El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo mantiene privadas de libertad a 16 mujeres, por razones políticas. La mayoría se encuentran recluidas en el Sistema Penitenciario de Mujeres La Esperanza, ubicado en Tipitapa. Un lugar de terror para las opositoras.
El calor es insoportable en las horas más calientes de Managua, los olores penetran fuertemente en las fosas nasales; siempre huele a rancio y humedad. El color de paredes verde musgo se combina con algunas manchas rojas, deprime a quienes han residido dentro de ella. Así es la celda número cinco de La Esperanza, donde han sido recluidas las ex presas políticas como Samantha Jirón, Irlanda Jérez y Amaya Coppens.
Sin embargo, las actuales presas políticas se encuentran aisladas en nuevas celdas, que fueron construidas con características similares a la famosa celda de máxima seguridad “Galería 300” o “el infiernillo”, del Sistema Penitenciario para hombres Jorge Navarro, conocido como La Modelo.
Las reas de esta cárcel las conocen como “las kirmas” o celdas “ixchen”. Son empernadas “de la mitad para arriba les pusieron láminas de aluminio liso con el que empernan las puertas sin ventanas y absolutamente nada, solo el espacio pequeño donde está el candado, para abrir la celdas”, afirmó Samantha Jirón.
Según el Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas, la cifra de presos ha aumentado a 89 ciudadanos hasta agosto de 2023. Sin embargo, las últimas detenciones perpetuadas por agentes policiales al servicio del régimen ocurrieron el 1 de octubre.
Protestan con huelga de hambre
Damaris Hernandez, Adela Espinoza, Gabriela Morales y Joseling Mayela Campos, junto a las demás presas que se encuentran en La Esperanza, iniciaron una huelga de hambre demandando mejores tratos por el sistema carcelario, y el respeto a sus derechos humanos. “En consecuencia de la huelga de hambre, han reducido el tiempo de visitas, que eran cada 20 días, a 40, y dándoles solamente 40 minutos”, afirmó en sus redes sociales el ex preso político desterrado, John Cerna.
Además, aseguró que se ha evidenciado el detrimento del estado físico de las presas, como palidez por la falta de sol, pérdida de peso, además de afectaciones psicosociales debido al aislamiento en el que se encuentran. Las autoridades no les permiten el ingreso de medicamentos ni objetos de uso personal.
Estas últimas mujeres detenidas luego de la confiscación de la antigua Universidad Centroamericana (UCA) han sido sometidas a dos audiencias sin derecho a defensa, donde se les ha acusado de supuestos ciberdelitos y menoscabo a la integridad nacional, como es frecuente en estos casos. La próxima audiencia será el 24 de octubre.