Profunda consternación y tristeza produjo a muchísimos católicos nicaragüenses ver a un religioso dominico en la apertura de aquello que la dictadura de Nicaragua ha denominado “Universidad Nacional Casimiro Sotelo Montenegro”, antes Universidad Centroamericana (UCA), por lo que escrutando mi conciencia, escribo lo siguiente desde la razón y fe. Ya lo decía la doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena: “¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! Porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!”
Nadie —o casi nadie—, duda que la situación de Nicaragua es preocupante. La saña con la que Daniel Ortega y Rosario Murillo actúan cada día traspasa límites que hasta hace muy poco tiempo eran impensables, pero hay aún otras cosas preocupantes.
Mientras no dejan entrar al país a sacerdotes, religiosas y religiosos; bajo diálogos no claros, alguno que otro obispo participa de “negociaciones” para que alguna que otra procesión de mayor piedad salga a las calles y contribuir a una normalidad inexistente; el acoso a las parroquias, capillas y comunidades religiosas aumenta cada día. ¿Una actitud de doble moral? Solo ellos —los jerarcas católicos que participan de estas pláticas con el orteguismo— lo sabrán, pero mientras esos mismos mitrados acusan al periodismo independiente de parcializado, sus actos son totalmente anti-evangélicos y dejan claro con que prefieren “negociar” antes que ser guías espirituales coherentes con el anuncio del Evangelio y denuncia de las injusticias como hacía Jesús de Nazaret. Así anda Nicaragua, Nicaragüita.
A todas esas interrogantes que uno se hace, se suma la aparición del religioso dominico Carlos Irías Amaya en la instalación de una “institución” que surge de toda ilegalidad, que es la forma de proceder de un poder autoritario cuyos pilares son los fraudes electorales y la represión institucional en contra del pueblo nicaragüense.
Me preocupa verdaderamente que el poder del dinero, querer sostener el status quo y de mantener —al costo que sea— una obra, sea fuente para que la falta de valores anti-evangélicos se instale en algunos frailes. Esos mismos religiosos saben que hoy en Nicaragua se vulneran los derechos humanos a miles de compatriotas por disentir del régimen actual. Por ello, estas acciones son reprobables, detestables y denunciables a la vez.
Cuando la dictadura Ortega-Murillo, usando su poder totalitario, decidió sacar a la UCA del estatal Consejo Nacional de Universidades (CNU), la silla de la misma en ese órgano estatal le fue concedida a la Universidad Internacional Antonio de Valdivieso (UNIAV), propiedad de la Orden de los Predicadores (OP).
Fray Carlos Irías Amaya, rector de la UNIAV, participó en cada una de las sesiones —según medios de comunicación del orteguismo— en donde se aprobó tal suspensión, igualmente que cuando el régimen decidió suspender el 6% constitucional a la universidad jesuita. En meses siguientes, la UCA vivió acoso por parte del CNU y del Ministerio de Gobernación. El epílogo del ataque en contra de la mejor universidad del país concluyó con la cancelación de la personería jurídica a la Compañía de Jesús y la confiscación de todos los bienes de la casa de estudios superiores regentada por los jesuitas en Managua.
El ataque del orteguismo en contra de la Compañía de Jesús y su principal obra en Nicaragua, la UCA, contó con la colaboración necesaria de un religioso dominico que fue parte de las ilegalidades que se han cometido. Como dije antes: estas son actitudes reprobables, denunciables y detestables a la vez. “Y por haber callado el mundo está como está”, diría la dominica Catalina de Siena.
¡Cuánta enseñanza para los dominicos en Nicaragua! Dejaron de ser los “guardianes de Dios” para ser perros mudos ante las injusticias.
Según el Catecismo de la Iglesia católica: “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia”. El fraile dominico Carlos Irías Amaya, en su condición de religioso y rector de la UNIAV, ¿actuó solo o respaldado por la Provincia de San Vicente Ferrer de Centroamérica de los padres dominicos?
Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien, reza el Catecismo más adelante, y lo cito no para creerme un profesional en la materia, sino porque es decadente que en pleno siglo XXI el mundo está así como está por haber callado.
La Nicaragua desgobernada por la dictadura se va al despeñadero. La Iglesia católica es la única institución que goza de la máxima confianza de la población por su valiente defensa de los derechos humanos frente al totalitarismo y ha tomado un rol profético al lado de las víctimas de la represión del Estado nicaragüense.
Para que los lectores me entiendan, lo ejemplifico con la siguiente analogía: la Iglesia, para los nicaragüenses, ha sido ese pilar que consuela, acompaña, abraza y es solidaria.
Por este motivo, ver al dominico Carlos Irías Amaya validando la persecución a los padres jesuitas —que gozan de gran prestigio y respeto dentro de Nicaragua—, deja muchísimas preguntas sobre la gobernabilidad de la Orden de los Predicadores dentro del país, y del tipo de pastoral que vienen desarrollando desde la UNIAV. Pero estoy seguro que de esto, otros se harán cargo.
Lo mío ante mi conciencia es nombrar lo que está sucediendo con los dominicos porque atrás —felizmente— quedaron los tiempos donde el laicado era una masa acrítica que oía la misa, recibía catequesis y todo lo que decían los sacerdotes era poco menos que palabra de Dios. Son otros tiempos y debemos estar acorde a ellos.
Se sabe que los dominicos desde el principio de su fundación se han preparado para la predicación y la salvación de las almas, pero ¿qué tipo de prédica evangélica está haciendo la Orden de los Predicadores en la martirizada Nicaragua?
Me parece sumamente preocupante que la falta de valores, ética y solidaridad con otros hermanos religiosos de la misma Iglesia está llevando a los dominicos en Nicaragua a validar un régimen que desprecia los derechos humanos; que mantiene a un obispo coherente y varios curas presos junto a varios detenidos únicamente por ejercer el disenso y que no permite a los jóvenes formarse con una educación de calidad sin adoctrinamiento político, como ha ocurrido con los estudiantes de la UCA.
En definitiva, una dictadura que supera en creces a la de Somoza, y que nos ha convertido en el único país del hemisferio occidental donde ser cristiano es sinónimo de persecución atroz, tal y como revela el informe sobre la libertad religiosa 2023 de “Ayuda a la Iglesia Necesitada”.
Si los frailes dominicos son formados para predicar la palabra de Dios al mundo, ¿por qué un fraile, rector de su universidad en Nicaragua se presta alegremente para aplastar, pisotear y humillar en su propio recinto a los que por 63 años han realizado un apostolado desde la educación para cambiar las estructuras de un país que sigue siendo tan desigual como al inicio del siglo XX y sometido a la tentación totalitaria de todo signo ideológico?
Quiero ser muy claro: no quiero que estas líneas vayan a ser manipuladas por ningún grupo ni por algún listo para decir que estoy atacando a la Orden de los Predicadores (OP). Más bien creo que errar es cuestión humana. Y la historia dice que cuando la vida religiosa se aleja de la realidad y se acerca a los poderosos de turno, el dinero y los privilegios; pierde de vista ese carisma evangélico tan rico para la Iglesia y en la sociedad.
Los frailes dominicos en nuestro país son portadores del legado de un hombre mártir, fray Antonio de Valdivieso, obispo mártir durante la dominación colonial. Desde su llegada a la entonces provincia española de Nicaragua, sintió la necesidad de transformar las estructuras opresoras y esto le llevó a experimentar en primera persona las exigencias, renuncias y peligros que dicha tarea reclamaba.
Los dominicos en la historia de Nicaragua se han caracterizado por estar junto a quienes reclaman justicia y que han sido amordazados por dictaduras totalitarias. En la época de Anastasio Somoza Debayle —por ejemplo—, hicieron un buen acompañamiento pastoral a la población de la parroquia del barrio Monseñor Lezcano de Managua. Igualmente en Chinandega, León, Rivas y en otras partes del país. Caminaron junto a la ciudadanía que reclamaban un pedazo de tierra para poder sustentar a sus familias, libertades públicas y democracia.
Hoy, con la actitud de fray Carlos Irías Amaya, los dominicos de Nicaragua borran de un tajo ese legado y se pliegan a un poder injusto y cruel, que oprime a cualquiera que quiera ponérsele en frente. No nos llamemos a engaño. El día que la dictadura no les considere útiles, también irá por la UNIAV y por todas sus obras en Nicaragua. Esto ya lo han vivido en sus carnes aquellos que un día también rindieron pleitesía a los Ortega Murillo y cayeron en desgracia ante sus ojos.
Como dije anteriormente, estas líneas no pretenden ser un sermón moral para nadie, sino una exhortación de vuelta a los orígenes. Recordar la historia, sus protagonistas y el respeto por la tierra en la que habitan. Honrar la memoria de fray Antonio de Valdivieso, más allá del discurso sino en la práctica; es sintonizar con los tiempos que corren y ponerse nuevamente del lado de los pobres, excluidos, represaliados y encarcelados por un régimen opresor.
Recordar la memoria de ese obispo de León de Nicaragua mártir, pobre y siempre apretado de recursos, pero sin ambición ni codicia personal, que hizo camino en defensa de los más débiles. Es pensar en aquellas generaciones de dominicos que, con su trabajo honrado y ético, fundaron la institución que hoy ustedes regentan en Rivas y que está perdiendo credibilidad a pasos agigantados cuando participan en las tarimas enfloradas de Ortega y Murillo, aplaudiendo la persecución religiosa personificada en los ataques contra sus hermanos religiosos, los padres jesuitas y la UCA.
Termino este escrito recordando lo que dijo en su momento Santo Domingo de Guzmán: “La verdadera libertad no está en hacer lo que nos gusta, sino en hacer lo que debemos”.
El autor es un periodista católico nicaragüense en el exilio. Twitter: @CrisAlvaLopez