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La edad cronológica y la edad cognitiva de los políticos

Agradezco la atención que algunos lectores de LA PRENSA prestaron al artículo que publiqué el día 21 del mes en curso. Respondo a algunos de los señalamientos hechos por ellos con el ánimo de despejar nublados y profundizar la discusión sobre la renovación del liderazgo político nicaragüense y, en el caso que nos ocupa, de los sectores de la oposición que, hasta la fecha, han liderado Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro. En particular, agradezco el esfuerzo de Norman Caldera, quien se tomó el tiempo para buscar las edades de decenas de personalidades para refutar algo que yo no he dicho. En mi artículo yo digo, y ahora repito lo siguiente: “La oposición debe levantar el dique que impide el desarrollo de nuevos y jóvenes liderazgos, con, ojalá, nuevas y jóvenes ideas”. 

Y, por supuesto, hay jóvenes con visión y mentalidad de viejos, y viejos con visión y mentalidad de jóvenes; es decir, que la edad cronológica de la juventud, como bien dice Héctor Mairena, “no es garantía de nada” (26/09/23). Lo mismo he dicho y escrito yo en múltiples ocasiones. En una charla que tuve la oportunidad de ofrecer a estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA) en el 2006, les decía lo siguiente:

Se oye mucho decir: La juventud nos va a sacar de esto [la crisis de ese momento]. Es posible. Pero eso no es una certidumbre, no es una certeza. Porque en ustedes habita el germen del fracaso y ya fueron socializados en la cultura del fracaso. Los años no dicen nada. La edad no significa nada. Arnoldo Alemán fue joven alguna vez. Y Daniel Ortega fue un muchacho con ambiciones nobles en algún momento de su vida. Y Byron Jerez fue compañero mío, y lo recuerdo de niño, sentado en un pupitre del Colegio Calasanz, un gordito bueno y simpático que terminó siendo lo que es ahora. Todos ellos –yo también– terminamos encarnando y reproduciendo la cultura del fracaso que nos ha llevado al punto en donde nos encontramos hoy (APB, “Una visión de la juventud nicaragüense”, Razón y Fe, Madrid, julio-agosto, 2006).

No cometamos, entonces, la falacia del “muñeco de paja”, mediante la cual, en un debate, uno de los participantes distorsiona lo que dice el otro para luego atacar la distorsión y no su verdadero argumento. Evitemos perder el tiempo y puntualicemos: un joven político puede alcanzar su “fecha de vencimiento” y chochear —políticamente hablando—, “antes de tiempo”. Este es el caso de Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro quienes a lo largo de sus carreras políticas han mostrado y demostrado que sus edades cronológicas no coinciden con sus edades cognitivas, en aquello que se relaciona con la manera que perciben y entienden el poder y la lucha por el poder. Más concretamente, Maradiaga y Chamorro son, políticamente hablando, arcaicos, porque en su discurso y práctica, reproducen los valores y la cultura del fracaso que durante dos siglos han hecho de Nicaragua un país invivible.

¿No es viejísima y obsoleta acaso la inclinación de políticos nicaragüenses como Chamorro y Maradiaga a hacer política “hacia afuera” —en los Estados Unidos y Europa— para alcanzar el poder? ¿No fue ese enraizado defecto de nuestra cultura política lo que llevó a los liberales nicaragüenses a traer a Walker en el siglo 19; a los conservadores a colgarse de Washington para desplazar a los liberales en 1909; a los Somoza a hacer lo mismo para mangonear el país durante casi cincuenta años; y al FSLN de los 80 y de hoy a acercarse a cualquier poder extranjero que los apañe en vez de construir una Nicaragua que nos incluya a todos/as?

¿No es vetusta la tendencia caudillista de Maradiaga y Chamorro quienes, durante cinco años, han actuado bajo el principio “O yo o el diluvio” cuando se trata de escoger el liderazgo de la oposición? ¿No es parte de nuestra vieja cultura política la incapacidad que ambos han mostrado para ponerse de acuerdo y avanzar en la construcción de un consenso mínimo entre sus bases? ¿Acaso este agotado tipo de liderazgo no sigue reproduciendo lo que Jesús Hernández Somoza llamó, en 1888, el “espíritu de secta” que hoy, en el año 2023, se traduce en una tragicómica colección de docenas y docenas de organizaciones políticas, plataformas, instancias, coaliciones, espacios, y “procesos” carentes de visiones y aspiraciones compartidas? ¿No son estas entidades una dolorosa repetición de las “pandillas sin ideas”, como llamó Enrique Guzmán en el siglo 19 a los partidos políticos de su tiempo? ¿No seguimos los nicaragüenses caminando en círculo mientras el mundo avanza?

Ninguno de estos señalamientos debe interpretarse, como lo hace Norman Caldera, como parte de un proyecto orientado por este servidor con el siniestro objetivo de impulsar “un culto ciego a la juventud para [congraciarme] con esta y atraer su respaldo” (26/09/23). Tampoco son mis críticas a Maradiaga y Chamorro un ataque personal contra ellos, sino contra sus anquilosadas maneras de hacer política.

A Manuel Sandoval Cruz le digo que la maloliente metáfora de la diarrea que utilicé en mi artículo del 21 del mes en curso —y que a él le molestó—, ha sido usada muchas veces por escritores infinitamente más importantes y capaces que yo. Además, le confieso a Manuel que siempre he antepuesto la claridad de lo que escribo en mis artículos de opinión, a su elegancia, o a su efecto en mi imagen como “académico serio”, como él gentilmente me llama (23/09/23).

A Armando Mena no sé qué decirle. Él insinúa que yo, por vivir “a miles de kilómetros de Nicaragua”, no tengo derecho a opinar sobre la política nicaragüense, como lo hace él en su artículo de opinión, ¡desde España! (Armando Mena, 25/09/23). De todas formas, aprovecho el comentario de Mena para repetir algo que he dicho cada vez que alguien me quiere “cerrar el pico”, por vivir fuera de mi país:

No existe esa Nicaragua a la que aluden mis críticos cuando me dicen que yo no tengo derecho a opinar […] porque vivo “fuera de Nicaragua.” Todos vivimos, les contesto, fuera de la Nicaragua del “otro” y de la “otra.”

Todos vivimos en el exilio, separados de la Nicaragua del “otro” y de la “otra,” porque no somos una nación, si por nación entendemos una comunidad de derechos, aspiraciones y memorias compartidas.

[…] Existen varias Nicaraguas, y [mi] propósito [es] contribuir a la articulación de un discurso y un pensamiento político [para avanzar] en la definición de un horizonte común que nos permita avanzar en la creación de una sociedad nacional en la que alcancemos todos y todas en paz, libertad, y dignidad. (APB, “Crónica de un diálogo intergeneracional e interpretación del pensamiento político de la Generación XXI”. Managua, IHNCA-UCA, 2013, 469).

Para concluir

No perdamos de vista el tema de fondo en esta discusión, que es, la necesidad de renovar el liderazgo político de la oposición nicaragüense. En otra oportunidad podemos hablar de la aún más urgente necesidad que tiene el sandinismo de renovar sus decrépitos liderazgos.

Hoy, simplemente ofrezco mi opinión y señalo que, ante el fracaso comprobado de los liderazgos actuales de la oposición, pongo mis fichas en quienes, por su edad, no han sido completamente socializados en la atrasada cultura política que es dominante en nuestro país. Apuesto por ellos/as a sabiendas de que, como bien lo señala el filósofo estadounidense Alan Bloom, esos/as jóvenes “solamente representan una promesa, pero una promesa que se ubica más allá de ellos mismos [y de sus limitaciones actuales]”. Esta es, dice Bloom, la fuente de la esperanza, “casi siempre frustrada, pero siempre renaciente, de que los humanos no son simplemente criaturas accidentales encadenadas y moldeadas por la cueva [cultural] particular en la que nacen” (Alan Bloom, The Closing of the American Mind, 1987, 20).

Después de cinco años y medio de consumir visiones y discursos políticos “vencidos”, yo prefiero apostar, como Bloom, al prometedor “podría ser” de la juventud, en vez de apegarme resignadamente al perdedor y caduco “es”. (Ibid.). Los “viejos”—cronológicos y cognitivos— siempre tendremos un lugar en el mundo. Chamorro y Maradiaga pueden y deben contribuir al desarrollo de nuestra Nicaragua. Pero, en mi humilde opinión, esa contribución no va a ser en el campo de la política, donde ellos ya mostraron sus límites y caducaron.

El autor es profesor retirado del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Western Canadá.

COMENTARIOS

  1. Hace 10 meses

    Quizás lo que la ciudadanía desprecia de todos estos ” líderes” expulsados del país, no sea solamente su falta iniciativa y poca de transparencia política, la realidad es que todos han vivido y aprovechado de alguna forma al sandinismo y a los gobiernos neo liberales, todos se lucraron, con becas, con cargos públicos, y siendo oposicion, estamos ante un grupo de personas que buscan enriquecimiento nada más, ¿porque ningún candidato ha hablado jamás de un plan de gobierno para regresar la institucional al país? y como se va a hacer. Están llegando a Miami y Costa Rica a formar organizaciones para recaudar fondos para no trabajar, esa es la esencia de esa oposición. No existe actualmente ninguna persona que sea líder ni en el exilio ni dentro de Nicaragua para lidearear una verdadera oposición democrática.

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