El vate según la RAE, significa “adivino” en primera acepción lo que se aplica pues a aquellas personas que tiene facultades adivinatorias según la misma Academia, puede predecir el futuro o describirlas cosas ocultas por medio de agüeros o sortilegios, también en primera acepción. Y parece que hay nicaragüenses que tienen esas facultades.
Me estoy refiriendo con esas definiciones al señor Andrés Pérez Baltodano, que en su artículo publicado en este mismo Diario el día 21 de septiembre corriente, titulado Los políticos y su “fecha de vencimiento”, en el que desgrana su facultades a las que me he referido en líneas más arriba, quien desde su cómodo sillón de jubilado a miles de kilómetros de Nicaragua se cree que él puede calificar o descalificar a los políticos en activo según su edad o facultades físicas o mentales.
Él, que se ha especializado en varios de sus artículos en este mismo periódico en ser “don me opongo”, y se permite decir quiénes ya son caducos en política y ya pasaron su fecha de vencimiento, como cuando se refiere al presidente de EE. UU., Joe Biden y su contrincante, seguramente para las próximas elecciones del próximo año el señor Trump. Sin tener en cuenta que para pasar a retiro se requiere que sean los votantes del país quienes por su propia idiosincrasia y creencias quienes lo decidan.
Luego parece ser que él quiere pasar al retiro a dos políticos nicaragüenses que han combatido a la dictadura desde la oposición y como consecuencia han sido encarcelados, sentenciados, luego desterrados y desposeídos de su nacionalidad. Me estoy refiriendo a Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, personas ambas en plena edad para asumir cualquier cargo público, incluyendo la Presidencia de la República, si así lo estiman conveniente ellos mismos y cuentan con la confianza del pueblo en unas futuras e hipotéticas elecciones.
Pues bien estos dos personajes a los que quiere “quemar” políticamente nuestro “vate”, están trabajando activamente para tratar de derrocar al dúo tiránico (Ortega-Murillo) y van dando a conocer al mundo las estropicios y barbaridades de todos los signos, entre los que han cometido delitos de lesa humanidad testificada por numerosos organismos internacionales como la ONU, la OEA, la CIDH y otras instituciones que tienen que ver con los derechos humanos.
Félix Maradiaga, persona que tiene en su haber una preparación académica, social y cultural y de otros signos, ha ido por muchos países exponiendo nuestro dramático momento que vivimos bajo una dictadura que no tiene límites en su actuar político y ha estado en Bruselas en la sede de la UE, en Ginebra en el organismo de DD.HH. de la ONU, en la OEA y a cuantos sitios se le ha invitado o visitado motu propio. ¿No le parece al “vate” que esto es una prueba fehaciente de su hacer como opositor con el suficiente cuajo de cuajada fresca?
También quiero referirme al otro político al que quiere “abrasar” el vate, Juan Sebastián Chamorro, igualmente con amplios conocimientos académicos, sociales e incluso con una parte de su vida dedicada al servicio público. También este hombre joven tiene amplias capacidades para llegado el momento, si lo estimare conveniente, tiene la posibilidad de hacerlo, si goza de la confianza y es escogido por el método que se decida para presentarse a una candidatura presidencial.
Ni Maradiaga ni Chamorro son un dique para que surjan nuevos liderazgos, ni se venden como los únicos que están en lucha por una Nicaragua mejor y alejada de los embates a los que está sometido nuestro pueblo, que sigue siendo ultrajado, vulnerado y violentado y si para buscar las reconciliación y la paz hubiese que hablar con los dictadores —aunque a mí no me guste— no creo que los “vencidos de fecha” irían contra ello.
Ellos, Maradiaga y Chamorro, son gente liberal y democráticos como la copa de un pino y así lo han demostrado, puesto que en sus intervenciones políticas han hablado siempre bajo esa bandera y convicción. Quizás nuestro “vate” con su sentido arrogante y prepotente, se ha adjudicado el papel de dar y repartir credenciales de demócratas y antidemócratas y que su poder adivinatorio ya tiene hechos sus pronósticos infalibles e incontrovertibles.
Luego el señor Pérez Baltodano, en su artículo de referencia, baja o sube a la arena política desgranando sus facultades para saber cómo hacer oposición y nos dice en parte de su artículo que los liderazgos que surjan deben cambiar o caer en la irrelevancia, y que su discurso debe ser “reflexivo y pensante” como si los que hablan no tuvieran esa facilidad y que él es capaz de aconsejar cómo debe hacerse la política dentro y fuera de la patria.
Por lo visto para Pérez Baltodano, los nicaragüenses somos un montón de personas que necesitan de sus consejos como si fuéramos unos adolescentes a los que hay que conducir y que él es el pastor que necesitamos en estos momentos aciagos que todos conocemos de la A a la Z. No señor “vate”, a los nicaragüenses no se les convence con un artículo de opinión como el suyo en que nos quiere hacer ver que menos parloteo con los mensajes hacia afuera, como hablar con la UE, los EE.UU., Canadá —país en que según tengo entendido habita— la OEA o la ONU y otros organismos internacionales con amplia, probada influencia y capacidad con su poder disuasorio mediante sanciones que se han aplicado a funcionarios e instituciones del régimen autocrático.
Por esta vez le invito a que traslade su residencia a Nicaragua, para que compruebe in situ cómo vive el pueblo nicaragüense —y le hablo de todas las clases sociales—, que vive silenciado, atemorizado, y al que transmite su mensaje de odio y división todos los días a través de la VP con consenso y conocimiento de su consorte, el presidente Ortega. Tal vez eso le haga comprender que un diálogo con quienes creen que serán eternos en el poder, es y será siempre difícil y complejo para la gran mayoría de los nicaragüenses, quienes lo único que desean en que de una vez por todas termine la noche oscura que vivimos como dijo el santo padre, San Juan Pablo II, en su segunda visita a nuestro país.
El autor es abogado nicaragüense residente en España.