con trajes de mallas tejidas a mano. Esta tradición, según los historiadores, se practica desde el año de 1870.
Los coches fúnebres nacieron junto a los famosos coches de caballo, conducidos por los famosos aurigas o cocheros de Granada. Tanto el transporte de coches como los carruajes fúnebres son tradiciones que aún se conservan a pesar del paso del tiempo. Los coches son una atracción turística y normalmente los encuentra en el parque central donde gentilmente ofrecen un tour por las principales calles, edificios y atracciones de esta ciudad.
Los coches fúnebres son parte del ritual hacia la última morada donde el féretro del difunto es colocado en una urna de cristal del carruaje que va debidamente decorada con elegantes cortinas blancas, flores, algunas veces con música de mariachis o filarmónicos. Este elegante y tradicional ritual en los entierros de la Gran Sultana es también una atracción turística y todo un cortejo que engalana las calles en su recorrido que normalmente va de la casa del difunto a una iglesia, para la misa de cuerpo presente, y luego hasta el camposanto. En esta romería luctuosa acuden los deudos y amigos del difunto.
En esta elegante tradición no hay categoría de clases sociales ya que este servicio es para “ricos y pobres”. Su costo es de unos 40 dólares para el servicio más sencillo, pero los precios pueden aumentar hasta 800 dólares según el estilo del ataúd y arreglos florales.
Los cadetes o conductores de coches fúnebres tienen que lucir elegantes. Normalmente visten con sacos de color oscuro, sombreros o boinas, zapatillas negras y guantes. Cuentan con una gran experiencia, y transmiten sus condolencias a los familiares.
En este oficio hay todo un personaje en Granada, tanto es así que su apodo es referencia en las cercanías de su vivienda. José Esteban Duarte Claro, mejor conocido como “El Conejo”, es el cadete de coches fúnebres más viejo de la ciudad. Actualmente tiene 92 años de los cuales dedicó más de 40 a llevar a miles de granadinos hacia su última morada.
El Conejo también se dedicó a ser auriga, es decir, conductor de coches de transporte selectivo. En 2017, contó a la revista Domingo que le tocó llevar en su coche fúnebre a los poetas Pablo Antonio Cuadra y a Carlos Martínez Rivas. También al famoso manager del equipo Los Tiburones de Granada, Heberto Portobanco y a la famosa granadina Adela Mejía Sánchez, “La Marucha”.
El Conejo está retirado de esta noble tradición que sigue siendo el último deseo de las personas en vida: recorrer la ciudad de Granada en un elegante coche fúnebre donde ricos y pobres culminan su viaje por este mundo.
Ariel Corea es un conductor de coches fúnebres, un trabajo que heredó de su padre y se siente parte del relevo generacional de esta profesión. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Unas cuantas personas caminan detrás de un coche fúnebre rumbo al cementerio de Granada para enterrar a su familiar. Estos entierros pueden ser masivos o muy íntimos, dependiendo de la popularidad de la persona fallecida. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Un cadete y su coche funebre a la espera de un nuevo traslado al camposanto en una comunidad en las afueras de la ciudad colonial de Granada. Este servicio es igual para pobre o ricos y el servicio cubre el casco urbano y rural. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Coche fúnebre tallado de forma artística en madera y pintado de negro es conducido por su cadete durante un funeral. Sobresalen dos faroles que flanquean el lado del cadete y cuatro más instalados en las esquinas del techo del carruaje. Estos faros eran para iluminar el trayecto de los entierros que antes se acostumbraban solo por la noche. Hoy en día son elementos que se conservan para adornar y mantener la tradición de estos carruajes. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Un funeral con el tradicional coche fúnebre pasa frente a la iglesia católica de María Auxiliadora de Granada. Esta ciudad cuenta con carros fúnebres modernos, pero los granadinos de todas las clases sociales optan por preservar esta tradición que se realiza desde finales del siglo XIX. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP. Familia doliente en un funeral que pasa por la fachada de las ruinas del hospital San Juan de Dios. Esta joya arquitectónica de estilo neoclásica que fue construida en 1905, hoy languidece lentamente al paso del tiempo siendo testigo mudo de varios cortejos como este de la imagen. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Una anciana camina sobre una acera a la par de dos coches históricos que se resisten a morir en esta tradición de más de 130 años. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.El ataúd es sacado de la urna de cristal de un coche fúnebre para una misa de cuerpo presente en una Iglesia, y luego continuar su viaje hacia el cementerio municipal de Granada. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Un coche fúnebre se abre entre tumbas, bóvedas y lápidas para dejar un nuevo inquilino en el cementerio municipal de Granada. Este camposanto fue declarado Patrimonio histórico y Artístico de la Nación por la Asamblea Nacional el 30 de octubre de 2012 por considerarlo un museo al aire libre por las bellezas de arte que hay dentro de él. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.Luego de brindar un servicio fúnebre, este cadete conduce su coche fúnebre frente a la Capilla de Ánimas, una construcción de estilo neoclásico en el cementerio municipal de Granada. Foto por: Oswaldo Rivas/ AFP.José Esteban Duarte Claro, mejor conocido como El Conejo es considerado el auriga más antiguo de Granada. En la actualidad tiene 92 años y está retirado. Foto por Óscar Navarrete/ La Prensa.En esta fotografía de octubre de 2017, José Duarte posa a la par de su coche de transporte selectivo dedicado al turismo. El Conejo le tocó llevar en su coche fúnebre a muchas personalidades de la élite nicaragüense, así como a personas de origen humilde. Su último deseo a sus 92 años es que cuando parta de este mundo lo lleven a recorrer las calles de Granada. Foto por Óscar Navarrete/ La Prensa.
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