La familia del ex preso político Wilmer Mendoza, secuestrada en México en su intento por llegar a Estados Unidos, fue liberada tras pagar más de 12 mil dólares, y ya se encuentran con las autoridades migratorias en Arizona.
Mendoza confirmó a LA PRENSA que este viernes a eso de las 10:30 a.m. «recibí la llamada de la patrulla fronteriza de Estados Unidos y me dijeron que tienen a mi esposa, a mis niños y a mi suegro».
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Su esposa, Belkis Vega, de 29 años, sus tres hijos de 10, 6 y 3 años de edad, y su suegro de 50 años, salieron de Nicaragua debido al asedio policial y la captura de uno de sus cuñados.
Durante la travesía, Mendoza mantuvo comunicación permanente con su esposa, pero el 30 de octubre cuando llegaron a Sonora, México, perdió comunicación con ella. Fue hasta el 31 de octubre a eso de las 10:00 de la noche que volvió a saber de ellos, cuando los secuestradores se comunicaron con él para decirle que tenían a su familia y que debía pagar 2,500 dólares por cada uno para liberarlos.
Con apoyo logró completar el rescate
Mendoza es un reconocido opositor de Ciudad Darío, Matagalpa, y forma parte de los 222 presos políticos excarcelados y posteriormente desterrados a Estados Unidos, el pasado 9 de febrero.
En medio de la desesperación por lograr la liberación de su familia, Mendoza prestó dinero y con apoyo de parte de algunos de los 222 ex presos desterrados y la CPDH logró completar los 12,500 dólares para el rescate.
La familia fue liberada el 1 de noviembre. «Me mandaron un video, pero no sabía si era cierto, porque ellos (los secuestradores) no se comunicaron más conmigo».
Mendoza confirmó que su familia estaba en libertad hasta este viernes 3 de noviembre. «No hablé con mi esposa, pero la patrulla fronteriza me dijo que los tenían, me pidieron mi dirección y que dentro de unos tres días los liberarían», manifestó.
La familia de Mendoza iba sin coyote
La familia de Mendoza decidió emigrar, tras varios intentos de conseguir un patrocinador para aplicar al parole humanitario, pero no lo consiguieron.
El grupo llegó a la ciudad de Tapachula, México, el 17 de octubre. «Estando en México intentaron hacer cita a través de la aplicación CBP One, pero no se las dieron. Solo se registraron y con eso iban», explicó Mendoza.
Siguieron su marcha y cuando estaban llegando a Puebla, las autoridades migratorias los regresaron a Veracruz. «Como nos dijeron que de Veracruz a Ciudad de México se ha vuelto más peligroso, ella se devolvió a Tapachula y agarró la ruta que pasa por San Pedro», detalló.
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La familia de Mendoza realizaba esta travesía sin «coyote», por lo que el conductor del bus en el que viajaban «les iba orientando, diciendo qué debían hacer, dónde estaban los retenes».
La última comunicación
A las 10:00 de la noche del domingo 29 de octubre, su esposa le informó que estaban en Sonora y le compartió la ubicación. Ellos dejaron de comunicarse a las 11:00 de la noche.
El lunes 30 de octubre, por la mañana, Mendoza volvió a escribirle, pero ya su esposa no respondió los mensajes ni llamadas. Su última conexión en WhatsApp fue a la 1:00 a.m. de ese mismo día.
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Al pasar las horas y ver que su esposa no contestaba ni se comunicaba, Mendoza llamó a los celulares de su hijo mayor y su suegro, pero estaban apagados. Ahí empezó la angustia.
Detalla que a las 2:30 de la tarde hizo una llamada a otro número celular que su esposa adquirió en México, pero contestó un hombre. «Me dijo que se había encontrado el teléfono en el bus, como que lo habían dejado olvidado», cuenta Mendoza, por lo que empezó a hacer preguntas por su familia, y el sujeto le dijo que «la muchacha con los niños había llegado bien a Mexicali».
Confirman secuestro
El resto de la tarde Mendoza siguió intentando comunicarse con su familia, angustiado y desesperado al no tener noticias, pero fue hasta las 9:00 de la noche que los secuestradores se comunicaron con él y le pidieron «2,500 dólares por cada uno para liberarlos».
La abogada Carla Sequeira, de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), quien se encuentra con Mendoza, contó que se le pidió una prueba de vida a los secuestradores y le permitieron hablar con su esposa, quien solo alcanzó a decirle que «el niño de 6 años sufrió un ataque de asma y que tiene calentura».
Con la familia de Mendoza viajaba una mujer, a quien identifica únicamente como Carmen, quien también fue secuestrada. Al esposo de Carmen también lo llamaron los secuestradores y le exigen 2,500 dólares por su liberación.