La postemporada lleva el beisbol al siguiente nivel

Aún hay ocho equipos en pie de guerra, pero al final solo una quedará vivo en medio de agitadas batallas que seguro extraerán lo mejor de cada jugador

El beisbol es el mismo, pero en la postemporada se juega de una manera distinta. El margen para el error es casi inexistente y eso dramatiza cada ejecución, cada movimiento. Cada out es celebrado como si fuera el último. Las emociones están a flor de piel y el espesor de la presión se vuelve tangible, mientras paraliza a los menos fuertes.

“La clave es tener confianza en uno mismo. Tener calma, estar un poco relajado, pero a la misma vez, atento para aprovechar la oportunidad y desear ese chance”, dice el legendario Reggie Jackson, “Mr Octubre”, mientras se aproxima al dogout de los Astros en Houston, durante la Serie Divisional contra los Mellizos de Minnesota.

La postemporada es un jonrón de José Altuve, una faena de Justin Verlander o un engarce sensacional de Jeremy Peña en el short. O como antes, un cuadrangular de Reggie Jackson, un recital de pitcheo de Jim Palmer o un lance de Joe Rudi. O clásicos, como el trancazo de Bill Mazeroski, la joya de Don Larsen o la atrapada de Willie Mays.

La historia está llena de grandes ejecutorias realizadas por atletas que se sobrepusieron a la presión que agobia a las mayorías y que a veces extrae lo mejor de los poco conocidos. Ted Williams no fue una astilla espléndida en postemporada. El mejor bateador que ha tenido el juego resumió .200 (25-5) sin jonrones en su única Serie Mundial en 1947.

Al Weis, en cambio, quien resumió .219 en su carrera de diez años, acumuló .455 en 1969 con los milagrosos Mets. Don Larsen, un tirador imperfecto, con más derrotas que victorias en su carrera (81-91 y 3.78) es el forjador del único Juego Perfecto en Series Mundiales. Y Mickey Hatcher bateó más (.368) que Dave Winfield (.045) en un clásico.

La postemporada son las expectativas frustradas de los Yanquis, quienes no ganan una Serie Mundial desde 2009, es decir, hace 14 años, aunque tratándose de ellos y por su historial de éxitos, parece un siglo. Tal vez a sus fanáticos no les toque esperar tanto como a los de Boston (86 años), Medias Blancas (88) o Cachorros (108).

Vivimos la era de los Astros, quienes han ido a cuatro de las últimas seis Series Mundiales, ganando dos de ellas, o los Dodgers, con tres visitas al clásico y una sola victoria en ese lapso, mientras los Bravos vuelven a emerger con la fuerza que lo hicieron en los años noventa cuando fueron la dinastía en cuanto a títulos divisionales, ganando 14 consecutivos.

Y mientras los Astros tropezaban 6-2 ante los Mellizos, lo que provocó un empate en la 1-1 en la Serie Divisional, los Rangers no han andado por las ramas y le han ganado los dos partidos que han jugado a los sorprendentes Orioles de Baltimore, los Dodgers y Bravos van a tratar de recuperar el respeto esta noche ante Arizona y Filadelfia.

Mi pronóstico es que Bravos y Astros van a la Serie Mundial, pero el camino es sinuoso y sus rivales están listos para emboscarlos, como ya lo probaron. Una predicción es como una moneda en el aire, pero es que Atlanta me parece demasiado bueno como para que se quede en el camino y para Houston la postemporada parece su hábitat.

Al final, nadie sabe qué pasará, pero mientras lo descubrimos conviene disfrutar cada acción, cada ejecutoria, cada out que acercará a unos a la tierra prometida y eventualmente a la gloria, y a otros los empujará hacia otra frustración, mientras tratan de motivarse para el otro año, como seguro ya planean en Nueva York y Boston.

Así que el beisbol del bueno está sobre su mejor escenario, la postemporada.

Deportes Astros de Houston archivo

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