El turismo requiere participación activa del sector privado

La historia del desarrollo turístico en Nicaragua se remonta a inicios de los años noventa, cuando el país inicia una etapa de construcción de la democracia. Algunos podrán cuestionar esto y decir que desde inicios de los años setenta se venía visualizando esta incipiente industria, pero la verdad es que en esos años ni siquiera existía una instancia rectora del sector y no se habían descubierto las bondades que poseía para el crecimiento económico. Igual sucedía en Centroamérica.

Con el inicio de la transición democrática en Nicaragua que garantizaba una era de paz, el retorno de familias que habían emigrado como resultado de las guerras de los noventas y ochentas y que regresaban con experiencias acumuladas de otros países, extranjeros que decidieron poner su residencia o retirarse en nuestro país, pues vieron ventajas y oportunidades para hacerlo en un país que empezaba de cero a reconstruir su economía, se abrió la ventana de oportunidades para iniciar el proceso de construcción de la nueva industria del turismo en Nicaragua.

Se comenzó de cero. Ni siquiera existía legislación para fomentar su desarrollo. La imagen internacional del país hecha añicos, éramos vistos como un país en permanentes conflictos y guerras, definitivamente no un destino turístico y la infraestructura de servicios turísticos era escasa y no de muy buena calidad. Así estaban las cosas a inicios de los años noventa.

El gremio turístico organizado a través de Canatur, fundada en 1976, y el Ministerio de Turismo  del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, comprendieron que para impulsar una industria nueva era fundamental trabajar de la mano para sentar las bases mínimas de políticas y leyes que permitieran desarrollar el turismo y cambiar la imagen internacional del país.

Y así se inició un largo caminar que nos llevó a crear el marco jurídico necesario que permitió incentivar el desarrollo de la infraestructura de servicios, impulsar la promoción internacional que cambiara la imagen negativa del país y crear una institución rectora del sector más acorde con las necesidades de la industria y con un equipo profesional. En todo este esfuerzo la participación del sector privado organizado fue fundamental. El tejido empresarial turístico del país conformado principalmente de empresas pequeñas y medianas le hicieron frente al reto monumental de construir una nueva industria transformadora de la economía nacional. Los logros alcanzados en materia turística hasta el 2017 (27 años después) no hubieran sido posibles sin la participación activa y beligerante de un sector privado que se puso al frente y se arriesgó para invertir en una industria en la que casi nadie creía en Nicaragua.

Más de diez años pasaron antes de poder demostrar a los políticos del país y a los tecnócratas que Nicaragua tenía en la industria del turismo el motor del desarrollo económico, capaz de aportar sustancialmente a la reducción de la pobreza y a la generación de empleos. Para el 2017 ese resultado era más que evidente.

Ese resultado fue posible hasta entonces gracias a un trabajo conjunto público-privado, en el que se reconocía el rol del sector privado como inversor y proveedor de los servicios requeridos por los turistas nacionales e internacionales y, por tanto, el responsable de generar las divisas internacionales que aportaban no menos del 10 por  ciento del PIB nacional y se reconocía también el rol del sector público como facilitador del trabajo de las empresas turísticas. Es el sector privado el que comercializa internacionalmente los productos turísticos del país y comparte con el Intur la responsabilidad de la promoción de los mismos y del posicionamiento de la imagen país.

No todo fue positivo en la relación pública-privada en materia turística en los últimos años previos al 2018, pero eso es materia de otro escrito. Hoy quiero centrarme en el hecho que los resultados extraordinarios del turismo hasta el 2017, que llevaron a esta industria a convertirse en el principal motor de desarrollo de Nicaragua, fueron posibles gracias a un trabajo conjunto público-privado pero en el que el principal actor lo constituyó el sector privado, los empresarios turísticos micros, pequeños, medianos y grandes que pese a muchos obstáculos encontrados en el camino y, como laboriosas hormigas, arriesgaron e invirtieron; lucharon por la seguridad jurídica de las inversiones, formaron el recurso humano valiosísimo para el éxito de esta industria, compartieron la responsabilidad de la promoción internacional no solamente aportando  económicamente para el presupuesto de Intur a través de los impuestos y la tasa hotelera,  sino también, participando en todos los eventos de promoción internacional que como país participamos y muchos más.

La credibilidad internacional de la imagen de Nicaragua como destino turístico no la dio el gobierno, sino que fue un aporte del sector privado que testimoniaba la tranquilidad, la paz, la hospitalidad, la calidad de los servicios turísticos que el país ofrecía. Esa credibilidad hoy se ha perdido

No hay una industria turística exitosa en ninguna parte en la que el gobierno se considera autosuficiente y capaz de promover y posicionar su imagen como destino turístico por sí solo, sin las empresas turísticas, como lo hace actualmente el Intur. La organización gremial empresarial en estos esfuerzos es fundamental. La soberbia y la sed de venganza para castigar la independencia y coherencia de los gremios frente a la crisis del país a partir del 2018, borró de un tajo la organización gremial del país y con ella el trabajo organizativo y operativo del gremio turístico que por más de 46 años venía aportando cualitativa y cuantitativamente al desarrollo y crecimiento de esta industria tan importante.

Sin duda esta medida tendrá consecuencias negativas en los resultados económicos y sociales del país ya que afecta definitivamente las posibilidades de éxito del turismo. La migración ilegal a través de Nicaragua, que hoy fomenta y promueve el gobierno, no tiene absolutamente nada que ver con la industria turística y obedece a otros intereses ocultos, además de servirle a los funcionarios del Banco Central para maquillar los datos de los resultados del turismo en el país.

La autora es expresidente de la Cámara Nacional de Turismo de Nicaragua

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí